Archivo categoría P. Javier A. Espinosa C.

¡EL ENCUENTRO CON JESÚS NOS DA UN CORAZÓN NUEVO!

Eva_23En nuestro proceso de conversión hacia la Pascua hemos dado algunos pasos: analizamos las tentaciones y pecados que nos atrapan, para aprender a vencerlos inspirados en Jesús. La semana pasada profundizamos la identidad de Jesús para que el conocimiento que de Él tenemos nos impulse a asumir responsablemente todas las crisis de la vida y transformemos los males en bienes. Esta semana nos disponemos a quitar todos los apegos del corazón, para establecer relaciones humanas dignas, que libres de prejuicios nos lleven a beber del don de Dios y hacer vida de comunión; por eso, este tercer domingo de cuaresma reflexionamos en el Evangelio de San Juan 4, 5-42.

El texto bíblico es el de la Samaritana. Mujer que diario iba a sacar agua del pozo y signo de todos los excluidos que cargan una vida de humillación; por eso, la Samaritana se asombra de que Jesús, sentado en el brocal del pozo se dirija a ella: “Dame de beber”. Le parece imposible que un judío pase por alto el odio feroz que por años los había distanciado, además de recibir un trato distinto al de todos los hombres que se han acercado a ella, porque Jesús le abre un escenario nuevo: le da un trato digno y afectuoso, luego le ofrece salir de la aridez humana y espiritual en la que se encuentra: “Si conocieras el don de Dios y quién te pide deber; tú le pediría hasta él y él te daría agua viva”.

Pero los temores, dudas y amarguras le impiden entender, sólo conoce un mundo de rivalidades que dificultan reconocer “el manantial capaz de dar vida eterna”. Y Jesús nos desespera, porque la crueldad de la vida la ha llevado a desvalorarse, por eso le invita a entrar en su interior, a asumir su historia: “llama a tu marido” y ella descubre todo su pasado, donde hasta Dios ha sido causa de división. Aquí procede con sinceridad, reconoce su situación y une lo afectivo y lo humano en el horizonte divino, al grado que se pone a reflexionar y discutir sobre la presencia de Dios, tema prohibido para una mujer de esa época, y que gracias a la seguridad que Jesús le ha brindado vive como persona nueva. Esta liberación ahora le permite intuir que Jesús puede ser el mesías y Jesús trata de profundizarle esta intuición diciéndole: “Yo soy”. Pero a ella le basta lo que ha comprendido para correr y dar la buena noticia a sus paisanos, a quienes hace se encuentren con Jesús, y esos al estar frente a él lo aceptan como “el salvador del mundo”, superando así el sectarismo que había entre judíos y samaritanos.

Sólo la honestidad libera a la persona, porque esta nos lleva a asumir el pasado para redimirlo, de otra manera no se crea un orden nuevo. Esto es lo que he experimentado la Samaritana gracias al trato humano de Jesús, quien la ha llevado a entrar en su interior para terminar reflexionando en las cosas de Dios, y descubrirlo en todo encuentro humano; situación que antes le estaba vedada porque se le reducía objeto de placer.

Liberar a la persona de sus ataduras para darle sentido divino su existencia, es el alimento de Jesús, para eso ha venido y su presencia nos ha llevado a entender que todo encuentro humano debe desarrollarse con el corazón para superar las divisiones, abusos y opresiones, porque del corazón brotan ríos de agua viva, cuando aceptamos y vivimos el proceder de Jesús; por eso, en esta cuaresma no sólo prometemos apartarnos del pecado y orar con mayor fervor, sino hacer de nuestra vida una práctica sacramentaria, no por las continuas comuniones y sino por la unidad, que de hoy en adelante le vamos a imprimir a los sacramentos y a las relaciones humanas, para que todos los que nos alimentamos del Cuerpo de Cristo tratemos a los demás con la honestidad que Jesús nos brinda, y vayamos al interior de las personas dialogando con el corazón, para que en toda relación brote la presencia de Dios y reine la justicia, la unidad e igualdad capaz de alimentar de agua viva a toda la humanidad.

Hoy la mujer sigue teniendo sed de justicia, para no ser tratada como objeto, ni reducida a adorno de una sociedad machista que la orilla sólo a ser usada. Y muchos de nuestros vecinos tienen sede ser tratados como personas, no robots programados o enemigos acérrimos, para los que escondemos el corazón; porque responder a esta sed de justicia es brindar un trato como el de Jesús a la Samaritana, para no enlodar el agua con nuestros prejuicios, pues sólo las relaciones humanas cercanas y estrechas, así como el trato digno e igualitario, hacen de la persona un manantial para la vida eterna, porque se bebe de la presencia de Dios al vivir como Jesús, y eso pretendemos con la “misión parroquial”.

Analiza: ¿en tus relaciones con las demás personas qué buscas, la presencia de Dios o agua enlodada? ¿La unidad o la división? Recuerde que si tú proceder es agresivo, ambiguo y capaz de manipular los sentimientos de los demás, es señal de que no has bebido del manantial de vida eterna y ocupas ser sincero, superar los miedos y encontrarte contigo mismo (a), para verte con el amor que Dios te mira.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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EL CAMINO DE LA TRANSFIGURACIÓN

EVA_16Quizá consideramos imposible vencer las tentaciones como nos mostró Jesús el domingo pasado, porque nos parece pasada de moda la moral y vida de santidad que nos propone Jesús, pues habituados a los placeres del mundo, consideramos insensatez el tomar la cruz para seguir a Jesús. Sí lo seguimos, pero haciendo lo mínimo y buscando sólo “cumplir” para tranquilizar nuestra conciencia.

