Archivo categoría P. Gerardo

Iglesia no atractiva

calvario0049.jpgLos protestantes que van de casa en casa, tocando para ver quien los escucha, se esmeran por hacernos ver los grandes beneficios que obtendremos al hacernos parte de su comunidad. Por esa razón nos pintan todo muy bonito, como lo hace la publicidad de nuestros días en la prensa, televisión, radio e Internet. En eso quizás es que la Iglesia se diferencia de muchos otros organismos que quieren emularla, en que el mensaje a veces no resulta muy atractivo.

En esta semana estuvimos escuchando en los evangelios ese proceso interesante de un Jesús que nos revela el Reino de los Cielos y el amor de su Padre, pero que al mismo tiempo nos hace comprender la necesidad de colaborar con Él haciendo lo mismo. La gente alaba y se maravilla de las palabras y obras del maestro, y ante esas multitudes Jesús les pide oración para que el Padre envíe operarios, trabajadores, evangelizadores. Esos colaboradores de Jesús, sus discípulos, no fueron llamados con promesas falsas, ni engañados pensando en la fama, el poder, las riquezas u otras recompensas materiales. Literalmente se les dijo lo que les iba a pasar por seguir con amor a Jesús y vivir su voluntad: “Yo los envío como ovejas entre lobos. Sean, pues, precavidos como las serpientes y sencillos como las palomas. Cuídense de la gente, porque los llevarán a los tribunales, los azotarán en las sinagogas, los llevarán ante gobernadores y reyes por mi causa; así darán testimonio de mí ante ellos y ante los paganos. Pero, cuando los enjuicien, no se preocupen por lo que van a decir o por la forma de decirlo, porque en ese momento se les inspirará lo que han de decir. Pues no serán ustedes los que hablen, sino el Espíritu de su Padre el que hablará por ustedes” (Mateo: 10, 16-23).

Jesús los llevó a entender esta verdad con palabras y signos. Desde que los llama, los llama a pescar y en una balsa experimentan las inclemencias del tiempo. El mar representa en cierta forma, la belleza y la fuente de alimentación y energía, pero a la vez nos provoca miedo y respeto pues a veces nos supera y nos aplasta. El mar en ese sentido representa el mundo al que Cristo nos llama a trabajar: bello y amado por Dios, pero enlodado, sucio por que el mal es algo que todos los días se expande, haciendo que la barca de esa pequeña comunidad de Jesús se tambalee y parezca hundirse.

En distintas ocasiones les anunció su pasión y les advirtió que el seguimiento implicaba vivir nuestra propia cruz. Les indicó que había que buscar entrar por la puerta angosta al Reino de Dios, puerta que significa esfuerzo, sacrificio, renuncias. Parecería demasiado duro y difícil el mensaje de salvación, pero es bastante comprensible si observamos incluso nuestra propia vida: Llegar honestamente a tener un título académico no es cosa fácil, se tiene que estudiar duro, a veces desvelarse para terminar trabajos, leer mucho si se quiere tener los conocimientos que requiere un profesional que se dedica a la medicina, el derecho u otra profesión. Alguien dijo una vez que las cosas que valen la pena se consiguen con mucho esfuerzo. Ese esfuerzo se logra si hay amor, de lo contrario parecería absurdo lo que hacemos.

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Beato Juan de Palafox y Mendoza

palafox9930.jpg El pasado miércoles, sin intención declarada, me toco vivir una celebración especial que jamás imaginé ni estando en Roma. Y no es que en Roma no haya celebraciones así sino que en la ciudad Santa pasa uno más inadvertido entre tantos sacerdotes y religiosos que hay. El centro de esta celebración fue el Beato Juan de Palafox y Mendoza, obispo español y Virrey de la Nueva España que desempeño su ministerio principalmente en la Diócesis de Puebla y la Arquidiócesis de México. Era hijo natural de Don Jaime Palafox, Marqués de Ariza. Nació en Fitero (Navarra). Fue educado y mantenido por una familia humilde durante seis años, pero finalmente fue reconocido por su padre y pudo estudiar en Alcalá de Henares y en Salamanca. En 1626 era diputado de nobleza en las cortes de Monzón y, poco después, fiscal de los Consejos de Guerra e Indias. Fue ordenado sacerdote en abril de 1629 y hacia el final de la década de los 30’s fue nombrado Obispo de Puebla de los Ángeles (México) y Virrey de Nueva España. La paraliturgia fue motivada por la recepción de sus reliquias en la majestuosa Catedral Metropolitana, donde serían expuestas para la veneración de los fieles.

