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SOBRE LITURGIA

Definición y etimología de la palabra liturgia.

La palabra liturgia viene de una palabra del griego (LEITURGEUEIA), que originalmente significa “obra o quehacer público” para indicar un servicio público del pueblo a favor del pueblo. «La misma definición etimológica de esta palabra nos lleva al ser y a la acción de un pueblo que se santifica hacia dentro y que se santifica en el servicio hacia los demás»

Por la liturgia, Cristo, nuestro Redentor y Sumo Sacerdote, continúa en su Iglesia, con ella, la obra de nuestra redención. «Esto es impresionante porque nosotros somos la Iglesia por lo tanto junto con Cristo esta obra de la redención continua, a través de cada misa que celebramos y al ser enviados: “podemos ir en paz la Misa ha terminado” ahora expresando esa liturgia o Misa vivida en acción de justicia, paz, alegría, caridad etc. pero que es la liturgia.

Es el ejercicio del sacerdocio de Jesucristo en su Iglesia hoy, a través de signos sensibles, con los que el hombre da gloria a Dios se santifica en comunidad.

DIOGNETO

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SOBRE LITURGIA

Es lo que celebramos el domingo en Misa el Misterio Pascual, es decir, la pasión, muerte, resurrección y ascensión de nuestro señor Jesucristo. “Esta obra no estaba completa con su muerte. El resucitó para una vida nueva, que ya no está sujeta a las dificultades y peligros de la vida de este mundo.

Viviendo esta vida, fue elevado a la derecha de su Padre, en la gloria del cielo, y permanece en medio de nosotros” todo este Misterio Pascual que es como el eje de toda la historia de la salvación se sintetiza en la Misa del domingo pues lo que se ha cumplido en Cristo cabeza, se cumplan todos sus miembros.

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SOBRE LITURGIA

«La misión de Cristo en la obra de la salvación es continuada por la Iglesia y se realiza en la liturgia» de cada sacramento, porque ahí es donde ofrecemos a Cristo a los demás y al mismo tiempo nos santificamos nosotros.

Cristo está presente en la Iglesia: especialmente en el Sacrificio de la Misa, está presente en la fuerza de los sacramentos, está presente en su palabra, y está presente cuando la Iglesia se suplica y canta salmos en la liturgia de las Horas.

Se habla de la liturgia como anuncio de la plenitud del Misterio Pascual, es decir, no sólo tiene una referencia el pasado, al hecho histórico sino también al presente de la liturgia, además tiene un aspecto futuro, al final de los tiempos de la Parusía. La liturgia no sólo recuerda los hechos pasados y los actualiza el presente, sino que anticipa el porvenir, el futuro. En el pasado tenemos el Cristo histórico, en el presente el Cristo sacramental y místico y, además, en el futuro la Parusía.

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FOLLETO DE POSADAS 2013

A continuación les dejamos el folleto que utilizaremos este año para celebrar las posadas en los barrios.

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1ª.- CATEQUESIS SOBRE LA FE

22 de noviembre de 2013, en la Clausura del “Año de la Fe”.

En el seminario diocesano de Colima. El Cóbano, Col.

“LA FE, ES LA LUZ QUE ILUMINA EL CAMINO”

 

 1.- Las luces fugaces hacen del caminar un laberinto.

      Hoy encontramos muchas ofertas de vida, que proponen felicidad y las traducen en signos religiosos, que dan culto al cuerpo, a los sentidos, a la razón y a los guetos; pero con esto no se propone un camino sino una multitud de senderos que no llevan a ninguna parte, pues buscan eternizar el presente.

a.- Las ofertas actuales hablan de la necesidad de luz.

     Tantas ofertas de “felicidad” nos llevan a constatar el creciente deseo espiritual del pueblo, cuyos signos “religiosos” se hacen laberinto, porque nuestros signos cristianos no son significativos; y así encontramos que en la Iglesia hay: un número muy reducido de católicos que participen en las celebraciones, mientras otros expresan su fe de forma esporádica, en la religiosidad popular, para tranquilizar su conciencia. Pero una gran mayoría son creyentes sin iglesia, que expresan su dimensión religiosa viendo solo el cuerpo, usando estimulantes o haciendo rituales que sacralizan el pensamiento, la autoridad y las ciencias; y que en definitiva hablan de la necesidad de una luz que los saque de los temores, miedos e incertidumbre del futuro

b.- No debemos dejar que el camino siga siendo laberinto.

     Estamos ciertos de transitar por el camino, pero no debemos dejar que las luces fugaces aparten a la humanidad del camino. Y si somos conscientes que la luz que portamos no se puede esconder bajo una olla (Cf. Lc. 11, 33), procedamos como El Buen Pastor, que deja las noventa y nueve y va en busca de la que se perdió (Cf. Lc. 15, 4-6), porque hoy de cada cien habitantes 72% no solo viven en la ciudad sino que han perdido su cultura, valores, sentido comunitario y criterios evangélicos, debido a tantas ofertas de “felicidad” y será inhumano y poco cristiano, seguir solos en el camino mientras muchos transitan por un laberinto: ¡Llevemos la luz, a tantos peregrinos que han perdido el camino!

c.- El camino se hace seguro cuando tiene señales.