En este segundo domingo de cuaresma, Jesús nos invita a tener una experiencia excepcional: Mateo 17, 1-9, para no ser reacios al estilo de vida que nos propone Jesús, porque al igual que Pedro, Santiago y Juan somos sus grandes amigos, y quiere mostrarnos a dónde conduce la clase de vida que nos propone, por lo que nos invita a confiar plenamente Él y como a los grandes amigos, entrar a una nueva esfera, la esfera de lo divino, donde se vencen todos los temores y se encuentran la persona con Dios mismo.

Por eso el texto nos habla de un cerro alto, lejos del ruido mundano donde se da el silencio de la oración, hasta hacerse revelación divina, porque la amistad con Jesús es un camino que lleva a profundizar en la realidad divina; tanto que primero ven una nube, símbolo bíblico de la presencia de Dios, luego a Jesús en medio de Moisés y Elías, porque Él es el centro hacia el que converge toda la grandeza de Israel y la historia de la humanidad, revelación que sólo Dios puede darnos a conocer, al decirnos quién es realmente Jesús: “Este es mi hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias: escúchenlo”.

Pedro, ante toda esta grandeza y cambio que contempla tiene una tentación: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí!, Si quieres haremos tres chozas…” como diciendo: “qué bonito es no tener dificultades”, porque los humanos queremos contemplar la grandeza divina olvidando la cruz, buscamos la comodidad, lo fácil, lo que no exige esfuerzo y Jesús nos invita a vivir la experiencia liberación como espacio en el que Dios nos da a conocer quién es realmente Jesús, para comprender que asumir su estilo de vida no es una insensatez sino el camino que nos lleva a Dios; por eso, no se trata de buscar comodidades, sino de subir para bajar al mundo de la justicia, con renovados bríos, para transformar todo lo que desdibuja la presencia de Dios.

La amistad con Jesús no es para adquirir comodidades o quedarse las “nubes” huyendo de los conflictos, sino el espacio que nos ayuda a vencer las adversidades, para que aparezca el rostro resplandeciente de Jesús y su amistad sea camino que nos descorra la presencia de Dios, que se oculta en nuestra condición humana.

Hoy nos encontramos a amigos de Jesús que sueñan con la transformación de la sociedad, en la que todos tengamos vida digna, pero ante las dificultades y resistencias de los demás se han apartado del pueblo, han desertado y se refugian en lugares que les traen comodidad y satisfacciones pasajeras.

Esta es la tentación parecida a la de Pedro, en la que Jesús nos invita a no hacer de los sueños vanas ilusiones, porque quien conoce a Jesús posee anhelos inquebrantables de justicia, vencen las dificultades y no se queda en “las nubes”, da solución a la problemática humana y social, haciendo de su propia vida una propuesta (Gen. 12, 1-4), porque busca el reino de Dios y no cae en pesimismos, a pesar de que muchos creen que no se puede cambiar una situación injusta. Sólo quien tiene profunda amistad con Jesús ve anticipadamente las transformaciones en la personas, en las familias, en los barrios y en la sociedad, gracias a que posee un espíritu que destruye resignación, amarguras y desalientos. El amigo de Jesús cultiva la esperanza, tiene una forma de ver positiva y hace propuestas de vida.

Ante este texto bíblico ocupamos preguntarnos: ¿he visto transformación en los demás y en mí mismo? Si no las he visto es señal de que me falta profundizar más la amistad con Jesús, para ver más allá de lo que aparece y eso produzca el gozo que favorece la capacidad de ver lo divino desde lo humano. No olvides que esos momentos nos muestran la presencia de Dios entre nosotros, pues nos llevan a descorrer los que de Dios hay en los demás para que se vaya produciendo un cambio o transformación, porque Dios se revela ocultándose en la condición humana.

Si tú eres amigo de Jesús invita a un familiar o vecino a cambiar un mal en bien, y si alguno que juntos transformarán la historia, porque harán del ambiente cotidiano presencia de Dios. No esperes que la transformación se de sola, así nunca llegará. Sólo el amigo íntimo de Jesús busca el cambio y no tiene miedo a los riesgos que este acarrea (Tim. D, 8-10). Vencer al tentador no es apartarse de los demás, para terminar siendo extraño o hacer oraciones que nos distancien de la vida del pueblo.

La oración nos lleva a confiar plenamente Jesús, asumiendo su estilo de vida para dejar que Dios sea nuestra fuerza y siguiendo a Jesús vivamos la unión indestructible con Dios, que nos lleva a la transformación de la sociedad.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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HAY QUE VENCER LAS TENTACIONES

evangelio_1°_cuaresmaEste primer domingo de cuaresma el evangelio nos habla de los aspectos humanos más vulnerables: el poder, el prestigio y el dinero, y nos muestra el camino que Jesús propone para vencer al tentador: Mateo 4, 1-11. Y como el miércoles pasado nos pusimos la ceniza en señal del cambio radical en nuestra vida, al apartarnos del mal para vivir dignamente las fiestas pascuales, el evangelio nos inspira y nos propone las actitudes que nos llevan a entrar en un proceso de conversión que propicie la vida eterna.

El evangelista nos presenta a Jesús en extrema necesidad, porque pasó cuarenta días con sus noches, sin comer. Situación que aprovechó el tentador para proponerle un camino distinto al que quería el Padre celestial: “convierte estas piedras en pan” o sea: usa el poder para tu propio beneficio. Si tú puedes para qué te privas ¿quién va a valorar tu honestidad o va a creerte si estás en la miseria? ¡Tú puedes hacer que Dios te haga los mandados! Esta primera tentación todos la tenemos, y se reduce cuando brotan las necesidades; por eso, se nos hace los mas practico: engañar, robar, abusar, violar, mentir, extorsionar, oprimir, etc.