Fuimos los primeros en llegar y se nos condujo a la sacristía, donde se nos atendió amablemente y donde vimos como iban llegando los invitados. Tuve la oportunidad de saludar al Cardenal Norberto Rivera Carrera (que estrechaba su mano por segunda vez, la primera fue en la plaza San Pedro en Roma), conocí también a varios Obispos muchos sacerdotes, todos saludando alegremente compartiendo abrazos, felicitaciones, etc.; la mayoría de caras desconocidas para mi, aunque al final de cuentas si pude reencontrarme con algunos sacerdotes que ya nos habíamos visto antes, entre ellos a un gran compañero de estudios en Roma, el P. Juan. Yo ya de por si estaba sorprendido del lugar donde me encontraba, nunca había pisado esa bella catedral y ahora en medio de tantas personalidades me sentía un poco fuera de sitio. Cada quien en su ministerio empezó a vestirse con los ornamentos propios de la celebración: hábitos, elegantes sotanas de distintos colores, capas pluviales, etc., yo al final logré colarme con una estola y sencilla alba prestada por una de las hermanas de la sacristía.

Iniciamos pues la celebración con una solemne procesión de entrada desde las puertas de la Catedral, todos los ministros formados de dos en dos caminamos hacia el altar mayor, una vez que se recibieron las reliquias del Beato. Acompañados por el impresionante órgano tubular, otros instrumentos y un formidable coro nos fuimos adentrando en ese momento especial de veneración, que después de los ritos iniciales escuchamos atónitos el deslumbrante “Te Deum”, bello himno litúrgico con el cual reconocíamos que todo lo que ahí se estaba realizando era en alabanza y acción de gracias a Dios. Posteriormente nos dispusimos a escuchar al Eminentísimo Cardenal Don Norberto, que tomando la palabra leyó un mensaje, destacando en el mismo los aspectos más importantes de la vida del Beato Juan de Palafox y Mendoza. Desde las primeras palabras quedé enganchado del mismo. Debo reconocer que no sabía mucho del Beato hasta ese día. Puedo recordar todavía con bastante frescura algunas de las frases del Cardenal: El “profundo sentido cristiano de la indignidad” que llevó a Palafox a rechazar en un primer momento aquel ministerio; la realidad de su pertenencia a Dios y a su Iglesia “nada frenó al indómito Palafox que tenía clavado en la conciencia que la vida no le pertenecía”, etc. El amor a Dios y a los pobres, su profundo sentido pastoral, el celo por la evangelización y la justicia social, realmente quedé muy impresionado por la vida del Beato Juan de Palafox.

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Docilidad

paz849.jpgDe las primeras cosas que un niño pequeño aprende es ciertamente la manipulación, aunque él no lo entiende de esa manera. Si necesita algo llora y si no se lo dan llora más fuerte. Los padres tienen que luchar con eso porque a veces quiere cosas que le pueden hacer daño y entran aquí las lecciones de obediencia. Ciertamente el primer día que no se le concede algo, por más que llore, es cuando asimila que hay otra voluntad más arriba que la suya.