     Cuando decimos que la Iglesia es sacramento, estamos anunciando que es capaz de poner señales que den certeza del camino; y hoy muchos se han apartado de la Iglesia, porque las señales que ofrece no llenan sus expectativas, pero eso no quiere decir que debemos adecuarnos a sus deseos, sino a ser signos eficaces de las esperanzas del pueblo, para que encuentren respuestas ciertas al futuro y a pesar de las diferencias, caminemos juntos y dando respuestas a la naturaleza y dignidad de hijos de Dios

2.- Urge comunicar la luz que ilumine el camino.

      Celebrar la clausura del “Año de la Fe” no es un evento, para certificar con un documento; sino etapa que nos ha llevado a ser conscientes de los retos actuales que nos templan para llevar con vigor la misión de anunciar buenas nuevas, porque hemos constatado que todas las ofertas de vida que hoy se proponen, en la sociedad secular, no iluminan suficientemente el futuro, pues dejan a las personas con el mismo miedo a lo desconocido, al renunciar a la búsqueda de una luz capaz de abrir el camino.

a.- La fe es luz potente.

      La potencia de la fe nace del encuentro personal con Dios. El Dios de la vida que nos llama y nos revela su amor, pues ilumina toda la existencia humana y por eso es una luz potente, que no puede provenir de nosotros mismos, que somos creaturas y todo lo que hacemos es limitado. Para que la fe sea luz potente necesariamente debe provenir del cielo, por lo que exige renunciar a toda posesión para abrirse al misterio oculto de Dios, con paciencia y esperanza ya que es la luz que viene del futuro, nos desvela horizontes y amplía la comunión, porque no habita en la oscuridad sino que es luz en nuestras tinieblas.

b.- Para iluminar el camino.

      El testimonio fundarte de esta fe lo encontramos en Abrahán, nuestro padre en la fe, a quien Dios le dirige la Palabra y se revela como Dios que habla y llama por su nombre (Cf. Gén. 15, 1-20), allí descubrimos que la fe es respuesta a una Palabra que interpela personalmente, para comunicar una llamada y una promesa, hasta abrirse a una vida nueva o éxodo que lleva a un futuro inesperado, pues invita a dar un paso adelante; así la fe se constituye en un “ver” en la medida que se camina para no quedarse en el pasado, sino abrirse al futuro que ilumina los pasos a lo largo del camino, hechos esperanza de una promesa (Cf. Gén. 13, 16; 15, 5; 22, 17).

c.- Para hacer del recorrido experiencia de fidelidad.

      Así vemos que en Abrahán, aunque la Palabra parezca pasajera, cuando es pronunciada por Dios fiel, se convierte en lo más seguro e inquebrantable que puede haber, pues hace posible que el camino tenga continuidad en el tiempo, porque la fe lleva a acoger la Palabra como roca firme para construir sobre ella sólidamente al revelarse como la fuente de la que proviene toda vida (Cf. Rom. 4, 17) y ésta lleva a Abrahán a reconocer la fuente de bondad que hay en el origen de todas las cosas y confirmar que la vida no procede de la nada, y menos de la casualidad, sino de una llamada y un amor personal que despierta las raíces profundas del ser, para dejarse guiar no por un extraño, sino por quien es el origen de todo y todo lo sostiene. Así podemos decir con el Papa Francisco y Benedicto XVI: “La fe es un don gratuito de Dios que exige humildad y el valor de fiarse y confiarse, para poder ver el camino luminoso del encuentro entre Dios y los hombres” (L. F. 14).

d.- Para hacer de la fe cristiana el creer a Jesús y creer en Jesús.

      Si de Abrahán sabemos que caminó confiado en Dios; la vida, pasión, muerte y resurrección  de Jesús es la manifestación plena de la fidelidad y amor por nosotros, porque no es una palabra más entre muchas, sino la Palabra de Dios hecha carne y no hay mayor garantía que Dios nos pueda ofrecer para asegurarnos su amor (Cf. 1ª. Jn. 4, 16), porque: “La fe reconoce el amor de Dios manifestado en Jesús como el fundamento sobre el que se asienta la realidad y su destino último” (L. F. 15), pues la mayor prueba de la fidelidad del amor de Cristo se encuentra en su muerte por los hombres (Cf. Jn. 15, 13).

     Y la resurrección de Cristo es el apoyo sólido para nuestra fe (Cf. 1ª. Cor. 15, 17), porque es la gran manifestación del amor de Dios a la humanidad de Jesús, en la que estamos incluidos, y por eso el más fiable, ya que tiene capacidad para iluminar hasta las tinieblas de la muerte y ofrecer-cumplir la plenitud de felicidad; de forma que no solo creemos en Él, por ser el camino de máximo amor; sino que también nos unimos a Él para poder creer y mirar con sus ojos, que nos hace por gracia, sacramento, al aceptar su Palabra y entrar en su amor siguiéndolo a lo largo del camino, ya que sólo creyéndole y haciéndolo Señor de nuestra vida podemos comunicar su luz a tantos que se embelesan con luces fugaces; de otra manera no podremos ser signos confiables para tantos que transitan por el camino de la vida.