Y Jesús nos hace ver que estar pasando por un apuro no nos debe llevar a perder la confianza en Dios: “No solo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”; así que no podemos decir “un perdido a todas va”. Las necesidades que pasamos no son para justificar nuestra creencia en adivinos y menos para permitirnos infidelidades, usar mecanismos de poder o engañar. Con Jesús entendemos que lo más importante es estar llenos de la sabiduría divina, empaparnos de su Palabra para vivir y manifestar la santidad salvadora de Dios, que se adquiere en la oración y la escucha de su palabra.

Después el demonio haciendo uso torcido de la Biblia, trata de apartar a Jesús de su Padre celestial: “Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: ‘Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomaran en sus manos para que no tropiece tu pie en piedra alguna’”.

También cuando tenemos deseos de grandeza y prestigio, seguro que hacemos uso diabólico de las relaciones humanas y nos parece lo más oportuno desprestigiar, calumniar o darnos aires de santidad, para ver pequeños a los demás al grado de despreciarlos; pero Jesús nos ayuda a comprender que cuando hacemos una lectura torcida de la vida y de la Biblia estamos tentando a Dios. Cuando manipulamos los sentimientos de los demás, nos aprovechamos de su ignorancia o deficiencias, cuando abusamos de la autoridad y no prestamos un servicio adecuado, cuando utilizamos a los demás, estamos tentando a Dios.

En la ultima tentación, el diablo le ofrece a Jesús toda la riqueza del mundo con una sola condición: “te daré todo esto, si te postras y me adoras”, aquí la propuesta es dar la conciencia, la inteligencia y el corazón a alguien que no es Dios. Vender la propia libertad a alguien que no es Dios para hacerse dueño de los medios de opresión; por eso, Jesús con enorme firmeza contesta inmediatamente: “Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor tu Dios, y a él sólo servirás”, por eso jamás debemos hincarnos ante el dinero o tener deseos de acumulación, porque terminamos en la idolatría destructora del reinado de Dios. Adorar al dinero nos aparta de Dios porque nos hace esclavos de mecanismos que destruyen la vida fraterna y nos orillan a ser agentes de muerte no de vida.

Estas son nuestras grandes tentaciones a lo largo de la vida, causadas por desequilibrios humanos que el tentador capitaliza hasta hacernos sus súbditos; y como en esta cuaresma decidimos destruir estas esclavitudes, necesitamos crecer en amistad con Jesús porque sólo su amor nos da la fuerza capaz de vencer toda tentación, con ayuno y oración, pues la oración es el espacio donde se actualiza la voluntad de Dios y el discípulo adquiere fuerzas para vivir las actitudes de Jesús. Si alguien considera que ha superado todas las tentaciones, seguro que se encuentra muy débil porque ha dejado de orar y esto lo llevara a la perversión. Para vencer el mal necesitamos estar unidos a Jesús, de otra manera flaqueamos por creernos capaces de vencer solos. El mal sólo se vence con la gracias de Dios, de otra manera la vida deja de ser paraíso.

Quizá creemos no tener tentaciones, pero buscamos imponernos, dominar, acaparar, llevar la contra a la pareja, a los hijos o compañeros y con esto ¡cuántas injusticias cometemos! Nos despreocupamos de la suerte de los demás por miedo a problemas o hacemos cosas para llamar la atención. Por lo que debemos ser conscientes que urge romper la cadena de injusticias que a diario provocamos con nuestras altanerías, prepotencia y orgullo. Quien ayuna y hace oración impulsa una sociedad justa, porque la autentica oración nos lleva a vivir las actitudes de Jesús.

No olvides que la fuerza de cambio está en ti mismo, en la medida que vas siendo amigo de Jesús, pues en ti está la gracia y el amor del Padre, que te da madurez humana y un gran corazón para amar y andar en los caminos de la justicia. Si tu corazón está lastimado, irritado, lleno de miedo o rencor, en esta cuaresma tienes la oportunidad de limpiarlo. Analiza cuáles son tus principales tentaciones y opta por Jesús. Identifica una injusticia que provoques con tu familia, tus vecinos… y cámbiala, porque es tiempo de gracia en el que la justicia debe reinar. Intégrate al trabajo de “La misión parroquial” y ayuda a muchos a salir de un cristianismo individualista y caminar como pueblo de la propiedad de Dios.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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BUSCAR A DIOS ES HACER CONVIVENCIA FRATERNA

Eva_1El Evangelio de este domingo, previo al miércoles de ceniza, nos invita a revisar el lugar que le damos a los bienes materiales, para descubrir si están en sana relación con la providencia divina: Mateo 6, 24-34.

Nos dice Jesús: “nadie puede servir a dos amos” porque esta polaridad solo nos lleva a frustración ya que Dios y el dinero suponen actitudes contrarias: la búsqueda de Dios se traduce en convivencia fraterna y justa mientras que el dinero nos lleva a la ansiedad de la acumulación que se hace el cáncer del alma porque con sus tentáculos nos lleva a ver normal el éxito y la prosperidad, a costa de lo que sea.

Así que debemos preguntarnos: ¿Qué lugar ocupa en mi vida Dios?, Porque si el horizonte de mis preocupaciones está en lo material, seguro que no saborearé la gratitud de la fraternidad y la experiencia de pertenencia al padre, que es “Abbá”, más en este tiempo que el sistema neoliberal de una manera criminal nos obliga a vivir preocupados por la comida y el vestido y agranda el ansia de comprar y consumir hasta no dejar espacio para otras cosas. Y frente a eso Jesús nos dice, con claridad, que vale más la vida de los bienes de consumo porque endiosar el dinero nos impide la vivencia del Reino.