En etapas posteriores hay problemas de obediencia pero no tan serios, en cierta forma se van habituando a la autoridad de sus padres que de vez en cuando tienen que castigar con algo para entrar en razón. Pero esa relación explota cuando llega la adolescencia. Ya de por si es difícil esa etapa del ser humano, por todos los cambios que conlleva (biológicos, sociales, etc.) a eso hay que agregarle lo que se puede absorber hoy en la ambiente social, en la escuela, el Internet, la T.V., etc. Todos estos factores agravan más esa relación. Hace unos días me puse a bromear con uno de ellos que amargamente se quejaba de no entender a sus papás; le pregunté, a manera de broma, si el instructivo de sus padres estaba escrito en chino, y él me devolvió una sonrisa; no se trata de entender primero el entorno y querer adaptarlo a tu manera de ser y de pensar la realidad –le dije a aquel chico, sino que deberías primero entender quien eres tú y adaptarte a la verdad de tu vida. La docilidad a los padres no es entendible para muchos de los adolescentes porque sus órdenes, exigencias y cuidados se salen del horizonte de intereses propio de la adolescencia, porque su experiencia es corta y no tienen el conocimiento que un adulto ha adquirido al enfrentarse a la vida diaria. Los papás prohíben mucho, porque vislumbran las posibles consecuencias de los actos de sus hijos. Es buena la libertad pero en la adolescencia muchas veces no se entiende correctamente este concepto, por eso es prudente aprender la docilidad.

En la juventud y madurez de la vida ya se han vivido o se están viviendo los golpes duros por no comprender los límites que tendríamos que fijarnos. He conocido jóvenes que se lamentan no haber terminado su carrera, porque embarazaron a la novia y se casaron antes de tiempo; he visto amigos que se aferraron a sus ideas y ahora se lamentan no haber escuchado o atendido a tiempo una palabra de alerta. Somos tercos y nos falta más sencillez y mansedumbre.

Llegamos al final de la Pascua y con ello el día de Pentecostés en que siempre me cuestiona fuertemente mi falta de docilidad. La docilidad al Espíritu Santo es un trabajo diario que me toca a mi resolver. Mi libertad y la de todos los seres humanos es lo único en lo que Dios no interfiere. El nos quiere libres y dóciles a sus inspiraciones. Desde el día de Pentecostés la Iglesia a gozado de las gracias y dones del Espíritu, pero con frecuencia callamos esa voz de Dios para hacer lo que nosotros consideramos oportuno. Afortunadamente hay quienes si son dóciles y a través de ellos el Espíritu actúa para enderezar lo torcido y seguir guiando a su Iglesia.

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Obedecer

mama_hijo.jpgRecuerdo muy bien algunas cosas de mi infancia, entre ellas tengo muy presente que hicimos sufrir algo a mi madre con nuestros comportamientos y desobediencias frecuentes, pues era ella la que nos cuidaba la mayor parte del tiempo; mi padre se iba a trabajar desde el lunes y regresaba hasta el fin de semana, por eso la carga de nuestras travesuras era para mi mamá. Se dice que después de la tempestad viene la calma, y cuando nos encontrábamos en ese momento de pedir perdón y de prometerle a mi madre que íbamos a ser buenos diciéndole que la queríamos mucho, no se me olvida una frase que siempre nos repetía en esos momentos: “Me van a demostrar que me quieren si se portan bien y me obedecen”. Mi madre tenía la carga de trabajo ordinario de la semana para tener la casa funcionando y en orden, tenía la responsabilidad de nuestra cuidado y de que fuéramos a la escuela, tenía también que trabajar por las tardes, tejiendo prendas, para ganar algo con que ayudar a mi padre en los gastos de todos los días, etc.; por eso recuerdo que nos insistía mucho en que la quisiéramos así, atendiendo sus mandatos para que la casa y todo funcionara bien. Al final de cuentas pienso que no nos pasamos de los límites, cuando no entraba la razón bastaba un poco de jarabe de cintarazos y entonces agarrábamos el patín. Sin embargo, gracias a esto entendí lo bueno que es obedecer.

He conocido familias que realmente viven momentos muy difíciles: desintegración, violencia, alcoholismo, drogadicción, etc. Papás que acuden desesperados buscando ayuda porque ya no saben que hacer con sus hijos, han perdido toda autoridad y no hacen caso de sus mandatos. Hijos que maltratan y casi hasta golpean a sus progenitores. Hogares derrumbados porque en algún momento se entendió mal la libertad y se decidió desobedecer. Recuerdo ahora una antigua frase de Ciceron (106-43 A.C.) que dice: “Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros”. Por lo visto la visión de la obediencia como una virtud se ha intentado destruir desde hace mucho tiempo. Los niños pequeños aprenden a obedecer a fuerzas. La mamá le dice que no toque al pequeño Ricardo, y en un descuido, el niño mete los deditos en la vela de su bautismo mientras el Padre hace las debidas oraciones. Ricardo ya no necesitará que su madre le diga de nuevo que no toque aquella luz, para practicar la obediencia, porque ya sabe que el fuego quema. Pero cuando llega la adolescencia y la juventud, etapas críticas, si no hay una educación humana y cristiana de base, es muy fácil que con la influencia de los falsos amigos, las tendencias modernas, la atracción del libertinaje y muchos otros factores, se pierda el sentido de esta virtud.