      Además que creer es aceptar el don de la fe que transforma en creatura nueva, pues se recibe un nuevo ser ((Cf. Jn. 3, 4-5), que nos hace hijos en el Hijo y nos lleva a exclamar “Abbá”. Núcleo de la experiencia cristiana (Cf. Rom. 8, 15); porque la fe de la que brota la luz potente no nos pone a nosotros mismos en el centro, sino que nos lleva a reconocer que el origen de la bondad es Dios y sólo abriéndonos a este origen y reconociéndolo, es posible ser transformados, al aceptar que la salvación opere en nosotros y haga fecunda la vida (Cf. Ef. 2, 8s); por eso, dice el Papa Francisco y Benedicto XVI: “La nueva lógica de la fe está centrada en Cristo. La fe en Cristo nos salva porque en él la vida se abre radicalmente a un amor que nos precede y nos transforma desde dentro, que obra en nosotros y con nosotros… pues la fe sabe que Dios se ha hecho muy cercano a nosotros, que Cristo se nos ha dado como un gran don que nos transforma interiormente, que habita en nosotros, y así nos da la luz que ilumina el origen y el final de la vida, el arco completo del camino humano (L. F. 20), ya que nos hace partícipes de su amor, que es el Espíritu Santo y quien nos capacita para confesar a Jesús como Señor.

3.- Seamos recipientes de esta luz potente.

      Si hoy vemos que la sociedad secular piensa que el tiempo no es extenso sino intenso y por eso está perdiendo el sentido de la trascendencia, necesitamos reaccionar para que el encuentro con Jesús nos lleve a poner a Dios en el centro de la vida y experimentándolo como “Abbá”, podamos ofrecer una nueva interpretación de la realidad social que hoy vivimos y edifiquemos un nuevo modelo de cristianismo, donde haya verdadera correlación entre lo que vivimos, creemos y celebramos; porque fiarnos de Jesús es dejar que habite su amor en nosotros y Él nos irá guiando (Cf. Jn. 15, 26-27), para ofrecer espacios aptos y de intensa luz, capaces de superar el laberinto al que nos están llevando los cambios vertiginosos que hoy se están dando y provocan deshumanización.

a.- Que nos lleva a colmar las esperanzas.

      No debemos olvidar que mientras más confusión es más fuerte el secularismo; por eso: necesitamos ser intermediarios entre Dios y los hombres, pero con una fe inquebrantable para avanzar en el camino, sin suavizar términos que mengüen la vida, la dignidad, la cultura y traducidos en  proyectos solidarios,  los laicos organizados sean sujetos de buenas nuevas y la fe que se viva y celebre sea anticipo del cielo que esperamos, porque trabajamos en equipo, planeamos y evaluamos las actividades y nos capacitamos buscando nadie sea simple ejecutor, sino sujeto capaz de asumir la misión que el Señor nos encomendó, pero con gran sentido eclesial y diversidad de ministerios, sobre todo laicales, en las cuatro áreas de la pastoral, para que broten las expresiones de fuerte identidad cristiana que fortalezcan la “Iglesia de las casas” y surja la sociedad del amor.

 

b.- Ser signo capaz de superar la dispersión.

      La aprobación, reconocimiento y aceptación hoy no se da por la antigüedad, pues actualmente se califica a las religiones por la confusión que provocan y se agrede la unidad; por eso urge nuestra fe deje anidar en nuestro interior la bondad y el amor de Dios que nos hace, por el Espíritu, ministros de la reconciliación y en cuyos hechos concretos demos razón de lo que creemos, y sin deseos de posesión dejemos se palpe la Palabra hecha carne, en caminos de comunión, donde se celebra la salvación hecha historia, y hacen del laico corazón del mundo; de forma que su ministerialidad celebre la vida del Dios muy cercano y capaz de redimir la humanidad, por la generosidad de vida hasta la muerte, con la metodología del buen samaritano, para hacer de la historia luz del futuro.

c.- Y respuesta que supere laberintos.

      Pues todos los niveles de Iglesia deben ser celebración de lo que creemos y camino que juntos recorremos, desde la diversidad de realidades y ministerios, pero concretando, desde el proceso histórico, la venida del Reino, que nos ayuda a saborear el cielo y éstos avances sean espacios que nos den a la certeza de abrirnos al futuro, porque iluminan los pasos del camino y hacen del Amor la roca firme en la que se construye sólidamente, pues se bebe de la fuente de bondad y se transpira la respuesta que las personas por nuestra naturaleza buscamos, para provocar que en la sociedad  se escuche la inquietante y fundamental necesidad: “También nosotros, queremos conocer  a Jesús” (Cf. Jn. 12, 21-26).