Si Dios es el centro de mi vida, esto me lleva a luchar en bien de una convivencia en la que se pueda garantizar la comida y el vestido para todos, no se puede proceder como pagano, pues la fe en Jesús es una experiencia que debe revolucionar la convivencia y engendrar una nueva vida comunitaria que sea fraterna, semilla de nueva sociedad; de ahí que Jesús pone dos criterios: “buscar primero el Reino” y “no preocuparse por el día de mañana”.

Cuando se busca el Reino de Dios no hay preocupación por el mañana, pues se vive la solidaridad capaz de producir una organización donde las necesidades de comida y vestido no son manipuladas por el comercio, porque la vida de fraternidad es producto del encuentro con Dios Padre providente, quien nos hace gozar de su amor, que colma todas las apetencias y liberan de egoísmos, ya que arranca toda inseguridad para celebrar la corresponsabilidad creadora y concretar su amor en proyectos donde lo creado alcanza a todos, pues como a los pajarillos y los lirios del campo, Él no da lo que necesitamos; no así el señor dinero que exige “sacrificios humanos” y destruye la fraternidad porque incita a la acumulación despiadada y encubre con leyes de oferta y demanda un proceder inhumano.

Si en la actualidad estamos viviendo los estragos que produce la idolatría del dinero, es tiempo de no seguir al servicio de dos amos. Necesitamos un encuentro profundo con Cristo para dejarnos abrazar por el amor de Dios, y esta experiencia nos abra el horizonte a realidades divinas que van más allá de los deseos y placeres mundanos, para acercar el cielo a la tierra al hacer de nuestra convivencia humana camino de plena felicidad, porque a las personas les damos un lugar en la sociedad y oportunidades de vida, para que todos nos veamos realizados, de manera que si llevamos un cristianismo superficial jamás tendremos el vigor necesario para ser propuesta de vida nueva, pues usaremos la religión como tranquilizante de nuestra conciencias.

El gran reto de la actualidad es que la Iglesia seamos alternativa de vida, para inspirar a muchos que han perdido el sentido por la vida; y por eso urge que en la Iglesia seamos comunidades vivas donde brille la ayuda mutua y la solidaridad reproduzca la “multiplicación del pan”, por que vivir de la providencia divina jamás se logra caminando cada quien por su lado, es necesario superar un cristianismo individual e integrarnos en comunidades de vida para que la fraternidad vaya permeando todos los ambientes de la sociedad, tarea titánica para la que basta nuestras fuerzas y que sin embargo es anuncio de vida nueva, porque nuestras fuerzas las ponemos en manos de Dios y El se encarga de hacer posible lo imposible; conscientes de que el Reino de Dios es como una semilla de mostaza.

Si hoy vemos una sociedad descompuesta es porque no hemos asumido con radicalidad nuestra pertenencia a Dios Padre; y no es posible que tantos católicos no tengamos la fuerza necesaria para darle al mundo la orientación que Jesús nos propone. Si dejamos que Dios invada todo nuestro ser seguro que salimos de mediocridades y nos dejaremos de preocupar por el mañana, porque Dios que es Señor del futuro lo hacemos el centro de nuestra vida y el mañana se hace “Dios con nosotros”.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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IDENTIFICARSE CON EL PADRE ES LA PLENITUD DE LA LEY

evangelio_23En este domingo el pasaje del evangelio se ubica dentro de la sección en la que se describe la nueva ley e inspira al discípulo de Jesús, y muestra cómo se da la plenitud de la ley frente a las agresiones de los demás, cuando se tiene la intención de restablecer la justicia a pesar de la resistencia o agresión del otro: Mateo 5, 38-48.

En este texto se Jesús habla de un comportamiento que debe tener quien ya conoce la gracia divina, para que su respuesta no sea en el mismo plan del agresor; porque el impulso de venganza no pertenece al proceder característico del Reino de Dios, pues la respuesta visceral o ley del talión no es el camino para hacer la justicia, hay que dar un paso adelante porque los valores del Reino apuntan a la eliminación donde la violencia: “amen a sus enemigos, hagan el bien a los que los odian y rueguen por los que los persiguen y calumnian”.

La mención explícita del “sol” y de la “lluvia” es una referencia a las bendiciones de Dios le prodiga a los suyos: con ellas Dios mantiene y hace prosperar lo que ha creado. Que Dios ilumine y les conceda prosperidad a una persona “mala” o “injusta”, indica que –así como tampoco lo hacen el sol y la lluvia- el amor del Padre no se circunscribe a aquellos que lo aman sino que Él ofrece su amor gratuitamente y sin distinciones aún a quien no se lo merece, y así debe proceder el autentico discípulo de Jesús; por eso cambia la frase “odiar al enemigo” por “amar al enemigo” (5,44). La manera concreta de amarlo es incluirlo en su propia vivencia del Dios Padre del Reino: “rogad por los que los persigan” (5,44). Entonces el Dios del Reino lo transformará con sus bendiciones, pues se trata de transformar al enemigo con el poder regenerador del Reino.

La actitud fundamental de un discípulo de Jesús es el amor que sólo desea el bien, hace el bien, y, desde ahí, hace al otro bueno. Como también dice Pablo: “No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal con el bien” (Romanos 12,21). Así se corta el mal por la raíz.

Una persona que obra asi evidentemente es distinta de otra que no “conoce” lo que es el amor de Dios. Ejemplos claros son el publicano –quien vive en su pecado- y el gentil –que adora a otros dioses- (ver 5,46-47); ellos aman (nada más) a los que los aman y saludan (no más que) a los de su estricto círculo de amistades.

Por su parte, el discípulo es claramente diferente porque el motivo fundamental que inspira su actuar es el amor perfecto, primero y creador del Padre celestial.