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¿Cuánto es suficiente?

enmisa0098.jpgSabemos que las cosas que valen la pena cuesta mucho trabajo y esfuerzo conseguirlas. Lo fácil siempre tiene una cara oscura que cuando se descubre a veces causa mucho mal. Por lo mismo siempre estamos buscando hacer la ley del mínimo esfuerzo, por la que se ha inventado tanta tecnología que nos “hace la vida más fácil”. En lo personal me hace mucha gracia la publicidad que termina por convencer a las personas de que si adquieres tal o cual producto, que ellos venden, tu vida será muy distinta, más fácil. En ese tipo de medios casi siempre veremos la comparación de hacer las cosas de una manera tradicional (y luego sale la señora que con mucho trabajo y cansancio está haciendo sus ocupaciones ordinarias) o con el producto que ellos te venden (en la otra mitad de la pantalla de T.V. aparece una señora trabajando feliz con dicho artefacto).

Si nos trasladamos al ámbito educativo, por ejemplo, lamentablemente tenemos estudiantes que buscan sólo pasar, porque la excelencia académica no en todos lados la promueven y eso en realidad cuesta muchas horas de estudio, lectura, trabajo, etc. Algunos incluso se les ha hecho costumbre el “copy-paste” (copiar y pegar) del Internet, herramienta hoy muy útil, pero que también tiene sus aspectos negativos, sabemos que hay sitios donde los jóvenes de secundaria o preparatoria pueden bajar los trabajos ya hechos y sólo poner su nombre.

A nivel social, en aras del mínimo esfuerzo, la corrupción se nos ha metido hasta el tuétano de los huesos. Si se trata de cualquier trámite engorroso nos ponemos a buscar algún amigo con palancas en el gobierno que me simplifique los procedimientos.

Ciertamente esta actitud no es algo nuevo. En tiempos de Jesús, los mismos fariseos, y en parte todo el pueblo judío, tenían una concepción similar acerca del Mesías, un salvador que vendría a simplificar las cosas y a ejercer su poder para obtener todos los bienes de una manera más fácil. Por eso Jesús los decepcionó. Lo curioso es que también entre sus discípulos había decepcionados. Basta recordar el evangelio de los discípulos de Emaús de hace algunos Domingos para entender en parte esas esperanzas.

Podríamos decir que nosotros, los cristianos de estos tiempos, ya conocemos que la dinámica de la salvación no concuerda con la ley del mínimo esfuerzo, que en la vida de fe no hay medidas ni suficiencias, nada de lo que podríamos hacer es bastante. Por eso es muy peligroso contagiarse de dicha ley del mínimo…, porque terminaríamos intentando aplicársela a nuestra religiosidad, donde no encaja. Vemos con frecuencia que se quejan de los “muchos” años de catecismo para hacer la primera comunión o la confirmación, de las pláticas pre-sacramentales, de las insistencias constantes para que vayamos a los temas cuaresmales o nos integremos a un grupo de formación cristiana, del tener que ir a misa los domingos y no cuando nos nace o tenemos problemas.

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Ni unos ni otros

manifesta.jpgEn esta semana estuve repasando algunas cosas sobre el fenómeno de la opinión pública. Pasaron por mi mente muchos temas y controversias que hemos vivido a nivel social y que son clara muestra de como se mueve dicho fenómeno y al final de cuenta llegué a una conclusión que advierto no es originalmente mía, ni tampoco es nueva: La Opinión Pública no siempre tiene la razón así como a la voz del pueblo no siempre es la voz de Dios.

