Archivo categoría P. Crispín
La puerta estrecha
Por admin - P. Crispín - 23/Ago/2010
El ser humano se distingue de los animales y de las cosas por su inteligencia y su voluntad. Un perro no decide su menú de la semana y si el chofer no enciende y conduce el carro, éste permanecerá siempre estacionado. Gracias a la voluntad, los seres humanos tenemos la capacidad de decidir nuestras acciones. El ser humano trabaja porque quiere trabajar, estudia porque quiere estudiar, ama porque quiere amar, va a Manzanillo o a Guadalajara porque quiere ir a esas ciudades. A este querer se le llama voluntad. En resumidas cuentas, por voluntad se entiende la capacidad de decidir por sí mismo, de modo consciente y libre, y mantenerse firme en la decisión tomada, por encima de las dificultades, contratiempos y estados de ánimo. Terminar un trabajo o una tarea escolar aunque esté cansado y me esté cayendo de sueño; estudiar una materia que es difícil de entender o no es de mi agrado; recoger las cosas que están fuera de su lugar, a pesar de la flojera que me cargo; levantarme temprano por la mañana, aunque no tenga la menor gana de hacerlo; saludar amablemente a una persona a quien desprecio, etc., etc., Todo esto y más es ejercicio de la voluntad.
En efecto, la voluntad necesita y debe ejercitarse constantemente; de lo contrario se debilita y se atrofia. Considero que esta es una de las graves fallas de la educación actual. Muchos papás permiten que sus hijos hagan todo lo que quieran y les cumplen todos sus gustos. Procediendo así, están formando personas de carácter débil, de voluntad frágil, que ni mandados a hacer para convertirse en buenos para nada y para ser víctimas fáciles de los vicios. Impuestos a que les cumplan siempre sus gustos, no serán capaces de decir «no» a las drogas, al tabaco o al alcohol, por mencionar los ejemplos más comunes. En la naturaleza, donde no existen la inteligencia racional ni la voluntad, encontramos ejemplos de esfuerzo y tenacidad para vencer las dificultades más increíbles. Dicen que el salmón, cuando le llega la época de remontar el curso de los ríos para cumplir la misión de reproducirse, enfila la corriente y, durante todo el viaje, apenas se alimenta de otra cosa que no sean las reservas de su propio organismo. Hay que recordar que los salmones nadan contra la corriente y a cada rato realizan saltos extraordinarios para superar obstáculos.
Comunicación y Diálogo
Por admin - P. Crispín - 23/Ago/2010
El mejor medio para que las familias puedan crecer en el amor y vivir en armonía es la COMUNICACIÓN y el DIÁLOGO. La mayoría de los problemas y de los fracasos conyugales y familiares se deben a la falta de comunicación. Los esposos no dialogan entre sí. Los papás tampoco conversan con sus hijos. Y como consecuencia, acaban por alejarse unos de otros y huir. Así pues, la LLAVE que abre la puerta del buen entendimiento y de la unión en el amor matrimonial y familiar es el diálogo.
Cuando hablamos de comunicación, no hablamos de la comunicación secundaria, ni del diálogo funcional, que consiste en intercambiar información, en hablar de temas superficiales, de cosas prácticas que ayudan a organizar mejor la vida familiar: ¿En cuál escuela vamos a inscribir a nuestro hijo (a)?, ¿A dónde vamos a ir el próximo domingo?
Esta clase de comunicación parte del exterior de uno al exterior del otro. Es comunicación de fachada a fachada.
Los esposos pueden hablar mucho sin comunicación alguna. Pueden platicar sobre las noticias del día, sobre política, temas culturales, inquietudes familiares acerca de la economía, el negocio, los problemas de los hijos adolescentes, la religión…pero sin abrir las puertas de su interior. La comunicación o diálogo verdadero no significa conversar, intercambiar preguntas y respuestas. Es compartir sentimientos, anhelos, dar algo mío, algo que forma parte de mi ser.
Un cónyuge pregunta al otro: ¿Qué te pasa?, y el otro responde secamente: ¡Nada!». Ese nada puede significar: «¿Qué te importa?», «No te metas en lo que no te importa», «No necesito tu ayuda». Una manera altanera de poner doble cerradura, DOBLE LLAVE a la puerta del interior de la persona. Las consecuencias son desastrosas. Se va acumulando amargura sobre amargura hasta que estalla la bomba, abriendo heridas incurables.
Nuestra Señora de la Anticipación
Por admin - P. Crispín - 16/Ago/2010
El 1 de noviembre de 1950, en la plaza de San Pedro, el Papa Pío XII proclamó solemnemente el dogma de la Asunción de la Santísima Virgen María con estas palabras: «Pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial».