Este texto sacude nuestra conciencia, en este tiempo de tanta violencia, donde parece normal hacer justicia por nuestra propia mano ante situaciones de ingobernabilidad, en las que el pueblo ha llegado al hartazgo, porque no se trata de imponer la paz a base de las armas, sino de provocar una nueva forma de ser que exprese el amor misericordioso de Dios y por tanto una nueva sociedad, donde se superen las diferencias, los privilegios y la miseria y todos nos sintamos bendecidos por Dios, por el trato digno y la capacidad de ofrecer cada día a más personas la oportunidad de vivir sintiéndonos hijos de un mismo Padre.

Una de las grandes dificultades de la comunidad de Mateo era la pobreza y las grandes deudas que cargaban, por lo que iluminando la realidad con las palabras de Jesús ante la agresión, el pleito jurídico, los retenes del ejercito romano, la ayuda y los prestamos dice que las bienaventuranzas nos deben llevar a vivir según el corazón del Padre, porque el criterio ultimo de accione no es la ley escrita sino la manera de ser el Padre que se refleja en la práctica de Jesús, quien nos inspira para expresar el amor del Padre.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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NO RELATIVICEMOS LA VIDA DE COMUNIDAD

evangelio_16

En el Evangelio de este domingo encontramos la orientación que Mateo da a la comunidad para superar las tensiones que se dan al interior de la misma, y nos advierte con palabras de Jesús que no tengamos una moral laxa y hagamos carne los valores del reino: la reconciliación, la fidelidad y la verdad, siendo precavidos: Mateo 5  17-37.

La comunidad de Mateo pasó por fuertes tensiones a causa de que los fariseos no reconocían a Jesús como Mesías, por lo que aceptaban sólo el Antiguo Testamento, y entre los primeros cristianos había simpatizantes de ellos (Hech. 15, 6), mientras que algunos judíos convertidos aceptaban a Jesús pero no la libertad de espíritu en la que las comunidades vivían la presencia de Jesús resucitado y muchos judíos y paganos pensaban que con la venida de Jesús había llegado a su fin el Antiguo Testamento, por lo que Mateo les lleva a comprender que el Antiguo Testamento, Jesús de Nazaret y la vida en el espíritu no pueden separarse sino que forman el único y mismo proyecto de Dios que nos comunica la certeza central de la fe, pues el Dios de Abraham y Sara están presentes en medio de las comunidades por la fe en Jesús; y por eso en esta parte del Evangelio resuenan las palabras de Jesús: “ no crean que he venido a abolir la ley o los profetas”.

Con esto entendemos que las comunidades cristianas deben ser el espacio donde se vive la unidad de las tres etapas de la historia de la salvación, pues la comunidad no puede ir en contra de la ley ni quedarse encerrada en la observancia de la ley, debe dar un paso adelante y mostrar en la práctica que el objetivo que la ley quiere alcanzar en la vida es la práctica perfecta del amor; de allí que Mateo nos recuerda palabras de Jesús: “ han oído que se dijo a los antiguos: no matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo les digo: todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal”; así Jesús no hace la ley más rigurosa sino que nos remite hasta la voluntad y corazón del padre.

El estilo de vida de las comunidades debe ser “sal de la tierra y luz del mundo”, para establecer un orden nuevo al dar un trato digno a las personas, donde todos son valiosas y por eso “no debemos andar al filo de la navaja” coqueteando con la tentación, pues si sabemos que no podemos resistirnos a la tentación es mejor privarse de los lugares en los que se va a caer, ya que quien juega con fuego termina quemando.

Jesús propone un camino exigente: el camino del bien, de la verdad, de la vida; porque se trata de un camino de perfección, ascendente, pues cada día debemos dar más; por eso cuando Jesús cita el mandamiento de “no matarás” nos invita a la vida fraterna donde debe haber cero tolerancia para la violencia; por eso proponen no enojarse con el hermano, respetar, no despreciar, reconciliarse y dialogar con el adversario; pide ir más allá de este límite al decir que ni siquiera debemos mirar con malos deseos.

El problema surge cuando se relativiza aquello que es mejor, como si el bien y la verdad tuvieran matices y en este ambiente decimos: lo que está bien para mí no necesariamente debe estar bien para ti, porque acostumbrados a la sociedad consumista queremos tener todos los colores según el gusto del consumidor y eso es imposible, porque o dice la verdad o mientes, no puede haber una norma acomodaticia.

Cuando no buscamos la perfección y vamos justificando nuestras mentiras, caemos en la mediocridad y nos acostumbramos a vivir arrastrándonos cuando Dios nos ha creado para vivir erguidos; por eso Dios no está en la mediocridad. El exige decisiones y propone el mejor camino, pues quiere lo mejor para nosotros y esperar respuesta libre, de allí que nuestros sí o no significan eso y nada más.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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USTEDES SON LA SAL DE LA TIERRA

evangelioEn el Evangelio de este domingo escuchamos una instrucción de Jesús sobre la misión de la comunidad: Mateo 5, 13-16, como camino para vivir las bienaventuranzas.

Mateo recuerda estas palabras de Jesús a su comunidad de judíos convertidos, que a pesar de cumplir la ley de Moisés están siendo expulsados de la sinagoga y, la situación de persecución por la que están pasando los ha orillado esconder su fe, desertar o vivir desesperanzados, por lo que muchos han desistido de la misión; además que algunos paganos convertidos al cristianismo decían: “con la venida de Cristo la ley de Moisés ha quedado superada y no tenemos que cumplirla”. Esto causó fuerte crisis al interior de la comunidad de Mateo y provocó el encerramiento en muchos, pues mientras unos querían avanzar en la multiplicación de comunidades otros insistían en encerrarse, por lo que se empezaron a preguntar: ¿cuál es nuestra misión?