Nuestro México, actualmente golpeado muy duramente por la delincuencia organizada, vive en estos momentos una división fuerte en ideas y opiniones acerca de las medidas y acciones que se están realizando para el combate del narcotráfico y todos sus derivados. Hemos sido testigos de asesinatos terribles, de combates en las calles, de marchas que piden paz, de mítines que proclaman culpables y exigen soluciones, de discursos orales y escritos que emiten opiniones y hacen juicios sobre esta situación, etc., y pareciera que la luz al final del túnel aún no logra vislumbrarse. Todo esto hace que la sociedad se divida en opiniones, hay quienes están de acuerdo con la actual estrategia, hay quienes la reprueban totalmente y lamentablemente hay quienes callan. Ciertamente la Verdad debe estar por encima, pero quienes se atrevan a defenderla, se arriesgan a ser rechazados, marginados y quizás hasta asesinados. Muchos de los que callan lo hacen ya por dos miedos, uno a la opinión pública y el otro a los delincuentes.

Alexis de Tocqueville autor de “La Democracia en América” en otro de sus escritos describió un fenómeno interesante en materia de opinión pública que ilumina en parte esto que ahora vivimos: “Los que negaban el cristianismo levantaban la voz, y los que todavía creían en él callaban: sucedió lo que hemos visto suceder a menudo desde entonces: y no sólo en el hecho de la religión, sino también en todas las demás materias. Los hombres que servían a la antigua fe temieron quedarse solos, y temiendo más al aislamiento que al error, se unieron a la muchedumbre, aunque no pensaban como ella” (Opinión pública e Iglesia Católica – Procesos de formación de la opinión pública e Iglesia Católica. Norberto González Gaitano).

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En la Eucaristía

mass0093.jpgEn la eucaristía que vivimos a diario, y principalmente los domingos, experimentamos un conjunto de signos, acciones, palabras, gestos, etc., que no fueron pensados al azar ni por mero capricho. Todos ellos giran en torno a la vivencia de nuestra fe que nos lleva al contacto real, personal y comunitario, con Dios. La definición de “Sacramento”, como lo es la Eucaristía, señala que estamos ante un signo sensible de una realidad invisible. Con el paso del tiempo, la forma de la celebración de la eucaristía ha sufrido cambios interesantes, casi siempre orientados a la mejor participación de los fieles. El último de estos cambios interesantes fue precisamente en el Concilio Vaticano II, donde como todos sabemos se dio un giro de casi 180 grados a la celebración de la misa.

La estructura y formas de lo que ahí se va realizando es algo que debe ser muy bien cuidado. En algunas comunidades parroquiales existen grupos de liturgia que ayudan al buen desarrollo de la misma, pero es responsabilidad principal de los sacerdotes la vivencia y el cuidado de lo que se dice y se hace en nuestras celebraciones.

A propósito de eso, tendría que denunciarme a mi mismo y quizás al escribir esto denuncio también a otros hermanos sacerdotes que hemos sido responsables de promover prácticas, en cierta forma piadosas y con buena intención pero que no son parte de la liturgia y que poco a poco van haciendo de la misa un especie de platillo que se sirve de diferente forma de acuerdo al restaurant que vayas. Yo quiero hablar hoy de una o quizás dos, de esas prácticas, si es que este pequeño espacio me lo permite.

1. Una se refiere a las oración que algunas personas, según el consejo de San Pio X, usando las palabras del apóstol Tomás (SEÑOR MIO Y DIOS MIO) hacen en el momento de la elevación del cuerpo y sangre de Cristo. Si vemos la Instrucción General del Misal Romano, dice lo siguiente: «La naturaleza de las partes “presidenciales” exige que se pronuncien con voz clara y alta, y que todos las escuchen con atención [Cfr. Sagrada Congregación de Ritos, Instrucción Musicam sacram, día 5 de marzo de 1967, núm. 14: A.A.S. 59 (1967) pág. 304] . Por consiguiente, mientras el sacerdote las dice, no se tengan cantos ni oraciones y callen el órgano y otros instrumentos musicales» (n. 32). Ese momento de la consagración es un momento de atención y silencio profundo. Sin duda que la presencia de Dios despierta en nosotros grandes deseos de oración y si queremos decir las palabras de Santo Tomas como una respuesta de fe ante su presencia hagámoslo pero en silencio, que sean dichas en el interior de nuestro corazón, desde ahí ve Dios esa oración. De lo contrario estamos distrayendo a los demás en este momento tan importante.