     

 

Pbro. Javier Armando Espinosa Cárdenas

Parroquia del Inmaculado Corazón de María, en Colima, Col.

Diócesis de Colima

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FIESTAS GUADALUPANAS 2013

A continuación se publica el folleto que utilizaremos para celebrar las fiestas a Santa María de Guadalupe en la Zona Centro y así todos podamos participar.  Sólo basta dar click en la imagen o bien ir a la página de Descargas.

portada folleto

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CRISTOLOGÍA

CRISTO

Sacramento del Padre

CRISTO

 CATEQUESIS DE ADULTOS

DIÓCESIS DE COLIMA

 

 

PRESENTACIÓN

     Hoy va surgiendo una cultura que parece no necesitar de las religiones, y por eso, la fe no es una realidad presente en las conciencias de muchas personas, porque se busca la autonomía personal, el hedonismo, las redes sociales, el libertinaje y las emociones extremas que mantienen, sobre todo a los jóvenes, alejados de toda creencia religiosa; y ellos formarán la sociedad del mañana, que por la violencia y el sinsentido en que están envueltos nos anuncia una sociedad sin Dios.

     El relativismo y la práctica gris del cristianismo, en muchos sectores de nuestra Iglesia, está propiciando que la mayoría de jóvenes reinterpreten a su manera y gusto la fe, pues ven como anticuada la doctrina y dogmas católicos; por lo que buscan la Iglesia sea una institución que cambie su inspiración bíblica y se adecue a las preferencias de cada individuo, perdiendo el sentido de cuerpo y olvidando la integralidad de la salvación.

     Es verdad que hoy urgen cambios en el modo de ser Iglesia y en el modo de comunicar las verdades religiosas; por eso, este material pretende ser una herramienta que favorezca el encuentro, acogida y adhesión a Jesucristo, además de profundizar en los  evangelios para que éste conocimiento sea espacio que nos capacite, anime y forje mensajeros de buenas nuevas, y con sentido misionero comuniquemos el gozo de encontrarnos con Jesús, y ésta experiencia haga que en nuestra familia y barrio se despierte el deseo de conocerlo, para que el encuentro con Jesús, desde los evangelios, transforme a muchos bautizados en apóstoles, “y el mundo crea” (Cfr. Juan 17, 1-26).

     Con este material pretendemos hacer carne las palabras y pedagogía de Jesús, para el crecimiento personal de la fe y en concordancia con la fe que profesa la comunidad católica, favorezcamos una sociedad de acuerdo a la voluntad de Dios. El hilo conductor de estos veinte temas es el mesianismo de Jesús, presentado como camino viviente que nos descubre la verdad del rostro del Padre y su proyecto salvador, para que nuestro proceso de discípulos misioneros, inspirados en el misterio Trinitario, nos lleve a darle vida al camino de comunidad y en nuestra parroquia cobre fuerza el sentido de pertenencia y ésta permita la parroquia sea “comunidad de comunidades” y juntos logremos que la permanente misión le de forma al “Centro de evangelización” que los obispos latinoamericanos, en la Conferencia General de Aparecida Brasil nos han propuesto como meta para que los laicos asuman las tareas evangelizadoras que desde las diversas áreas geográficas, de cada parroquia, se deben llevar a cabo (D. A. 372).

     Me alegra ver a muchos “misioneros” que sin perder la vivencia de pequeña comunidad, en su propio barrio, están ejerciendo un ministerio en su parroquia y compartiendo con los alejados el gozo de haberse encontrado con Jesús, para que cada día sean más los que anunciamos esta Buena Nueva. Espero este segundo libro, que les proporciono, anime en su trabajo evangelizador.

Su amigo y servidor

Pbro.  Javier Armando Espinosa Cárdenas

¡Cristo los ama y yo también!

Contenido:

1.- Israel en tiempos de Jesús

2.- Israel, esperaba al Mesías

3.- Jesús, la promesa del Padre

4.- La Encarnación y nacimiento de Jesús

5.- El Bautismo de Jesús, manifestación mesiánica

6.- La obediencia vence al mal

7.- Jesús, el Reino de Dios con nosotros

8.- Los milagros, signos de la presencia del Reino

9.- La conversión, exigencia para seguir a Jesús

10.- La Comunidad de los discípulos de Jesús

11.- Jesús, el rostro del Padre

12.- La Gloria del Hijo de Dios

13.- Jesús Mesías, signo de contradicción

14.- Jesús, Pan para la vida del mundo

15.- Jesús, Mesías sufriente y glorioso

16.- Jesús es el Señor y Mesías

17.- El Don del Espíritu Santo

18.- El Dios revelado por Cristo

19.- El Señor Jesús volverá glorioso

20.- Jesús es el centro de la historia

 

El Material completo se encuentra en la página de Descargas

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ISRAEL EN TIEMPOS DE JESÚS

Objetivo: Conocer el contexto socio religioso en el que vivió Jesús, para valorar y comprender la encarnación.

1.- Leer: Lucas 2, 1-21

a.- Preguntas sobre el texto bíblico:

1.- ¿Quién ordenó el censo?