Las palabras de Jesús ante esta situación son iluminadoras y camino para superar la crisis, porque la misión de la comunidad es ser sal y luz. Jesús emplea términos cotidianos y del ambiente cultural de esa época, pues ante el calor  las personas y los animales necesitaban consumir sal, que el abastecedor llevaba en bloques a la plaza y lo que sobraba quedaba esparcido como polvo que había perdido el sabor; de allí que Jesús nos dice que la misión de la comunidad es dar sabor a la tierra, llena de alegría y esperanzas a las personas, conservar y preservar la vida de todos, dándole sentido a la existencia.

Misión de la comunidad cristiana que no se reduce a un pequeño lugar y menos a encerrarse en sí mismos, porque pierden su razón de ser, ya que está llamada a dar sabor no a sí misma; el sabor  ya lo tiene y si se quede en el interior corre el riesgo de licuarse y perder el sabor, tanto que: “ya no sirve para nada y se tira a la calle para que la pise la gente”. Y agrega: “ustedes son la luz del mundo”, porque la comunidad debe iluminar sin temor, hacer que aparezca el bien que se hace, ya que la vida de fraternidad en la que la comunidad hace carne la palabra de Jesús no es para que los alaben sino para ser fuente de inspiración en todo el mundo, esta es la luz que debe brillar para que el mundo se aparte de la oscuridad que produce la exclusión y la injusticia.

Con este Evangelio nos queda claro que no debemos vivir aislados de los demás, la fe en Jesús muerto y resucitado nos lleva a vivir en comunidad pero sin que esta experiencia comunitaria nos aleje de los demás, necesitamos comunicarles la alegría de la vida y animarlos a integrarse en una experiencia comunitaria, para que las relaciones fraternas se finquen en el proyecto de Dios y la sociedad reconozca que sólo cuando nuestra vida se finca e inspira en Jesús, ésta jamás pierde sentido, pues actualmente encontramos a muchas personas que han perdido el sabor de la vida porque viven lejos de Dios o como si no existiera y es allí donde está nuestra misión, para devolverles la esperanza y su condición humana no se perviertan ante tantas ofertas que llevan al individualismo; además que como Iglesia, en pequeñas comunidades, no debemos estar encerrados en nosotros mismos, llenos de temores y apocamiento, a causa de las agresiones del mundo de la obscuridad. Hoy es urgente salir a comunicar a Jesús que es la luz del mundo, para que la sociedad supere el virus del secularismo y reconozca que “el amor es Dios” y cada hogar sea lugar donde la ternura, el perdón y la solidaridad sean obras que nos llevan a dar gloria a Dios.

Nuestro gran reto es dejar de ser granos de sal aislados o católicos sin una práctica eclesial, porque así será imposible darle sabor de cielo a la sociedad, pues nuestra misión es la transformación del mundo no la salvación individual. Es tiempo de vivir nuestra fe en comunidad porque esta fuerza nos dará la capacidad de ofrecer al mundo el sabor de cielo, para que la vida no esté regida sólo por leyes humanas sino que éstas estén fincadas en el proyecto de Dios, e inspiradas en Él propiciemos la vida digna para todos y todas.

¡Hagamos pueden hacer evangelización una comunicación vivencial!, Donde las palabras sean avaladas por la vida de fraternidad y el mundo abramos el corazón para que Dios reine como Padre de todos.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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MIS OJOS HAN VISTO A TU SALVADOR

evangelio_2Hace 40 días celebramos con júbilo el nacimiento de Jesús. Hoy la Iglesia está de fiesta al celebrar el día en que Jesús fue presentado en el templo: Lucas 2, 22-40; en este texto vemos que José y María pasan inadvertidos, en medio de la inmensa muchedumbre que está en el templo de Jerusalén, y confundidos entre la gente José y María llevan al niño Jesús para cumplir con lo prescrito por la ley.

En ese tiempo no había necesidad de llevar al niño para consagrarlo, por ser primogénito, porque ya se había sustituido la consagración sacerdotal por el sacerdocio de la tribu de Leví; sin embargo María aprovechó para pagar el “rescate” del hijo y su purificación ofreciendo dos tórtolas o pichones, que era la ofrenda de los pobres. Pero su presencia no pasó desapercibida para dos ancianos que representan la espera fiel de Israel. Simeón y Ana.

Simeón es presentado por Lucas con varios adjetivos: “hombre justo y piadoso”, para indicar que cumplía los deberes morales y gozaba de carisma sobrenaturales: “en el moraba el Espíritu Santo” y tenía la promesa de que no moriría sin haber visto al Mesías y por eso aguardaba la consolación de Israel, espera del pueblo fiel representada en los muchos años de Simeón, que movido por el Espíritu Santo reconoce que su espera ha llegado a su culmen: ¡la espera no fue en vano! Y sin ser sacerdote toman brazos al niño y goza porque era el ansia máxima para un israelita; y con este gesto indica que la fe es encuentro y abrazo, por lo que sostiene al niño en lo alto y dice: “Señor, ya puedes dejar morir en paz a tu siervo… porque mis ojos han visto a tu Salvador”. Y deja en claro que: Es el salvador universal cuya meta es el triunfo de la vida y Mesías espiritual, porque no hará conquistas políticas, como esperaban del mesías, sino luz para iluminar a los gentiles en la verdad.

José y María estaban admirados y Simeón los bendijo, luego dirigiéndose a la madre le anunció: “Este niño ha sido puesto para ruina y resurgimiento de muchos en Israel, como signo que provocará contradicción… y ti, una espada te atravesará el alma”, porque ante la misión de Jesús hay que abrir el alma y eso provocará algo trágico en la madre, pues lleva dentro de sí el destino espiritual de su pueblo.