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Posible o deseable

tortuga_00456.jpgEl pasado jueves 14 de abril fue la fecha en la que el periodista Pedro Ferriz de Con hizo acto de presencia en la Presidencia de la Camara de Diputados para entregar las 4 millones de firmas (“voluntades” como él las llamó) que piden concretamente la eliminación de los diputados plurinominales, que no son colocados en ese puesto por elección popular sino como parte de un derecho de los partidos políticos, con la justificación de una mayor democracia y representatividad. La campaña se inició en enero de 2010 por iniciativa propia del periodista antes mencionado, se fundamentó, se pusieron las razones para justificarla y nos ha parecido una buena iniciativa (me incluyo porque yo también mandé mis datos). De ese momento de la entrega sería interesante hacer eco de algunos detalles:

1. En esta entrega se propone directamente una reforma aunque se insinúan quizás otras. En su discurso, Pedro Ferriz de Con (si alguien quiere escucharlo lo puede hacer en YouTube “http://www.youtube.com/watch?v=61snJTj6CnI”) hace referencia a la posibilidad de reelección de los legisladores, claro está si es que hicieron bien su trabajo. Porque no pensar en esa reforma política también para los otros cargos públicos, y dije bien, “pensar”; si se llegara a implementar tendríamos que poner también mucho hincapié en un mecanismo que ayude a los ciudadanos a premiar o destituir a sus gobernantes de acuerdo a su desempeño.

2. Es interesante como se insinúa promover una mayor comunicación entre los legisladores y el pueblo. Los diputados están ahí para representar a la sociedad pero en realidad están representando más a su partido. El partidismo no es la única forma de escuchar el sentir de la gente y muchos de los representantes gubernamentales sólo se hacen cercanos en el momento de las campañas políticas. Si se implementaron los diputados plurinominales para una mayor representatividad de los partidos porque no aceptar las candidaturas ciudadanas (sin partidos) para que sean representados los miles de mexicanos no afiliados a ningún partido y hartos de la política que vivimos.

3. El presidente de la cámara de diputados, el Sr. Jorge Carlos Ramírez Marín, ponderó la iniciativa no sin mencionar que no estaban muy de acuerdo con algunos matices y facetas de esa campaña de “No a los plurinominales”, pero no dice porque no están de acuerdo. Será interesante escuchar las razones cuando esto pase a ser discutido en la cámara y esperemos que esas razones si contemplen el bienestar de la nación y no el bienestar de unos cuantos.

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La piedad popular

piedad_pop0098.jpgEl número 1674 de nuestro catecismo de la Iglesia católica dice: “Además de la liturgia sacramental y de los sacramentales, la catequesis debe tener en cuenta las formas de piedad de los fieles y de religiosidad popular. El sentido religioso del pueblo cristiano ha encontrado, en todo tiempo, su expresión en formas variadas de piedad en torno a la vida sacramental de la Iglesia: tales como la veneración de las reliquias, las visitas a santuarios, las peregrinaciones, las procesiones, el viacrucis, las danzas religiosas, el rosario, las medallas, etc. (Cf. Cc. de Nicea II: DS 601;603; Cc. de Trento: DS 1822)”.

Desde que tengo memoria, mi fe y mi vida religiosa no han estado apartadas de estas prácticas. Recuerdo que íbamos a Talpa y en el camino escuchábamos todas esas historias sobre los milagros que la Virgen había concedido de manera maravillosa a los peregrinos. Recuerdo las interminables hileras de danzantes y grupos de distintos movimientos y organizaciones que en el mes de diciembre peregrinan al templo parroquial de mi pueblo. Recuerdo que mi madre nos llevó a una celebración especial donde nos pusieron el escapulario. Recuerdo que todos los días en la noche rezábamos el rosario, en ocasiones molestos pues mis papás lo programaban a la hora de “El Chavo del Ocho”. Y recuerdo todas estas cosas con cariño porque me ayudaron a crecer más en mi amor a Dios y a la Virgen, pero no debo negar que al interno de esas actividades se daban ciertos abusos o significados casi mágicos que si se escapan un poco de la realidad y de nuestra verdadera fe.