2.- ¿Dónde tuvo que nacer Jesús?

3.- ¿Qué dicen los ángeles a los pastores a propósito del nacimiento de Jesús?

b.- Profundización sobre el texto:

1.- ¿Qué entiendes por Salvador?

2.- ¿Por qué consideras que Jesús nace en condiciones tan precarias?

3.- ¿Qué supone los pastores se hayan ido glorificando y alabando a Dios?

2.- Elementos para comprender el ambiente en que nació Jesús:

     A.- Situación política:

              La última dominación que sufrió Israel fue la del imperio romano, en el año 63 antes de Cristo, y desde al año 27 a.C. hasta el 14 después de Cristo, el Imperio estuvo gobernado por el emperador Octavio Augusto, tiempo en el que Roma alcanzó su máximo esplendor.

     Los romanos tenían en Siria un gobernador para controlar toda la región, incluida Palestina. Control que incluía no solo el dominio de la tierra sino tributos e impuestos, razón por la que quizá decretaron el censo al que se refiere Lucas 2, 1-2, porque Palestina, en tiempos de Jesús, era una colonia romana que dependía jurídica y administrativamente de la provincia de Siria. Sin embargo, por la concepción religiosa de Israel acerca del poder, la autoridad y la gran cantidad de judíos (diez por ciento del imperio romano), gozaban de cierta autonomía; por lo que existía el Sanedrín.

     El sumo sacerdote, puesto que los romanos subastaban, presidía el Sanedrín, compuesto de setenta miembros integrados por: ancianos de la nobleza laica, la aristocracia sacerdotal y algunos escribas y fariseos. Su función era religiosa y política, y era como la corte suprema para juzgar los delitos contra la ley.

     Palestina estaba dividida en varios territorios gobernados por los sucesores de Herodes el Grande (quien gobernó del 37 a.C. al 4 d.C.), con la supervisión del gobernador romano de Siria, que en tiempos de Jesús era Poncio Pilato.

  • Al sur está Judea, con su capital Jerusalén.
  • Al norte, Galilea, donde está Nazaret (lugar de la Encarnación del Hijo de Dios y residencia de Jesús hasta su vida pública) Cafarnaúm (Cuidad situada junto al lago de Genesaret, que fue el centro de actividad de la vida pública de Jesús) y el lago de Tiberíades.
  • Al centro, Samaria.
  • Al este, al otro lado del río Jordán, Perea y el desierto.

     Cuando nació Jesús, el emperador romano era Augusto. Por parte de los judíos, Herodes 1o el grande, era el rey. Años más tarde, su hijo Herodes Antipas, fue el que intervino en su muerte.

      La vida pública de Jesús puede ubicarse desde tres ciudades: Nazaret, Cafarnaúm y Jerusalén.

  • En la aldea de Nazaret transcurrió la primera y más larga etapa de la vida de Jesús.
  • Cafarnaúm fue el centro de actuación durante su ministerio público.
  • En Jerusalén tuvo lugar su manifestación a todo Israel y el misterio de su Pascua.

   B.- Situación Social y Económica:

           Las clases sociales en tiempos de Jesús:

  • Había clases altas y ricos poderosos como los saduceos y los sacerdotes, comprometidos con los romanos (Cfr. Jn. 11, 47-48), los soberanos de la corte, los grandes latifundistas, comerciantes y cobradores de impuestos.
  • La clase media la formaban pequeños comerciantes y artesanos que trabajaban como obreros independientes, pero muchos de ellos en el templo de Jerusalén.
  • La clase baja formada por la inmensa población judía que incluía a muchos menesterosos por falta de trabajo o de ocupación, enfermos y trabajadores en labores que ensuciaban.

     Y aunque Galilea era la región más rica de Palestina, porque su economía estaba basada en la agricultura, la ganadería y la abundante pesca, la mayoría eran jornaleros, empobrecidos a causa de constantes impuestos y ofrendas que los sometía a la miseria, la inmundicia y enfermedades, que los orillaba a vivir en constante rebeldía social.

     Dentro de Judea, la situación económica de Jerusalén (que significa “morada de la paz”) era la más próspera. Lugar donde estaba el único templo de todo Israel y que por las constantes peregrinaciones e impuestos, llegaban a ella riquezas que eran controladas por las familias sacerdotales.

     Los evangelios nos ofrecen algunos datos significativos sobre la situación económica de Palestina:

  •  Grandes terratenientes que arrendaban sus campos a cambio de una parte de los frutos (Mc. 12, 1-12).
  • Jornaleros que se reunían cada día en la plaza, esperando ser contratados (Mt. 20, 1-16).
  • Recaudadores de impuestos (Mc. 2, 13-14; Lc. 19, 1-10).
  • Mendigos que pedían limosna en los cruces de los caminos (Mc. 10, 46-52).

     C.- Situación cultural y religiosa:

        Los sacrificios, constituían lo esencial del culto externo a Dios y consistía en ofrecer animales o vegetales para expiación de los pecados, panes y ofrendas de incienso (Cfr. Ex. 30, 34-38; Lv. 1-7).