Ana, profetiza de edad avanzada, tiene un valor simbólico, porque su edad representa a todo Israel: 84 años son 7×12, número de las tribus o bien 84-7=77 perfección redoblada, pero sobre todo con su modo de vivir en ayuno y oración; pertenece a la tribu de Aser, la más pequeña y signo que los débiles y pequeños están dispuestos a reconocer a Jesús como único Salvador; por eso junto con Simeón son el símbolo del mejor judaísmo que fieles y dóciles a la espera que alegra y dejan brillar la nueva luz, reaniman con sus palabras a “todos los que aguardaban la liberación de Israel”.

Con esos elementos podemos concluir que: Dios siempre acude a nuestro encuentro sin estruendos. Hoy acude pequeñín y en lo cotidiano de la vida acude de forma discreta, como un amigo que llama a la puerta. Y bien nos puede pasar, como los que estaban en el templo afanados en sus ritos y con una esperanza opuesta a la presencia de su luz, por lo que nuestras actividades deben estar más fincadas en Jesús, que es la luz de las naciones para qué nuestra vida de comunidad sea foco de irradiación de la buena nueva de la liberación, por la apertura de corazón que nos lleva a contemplar la presencia de Jesús en las personas que promueven y respetan los derechos humanos, en el trabajo responsable y la unidad de las familias, en las personas que comparten el pan y grupos que se organizan para superar la pobreza y cuidar el medio ambiente, en este tiempo de tanta oscuridad por el relativismo.

Hoy nuestro modo de vivir debe ser buena nueva para tantos que tienen una vida rutinaria o consideran que Dios no los escucha o peor, que ni existe, para que se contagien de la alegría que produce el encuentro con Jesús y palpen que es posible construir otro futuro cuando la esperanza la ponemos en Dios, porque abrazamos el proyecto de Jesús dándonos un trato digno, valorando a cada persona y produciendo tal comunión en la que nadie se sienta extraño o excluido. Buena nueva, para quien está inmerso en la violencia que implanta el mundo secularista, pues el que abre su corazón a Dios no sólo reza sino que es capaz de promover la distribución de bienes y el cuidado por la vida en la que nos sintamos parte de una misma familia, para que libres de competencias expresemos el afecto que manifiesta la gloria de Dios.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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JESÚS PREDICA CON VALENTÍA EL REINO

Sin títuloEn este tercer domingo del tiempo ordinario, el evangelio de Mateo 4, 12-23 nos presenta el inicio de la vida pública de Jesús. Lo presenta como el cumplimiento de las profecías de Isaías; al decirnos que se fue a vivir a Cafarnaúm, territorio de Zabulón y Neftalí, a 30 kilómetros de Nazaret y periferia donde hay tinieblas y confusión, en las orillas del mar de Galilea, porque es el lugar de gran población gentil, que llegó a ser su casa, quizá porque allí vivía Pedro, y territorio donde en el 732 a. C. inicio la invasión de Babilonia, e Isaías había profetizado que serían los primeros en recibir la noticia de la salvación (Is 8, 23, 9-3); así que la profecía se cumple en Jesús: “el pueblo que yacía en tinieblas vio una gran luz”.

Jesús inicia su vida pública cuando Juan Bautista fue encarcelado. Elemento con el que el evangelista nos expresa que la misión de Jesús tiene un camino martirial y aunque inicia con las mismas palabras de Juan: “Conviértanse, porque ya está cerca el Reino de los cielos” propone un cambio de mentalidad y nueva dirección, para quien no está satisfecho con la vida que lleva, porque la presencia del Reino que anuncia no tiene falsedades y manipulaciones. Reino al que podemos pertenecer si estamos dispuestos a dejar los ídolos que abundan en nuestra vida, para que libres de todo odio tengamos una forma nueva de proceder, porque en este reino no importa el poder sino la libertad de la persona.

En el siguiente bloque de este evangelio Mateo nos dice que Jesús caminaba por la ribera del mar de Galilea, y va al encuentro de dos hermanos que están echando las redes al mar, para decirnos que su palabra crea seguidores. Aquí lo extraordinario es que no procede como los rabinos de su tiempo a quienes los estudiantes buscaban, Él toma la iniciativa y va a hacer discípulos, los invita no para que tengan una experiencia de salvación sino para que hagan escuela; porque la invitación que hace no es para saber  sino para vivir y hacerse como Él.

Tener capacidad para tratar con ternura a todos, proceder con misericordia, vivir en comunión, pues los invita a pasar con Él, ya que ser discípulos es asunto que se trata con el corazón no con la cabeza y ellos responden con generosidad, dejando todos sus seguridades, y con esto llegamos a comprender que Jesús no necesita nuestras habilidades y sino nuestra disponibilidad: “y ellos inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”. Toman otra dirección confiados en que él da un cambio cualitativo a la persona, de forma que sin descuidar sus quehaceres sean capaces de dar un orden nuevo al mundo: “síganme y los haré pescadores de hombres”, realidad para la que Jesús enseña, predica y cura.

Hoy Jesús nos sigue llamando a ser pescadores de hombres, pero debemos analizar ¿qué tan dispuestos estamos a dejar nuestras seguridades?, Porque esto nos impide darle un rumbo nuevo a nuestra vida. Convertirnos es tener una mentalidad libre de las esclavitudes que nos propone el mundo para construir otro futuro donde no reine el poder, ni el individualismo que nos lleva a conformarnos con “cumplir” y tomar lo que nos conviene, sino ser luz y propuesta de vida nueva, por la vida de comunión, participación y capacidad de compartir, porque se trata de vivir al estilo de Jesús yendo a los últimos, con los que viven en tinieblas, a los que han perdido la esperanza para construir una sociedad donde reine el amor y la persona sea el centro de nuestras preocupaciones, al procurarles una vida digna y dejen de ser tratados como objeto; por eso, ser discípulos de Jesús exige no buscar las propias seguridades sino asegurar la vida de todos luchando porque los bienes alcancen a todos.