El pasado viernes 8 de abril, el Papa Benedicto XVI dirigió un discurso en la asamblea plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina que eligieron como tema, la «Incidencia de la piedad popular en el proceso de evangelización de América Latina». Yo quisiera destacar algunos puntos, de ese discurso del papa, a tener en cuenta para entender mejor ese fenómeno de la piedad popular.

1. Citando el documento conclusivo y su discurso de inauguración el Papa recuerda que: «la piedad popular -es presentada- como un espacio de encuentro con Jesucristo y una forma de expresar la fe de la Iglesia. Por tanto, no puede ser considerada como algo secundario de la vida cristiana…», es «el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina, y que ella debe proteger, promover y, en lo que fuera necesario, también purificar». En el fondo de todo debe estar siempre el Señor Jesús y esas expresiones de fe, deben responder y evolucionar hacia una vivencia más plena de los valores del Evangelio ya que el encuentro con Jesucristo nos debe llevar a la conversión. Por eso mismo, si al revisar nuestra piedad popular vemos que si se están dando esos frutos, tal como dice el Papa, hay que protegerla y promoverla, de lo contrario habría que revisar que cosas hay que depurar o eliminar de la misma con el fin de se cumpla el objetivo evangelizador que debería tener.

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Quinceañeras

quince_a.jpgQuisiera iniciar describiendo, en un primer momento, el fenómeno de la celebración de los “Quinceaños” en la eucaristía, tal y como lo he vivido en estos primeros años de ministerio. Quizás parezca un poco negativo en ciertos momentos pero es necesario que reflexionemos en esas cosas que hemos introducido de manera positiva en nuestras celebraciones pero que con el paso del tiempo se han desvirtuado. Repito que estoy hablando desde mi experiencia en estas celebraciones y que no han sido pocas pues me ha tocado trabajar ya en dos templos muy solicitados para estos eventos.

1. Recuerdo que han sido pocas las familias (casi las puedo contar con los dedos) que han buscado una entrevista previa a la celebración, y lo han hecho con la intención de informarse como participar mejor en la misma y sobre todo con la intención de confesarse. No quiero decir que el otro grande porcentaje de familias que celebran este acontecimiento con una eucaristía no lo hacen, quizás buscan la confesión en otros templos, pero lo cierto es que en el momento de llegar a la comunión he visto con tristeza que muchos papas y padrinos no comulgan.

2. En lo personal trato siempre de preguntar a la quincieañera si va a comulgar, yo se que no debería hacerlo, se supone que viene a la misa, con sus padres y padrinos, reconociendo su fe y viviendo el momento culmen de su adhesión a Dios en la Eucaristía; pero como esta celebración no implica una preparación previa ni una certeza de la disposición a este sacramento (ya que han venido a celebrar sus quinceaños sin haber hecho la primera comunión), me siento en la necesidad de preguntar. Las son distintas: a) Dicen rotundamente un sí, b) pelan los ojos a manera de exclamación y después de pensarlo, con pena, dicen sí y c) voltean a ver a su mamá como preguntándole “¿Comulgo o no?”. Podríamos ya sacar nuestras conclusiones de estos detalles y deberíamos hacerlo no para juzgar sino para poner atención de como podemos corregir estas cosas.

3. Como en todos los ámbitos de nuestra vida diaria siempre nos falla la puntualidad. En el caso de las quinceañeras es ya algo muy típico. La tolerancia siempre se da, 5 o 10 minutos (dependiendo de la situación) por algún imprevisto importante, aunque no debería ser así. En una ocasión estaba yo en la puerta del templo, en ese tiempo de tolerancia y con los papás pidiendo disculpas a cada instante cuando llegó agitada una de las hermanas diciendo que apenas había salido del salón de peinado, en ese mismo instante tranquilicé a los papas e iniciamos la eucaristía pidiendo principalmente por la del cumpleaños que llegó casi al momento del ofertorio.

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