     Las oraciones también era un acto de culto. El sábado era el día de descanso, de alegría y de alabanza a Dios, día en que los judíos se reunían en la sinagoga cercana a su domicilio.

     El templo era el lugar de culto por excelencia. Hacia él subían todos los judíos, por lo menos una vez al año y era el único sitio en el que, según la ley de Moisés, se podían hacer los sacrificios prescritos; solamente allí el pueblo podía responder con toda fidelidad a Dios y vivir la Alianza.

     El templo, acaparado por la clase dominante, resumía en sí los poderes económico, político y religioso:

  • Como lugar de poder económico, era el centro más importante del comercio y de intercambio monetario; además de funcionar como banco, porque a su administración confiaban sus riquezas los terratenientes.
  • Era la sede del sanedrín.
  • A él acudían todos los judíos.

        De allí la razón de la postura que Jesús tomó ante él templo y sus líderes, pues los diversos grupos y movimientos que existían, en tiempos de Jesús, se definían por su postura con respecto a la ley y al templo.

  • Los maestros de la ley y los fariseos, se preocupaban por conocer la recta interpretación de la ley, y eran los maestros del pueblo.
  • Los saduceos pertenecían a la clase sacerdotal y estaban vinculados al templo, a quienes los sumos sacerdotes confiaban los bienes del templo, para que los trabajaran.

     En síntesis, ésta era la situación de Israel en tiempos de Jesús, y en el seno de este imperio nació el cristianismo.

      Jesús, a través de su familia y de su pueblo, con los problemas existentes, se forma en la comunidad judía, que le da su manera de ser y de hablar, y le proporciona una cultura concreta. Muy cercana a Él estaba María, quien guió los primeros pasos de Jesús y lo formó como un judío, que acudía a la sinagoga y conocía la ley de Moisés.

3.- Conclusiones para valorar la Encarnación de Jesús:

a.- ¿Qué supone decir que Jesús asumió toda la condición humana?

b.- ¿En qué nos ayuda conocer la situación social, en tiempos de Jesús?

c.- ¿En qué se parece nuestra situación social a la del tiempo de Jesús?

d.- Entonces: ¿Qué supone decir que estamos llamados a vivir la encarnación de Jesús?

4.- Tarea:

a.- lee Marcos 12, 1-12

b.- Ahora has una reflexión del texto y di: ¿Tú, cómo estás dispuesto a proceder frente a Jesús y por qué te dispones a vivir de esa manera?

c.- ¿Qué características la vas a imprimir a tu vida de servidor de la viña del Señor?

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ISRAEL, ESPERABA AL MESÍAS

Objetivo: Conocer lo que el pueblo de Israel esperaba del Mesías, para comprender mejor a Jesús y su misión.

1.- ¿Qué es lo que animaba al pueblo?                                         

         Lo característico de la historia de Israel es la expectativa de la llegada del Mesías, que significa “ungido” y que según los expertos, se refiere a una persona a la que Dios ha asignado funciones o poderes especiales y que traducida al griego se dice Christos, vocablo del que se deriva Cristo, quien traería la salvación definitiva. Por esta expectativa, el pueblo ni idea tenía de la Encarnación de Dios, en la segunda persona de la Santísima Trinidad, simplemente pensaban en una persona a la que Dios le daría poderes extraordinarios, por lo que algunos pensaban en un jefe guerrero o un gran político, que tendría la capacidad de restablecer la monarquía en Israel y hacer papilla a todos los pueblos, para desquitarse de todas las afrentas que habían sufrido a lo largo de los siglos, o de menos un líder religioso que purificara y exigiera el cumplimiento puntual de la ley, por el ambiente que se vivía ante la dominación romana y el legalismo religioso; así que muchos judíos pensaban que ésta situación llegaría a su fin con la venida del Mesías, mientras que sólo un resto insignificante aguardaba la venida de un siervo sufriente, como lo describía Isaías.

    a.- Leer: Lucas 3, 15-20

    b.- Preguntas a propósito del texto:

          1.- Ante la pregunta del pueblo sobre Juan, ¿Qué consideras que esperaban de él?

          2.- ¿Qué fue lo que aclaró Juan Bautista, ante las interrogantes del pueblo?

          3.- ¿Qué claridad notas en el Bautista a diferencia de las expectativas del pueblo?

     Mesías es una palabra hebrea que en griego se traduce como Cristo; por lo que tanto Mesías como Cristo significan ungido, aquél en cuya cabeza se ha derramado aceite, para consagrarlo a una tarea concreta, a una misión especial; por eso, el pueblo simplemente pensaba que a un hombre común Dios lo elevaría a un rango extraordinario; por eso veamos un poco de dónde surgió esta idea de Mesías.