La señal de que pasamos el tiempo con Él es que no alimentamos un mundo de diferencias y privilegios, sino que formando comunidad trabajamos por dar respuesta digna a las necesidades de todos y los tratamos como verdaderos hermanos, expresando con esto que somos discípulos de Jesús porque les brindamos la misma ternura y diligencia que él ofrece.

Y todo porque la Iglesia es signo de la presencia de Jesús, quien nos alimenta para que seamos fieles testigos de su presencia en el mundo y por eso misioneros del amor de Dios.

Ante tantas oscuridades que hay actualmente en el mundo y que nos llevan a: violencia, desintegración, emigración, permisionismo, materialismo, inmoralidad, corrupción y pobreza no podemos decir que somos discípulos de Jesús si no procedemos como “pescadores de hombres”, valientes colaboradores del reino que Jesús ha inaugurado entre nosotros.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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JESÚS ES EL CORDERO DE DIOS

Este domingo Juan Bautista da testimonio de Jesús, por lo que podemos decir que son tres manifestaciones las que cierran la fiesta de Navidad y abren el tiempo ordinario, en la liturgia de este año: los Magos, el bautismo de Jesús y el testimonio de Juan, que escuchamos en el Evangelio de hoy Juan 1, 29-34.

Juan Bautista nos presenta a Jesús con la intención de conducirnos a Él para que el encuentro personal nos haga conocer quién es Jesús, al decir: “Este es cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Con este testimonio Juan recuerda la época de esclavitud que vivió Israel en Egipto, porque gracias a la sangre del cordero que luego comieron asado, en la noche de Pascua, el pueblo celebró su liberación y ahora en Jesús Dios salva, libera y quita el pecado, porque siempre procederá como cordero, hasta su muerte que fue a la misma hora que los judíos degollaban sus corderos para recordar la liberación de Egipto, con la cena pascual.

Este testimonio de Juan es fundamental en nuestra vida, exige a todos creer en Jesús y reconocer que Jesús es Dios y que Dios actúa como cordero, porque para San Juan, el evangelista, la causa de todo desorden humano es la incredulidad. No creer en Jesús nos lleva a la violencia asesina, al engaño y traición, el odio y toda clase de pecado.

Reconocer que Jesús es el Cordero de Dios es aceptar que Dios es humano, y que lo auténticamente humano se da cuando vivimos libres de odios, porque el odio crea situaciones inhumanas, provoca destrucción e impide reine el amor. Sólo quien cree en este Dios humano vive al estilo de Jesús y es capaz de transformar el desorden social en un mundo de justicia y paz.

Juan al presentarnos a Jesús nos advierte que no conocía a Dios tan humano; sin embargo ya existía y su presencia entre nosotros crea una humanidad nueva. Esto lo expresa al hacer una clara referencia al Génesis: “Ví el Espíritu Santo descender del cielo en forma de paloma y posarse sobre Él”, para decirnos que Jesús somos creación nueva. Cordero que arrancan las cadenas de toda esclavitud, pero sin imposición, prepotencia o atropello, porque es todo mansedumbre y misericordia. Al quitar el pecado no nos violenta, ni nos disminuye en nada, por el contrario Él se da entero a nosotros y nos ama tanto que siendo nuestros pastor se hace Cordero; por qué el “Cordero de Dios” nos acepta tal y como somos, nos ama de manera radical a pesar de nuestros defectos o errores, para que amándonos respondamos con amor, pues quien se acepta y se sabe aceptado desarrolla sus capacidades humanas y vive con libertad, de lo contrario procede con agresión y se convierte en lobo, debido a sus vacíos afectivos.

Toda la vida de Jesús es un camino de cordero, por lo que creer en él nos lleva a seguirlo, confiar y actuar como Él. Su amistad nos libera de toda esclavitud y pecado. Pero aquí está la gran novedad de la humanidad nueva ¡Dios sea abaja!, Este es la forma de actuar de Dios que quitas el pecado del mundo. Jesús la palabra de Dios hecha carne, nos muestra que quien procede como cordero se ve libre de injusticias, no provoca división sino que deja actuar a Dios, ya que es permanente gesto de la ternura y misericordia; por eso, creer en Jesús es hacer de él nuestro propio proyecto de vida. No creer en Jesús es el gran pecado que lleva al odio de la verdad, el amor y la libertad.

Cuando las enseñanzas de Jesús las hacemos vida, manifestamos que los reconocemos como Hijo de Dios, con la mente y el corazón, porque creer en el Cordero de Dios no es sólo bautizarse y sino dar testimonio con la propia vida de que vivimos sus enseñanzas: tratando a los demás, como una sola familia, con un amor que nos lleve a vivir dignamente todos nos sintamos un solo cuerpo “para que su salvación llegue a todos los rincones de la tierra” (Isaías 9,6), pues este creer no es cuestión de ideas sino de una práctica donde reine la fraternidad. Si tú crees en el Cordero de Dios, muestra tu fe y amando y sirviendo, participando en un grupo de comunidad y profundizando en la palabra de Dios, promoviendo la solidaridad y defendiendo la vida y dignidad de todas las personas, celebrando y recibiendo los sacramentos, y con enorme vigor, fruto de la oración, podrás comunicar esta alegría el mundo; gozo que no se pueden encerrar sino que nos forja misioneros ya que nos lanza a proceder como Jesús ante los demás, y en el hogar seguro que se palpan estos gestos de cordero, porque llevan a tu familia a liberarse de muchas situaciones de violencia, esclavitudes y pecados, dando paso a la humanidad nueva que inaugura Jesús al amarnos sin medida, no al mandar despóticamente.

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

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