2.- La monarquía de Israel:

        En el tiempo de la monarquía de Israel, la palabra Mesías se aplicaba a los reyes, ya que, al ser elegido éste era ungido con aceite (Cfr. 1ª. Sam. 16, 13). Monarquía que se implanta definitivamente con David y éste pasa a ser el “Ungido de Yavé”

     También se designará con la palabra Mesías a un miembro de la dinastía de David. Finalmente se reservara esa palabra para indicar al rey que ha de venir, a quien se le dará el título de hijo de David o de hijo de Dios.

     Estos dos calificativos de “hijo de David” o “hijo de Dios” tienen su origen en la promesa mesiánica, que Dios hace a David a través del profeta Natán (Cfr. 2 Sam. 7, 12-16) y que con el tiempo, cada grupo hará una interpretación de esa promesa, de acuerdo a sus intereses y a ésta diversidad de ideas se le conoce como mesianismo, porque en el fondo todos buscarán se restablezca la monarquía, sea a base de las armas, de la ley o del liderazgo político, esperanza que alimentó la fe de muchos israelitas.

3.- El Mesías en el Antiguo Testamento:

        Los textos del Antiguo Testamento describen la figura del Mesías acentuando los siguientes rasgos:

  • El Mesías será un guerrero que combatirá a los enemigos y librará al pueblo, restaurando el reino de Israel (Cfr. Sal. 72, 1-139; 110, 1-7).
  • El Mesías sería un gobernante revestido de virtudes, tales como al justicia, la equidad, la humildad y la mansedumbre (Is 11, 1-5)
  •  El Mesías manifestará interés por su pueblo, particularmente por los pobres, los necesitados, los huérfanos, las viudas y los extranjeros (Is. 61, 1-3)
  • A través del Mesías, Dios establecerá su Reino mesiánico entre los hombres.
  • El Mesías se identificaría con la figura del siervo sufriente (Is. 23, 1-9;  50, 4-11;  52, 13-53, 12); para ser plenitud de la alianza entre Dios y su pueblo. Ser luz de las naciones. Dar la vista a los ciegos y liberar de la cárcel a los cautivos. Hacer que el pueblo vuelva a Dios y llevar la salvación hasta los confines de la tierra (Is. 42, 1-9; 49, 1-6;  50, 4-11;  52, 13-53,12).
  • Aceptando pacientemente el sufrimiento y la muerte, cargará con los pecados de muchos, intercederá por los rebeldes y finalmente vería la luz (Is. 53, 12).

4.- El Mesías en el Nuevo testamento:

         A través de los evangelios podemos ver también la esperanza de muchos judíos puesta en el Mesías. Según algunos textos del Nuevo testamento, ésta será la función del Mesías:

  • Vendrá a liberar a Israel (Cfr. Lucas 24, 21).
  • Será rey como David (Cfr. Juan 18, 33) y profeta como Moisés (Cfr. Juan 6, 14-15).
  • Restaurará el reino de Israel (Cfr. Hechos 1, 16).
  • El Mesías es descendiente de David, Jesús a quien los jefes de Israel desconocieron y sin tener delito lo clavaron en la cruz, pero Dios lo resucitó (Hechos 13, 22-25).

5.-Tarea para sintetizar el tema:

    a.-  Lee Lucas 4, 14-23 y di:

1.- Ante este texto: ¿Consideras que Jesús se adecuó a las esperanzas de la mayoría?

2.- ¿Por qué clase de Mesías optó Jesús y ésta por qué es auténtica buena nueva?

   b.- Has una oración en la que expreses tu disposición a consagrar tu vida en el Espíritu Santo.

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JESÚS, LA PROMESA DEL PADRE

Objetivo: Conocer desde la Biblia el mesianismo de Jesús, para descubrir cómo rebasa y supera todo interés humano.

1.- Leer Juan 1, 35-47.

     Preguntas sobre el texto bíblico:

         1.- ¿Qué dijo Juan Bautista de Jesús?

         2.- ¿Qué suponen estas palabras?

         3.- ¿Qué produjo Juan Bautista en sus discípulos y éstos qué hicieron?

         4.- ¿Cuánto tiempo se pasaron con Jesús y qué le terminó diciendo Andrés a Simón?

         5.- ¿Después que Felipe estuvo con Jesús, qué le dijo a Natanael de Jesús?

         6.- y tú, ¿Qué puedes decir de Jesús a los demás y por qué?

2.- El Mesías desde los Evangelios:

        El Nuevo Testamento recoge las esperanzas que se fueron dando en el Antiguo Testamento de un Rey-Mesías que traería paz y justicia a la nación, y que se compadecería de los pobres y desvalidos para ayudarlos. Sobre todo Juan, que nos ofrece textos alusivos al Mesías Salvador, aplicados a Jesús.

     Jesús comienza su vida pública proclamando que “el reino de Dios ha llegado con Él”, a través de su acción; esto es, la soberanía de Dios sobre toda la creación para llenarnos de su amor, pues el Reino de Dios se hace presente en Jesús y en sus discípulos, ya que consiste en la relación nueva que Dios establece con los hombres, especialmente con los pobres, por medio de Jesús (Mc. 1, 1. 14.15).

     Para los cuatro evangelistas Jesús fue ungido por Dios como “Mesías-rey” cuando descendió sobre Él el Espíritu Santo. A orillas del Jordán, en su bautismo (Mt. 3, 16; Mc. 1, 10; Lc. 3, 22; Jn. 1, 32), e inaugura el Reinado de Dios en el mundo, desplazando a Satanás; además, como profeta, Jesús proclamará y sembrará la Palabra de Dios, en la realización de sus milagros, pues será el nuevo Elías, el nuevo Moisés (Cfr. Jn. 6, 14-15).

     Mateo, al inicio de su evangelio, presenta la genealogía de Jesús, que tiene como fin manifestar que es Jesús el Hijo de Abraham y de David, para decirnos de esta manera que Jesús tiene una procedencia real, la davídica (Cfr. Mt. 1, 1-17); mientras que Lucas recuerda en la anunciación de María las profecías de Isaías (Is. 7, 14), porque para él, Jesús, es el Mesías-profeta (el que habla en nombre de la divinidad y no con el sentido de adivino), porque ha sido ungido por Dios, no con aceite sino con el Espíritu Santo, según la profecía de Isaías 61, 1.

     En San Juan, al inicio, hay dos afirmaciones sobre Jesús como el Ungido, después que ha tenido el encuentro con los dos primeros discípulos: “Hemos encontrado al Mesías…hemos encontrado a aquél de quien escribió Moisés en el libro de la ley, y del que hablaron también los profetas: es Jesús, el hijo de José, el de Nazaret” (Juan 1, 35-47).

     En San Lucas 4, 16-21, el Mesías debía ser ungido por el Espíritu Santo (Cfr. Is. 11, 2), a la vez como rey y sacerdote (Cfr. Zacarías 4, 14; 6, 13), pero también como profeta (Cfr. Is. 61, 1); así que Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey (Cfr. CEC 436).

3.- Jesús, el Mesías prometido:

       Numerosos judíos e incluso ciertos paganos que compartían su esperanza, reconocieron en Jesús los rasgos del Mesías prometido. Jesús aceptó el título que le correspondía, pero con reservas (Juan 1, 41), porque una parte de sus contemporáneos lo comprendían desde las esperanzas meramente humanas, pues ante la situación de opresión que se vivía, muchos esperaban un jefe guerrero que los liberara del  poder romano e implantara la monarquía en Israel, otros aguardaban a un líder político, mientras que otros esperaban la presencia de un legalista que purificara la ley (Cfr. CEC 439).

     Muchos, en Israel, tuvieron dificultades para reconocer a Jesús como Mesías, porque no se adecuaba a lo que ellos esperaban y menos viéndolo tan débil, pobre, sin influencias y sin haber ido a las grandes escuelas de instrucción religiosa; y como la gran mayoría ya no soportaba la dominación del imperio y las exigencias de los líderes religiosos, les parecía imposible Jesús fuera el Mesías, porque no podían comprender a un Mesías sufriente.

     Cuando Jesús habla de su muerte en cruz a unos griegos que querían verlo, la gente dice: “Nuestra ley nos enseña que el Mesías no morirá nunca…” (Juan 12, 20-22). Por eso, en el pasaje de Emaús, es Jesús quien instruye a los discípulos sobre los sufrimientos del Mesías (Cfr. Lc. 24, 25-26).

     Jesús trata de purificar la idea de Mesías que tenían sus discípulos, sobre todo después de la confesión de Pedro (Cfr. Mt. 16, 15-20), porque su destino mesiánico será como el del siervo sufriente que describe Isaías, de esta forma entrará en su gloria, por el sacrificio de su vida y esto es lo que naturalmente provocará gran desconcierto entre los judíos; pero, por el proceder sufriente de Jesús superará las expectativas que las personas de su tiempo tenían de Mesías, pues no viene a restablecer poderes humanos ni a provocar desquites, sino a establecer definitivamente el amor de Dios, que cambia radicalmente el curso de la historia y establece una humanidad nueva, por su entrega en la cruz.  El mesianismo de Jesús, por eso engloba y supera las profecías del Antiguo Testamento; así como las expectativas de su tiempo, pues ejerció su mesianidad de manera muy diferente a la idea tradicional que existía, porque Jesús es un Mesías sufriente. Sólo a la luz de la Pascua será comprendido este misterio.

 

4.- Conclusiones para la vida:

   a.- Situación actual:

         1.- hoy, ¿Qué deformaciones notas en las personas, de lo que esperan de Jesús?

        2.- ¿Qué se puede hacer para provocar un cambio en esas esperanzas?

        3.- ¿Qué se debe hacer para lograr un auténtico conocimiento de Jesús?

   b.- Nuevas actitudes:

        1.- Si reconocemos que el Mesías es Dios, ¿Esto qué nos exige como cristianos?

        2.- ¿Qué sentido le debemos dar al sufrimiento y cómo atender a los que sufren?

        3.- ¿Qué nos proponemos realizar para contribuir al Reino que nos trae?

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