La Virgen María es Madre de Dios, sin dejar de ser criatura humana. Pero es un ser humano del todo especial y fuera de serie precisamente porque fue llamada a ser la Madre de Dios. En virtud de este gran privilegio ella participó de los dones de la salvación de Cristo, su Hijo, por anticipado. Entre las más de once mil advocaciones de la Virgen, debería de existir la de «Nuestra Señora de la Anticipación». Allá, en el lejano siglo XIII, santo Tomás de Aquino, se oponía a que la Iglesia declarara como dogma la Inmaculada Concepción de María, no por falta de fe y de amor a la Madre de Dios, sino porque en esa época medieval él no alcanzaba a entender cómo la Virgen podía ser liberada por Cristo el Salvador de toda mancha de pecado original en el instante de su concepción, si Cristo todavía no había nacido ni mucho menos muerto y resucitado.
Pero el Espíritu Santo que guía a la Iglesia y la ilumina para que comprenda con claridad los misterios de la salvación, ayudó a la comunidad de creyentes a dar con la respuesta, disipando las dudas. Y la respuesta fue: Dios liberó a María, su Madre, de toda mancha de pecado desde el momento en que fue concebida por sus padres, por anticipación, es decir, antes de que su Hijo muriera en la cruz y resucitara. Dios se anticipo con su Madre querida y adorada, así como un papá adelanta a su hijo el regalo de cumpleaños. Cuando se trata de bienes auténticos a todo mundo le caen bien los anticipos.
Con la Asunción a los cielos de María Santísima, Dios volvió a recurrir a las anticipaciones. Veamos. El Papa Pío XII afirmó que la Inmaculada Madre de Dios, «terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial». Cuando la Virgen terminó su ciclo vital en esta tierra, fue elevada a los cielos en cuerpo y alma. Una tradición muy antigua y arraigada profundamente en el pueblo cristiano, sostenía que la Virgen no murió, sino que sólo se «durmió» o que fue llevada al cielo mediante un «tránsito» especial, sin pasar por la agonía ni la muerte. Otros cristianos creían que María sí murió, puesto que hasta el mismo Hijo de Dios había muerto en la cruz. A lo largo de los siglos se discutió este asunto. El dogma de la Asunción no definió si María murió o no. Solamente definió que la Virgen «terminó el curso de su vida terrena» y que cuerpo, sin corromperse en el sepulcro, fue glorificado junto con su alma.
Eviten toda clase de avaricia
Por admin - P. Crispín - 1/Ago/2010
El rico industrial del Norte se horrorizó cuando vio a un pescador del Sur tranquilamente recostado contra su barca y fumando un cigarrillo. »¿Por qué no has salido a pescar?», le preguntó el industrial. »Porque ya he pescado bastante por hoy», respondió el pescador. »¿Y por qué no pescas más de lo que necesitas?», insistió el industrial. »¿Y qué haría con eso?», preguntó a su vez el pescador.
-»Ganarás más dinero», fue la respuesta. «De ese modo podrías poner un motor a tu barca. Entonces podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Entonces ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que obtendrías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas…y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico, como yo».
-»¿Y qué haría entonces?», preguntó de nuevo el pescador. »Podrías sentarte y disfrutar de la vida», respondió el industrial.
-»¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento?», respondió el satisfecho pescador.
Esta historia expone dos maneras de valorar la vida, dos formas de conseguir los bienes materiales que aparentemente conducen al mismo fin: sentarse y disfrutar la vida. Quien vive sólo para acumular dinero y riquezas, a causa de su avaricia, disfrutará muy poco de la vida; y además, Nadie puede asegurar al avaro que vivirá lo suficiente para gozar de sus bienes. A unos hermanos que peleaban entre sí por la herencia y a la multitud ahí reunida, Jesús propuso la siguiente parábola: «Un hombre rico obtuvo una gran cosecha y se puso a pensar: ¿Qué haré, porque no tengo ya en donde almacenar la cosecha? Ya sé lo que voy a hacer: derribaré mis graneros y construiré otros más grandes para guardar ahí mi cosecha y todo lo que tengo. Entonces podré decirme: Ya tienes bienes acumulados para muchos años: descansa, come, bebe y date a la buena vida. Pero Dios le dijo: ¡Insensato! Esta misma noche vas a morir. ¿Para quién serán todos tus bienes?» (Lc 12,13-21).
El Señor pronunció esta parábola para invitar a sus discípulos a no dejarse encadenar por la avaricia: «Eviten toda clase de avaricia, porque la vida del hombre no depende de la abundancia de los bienes que posea». En este pasaje del evangelio, que leemos en la misa del domingo 1 de agosto de 2010, Jesús nos ofrece una magnífica enseñanza sobre ese vicio capital. La avaricia es un deseo desmedido de bienes materiales. El avaro quiere tener más de lo debido. Su pecado consiste en el exceso. Jesús no pide a sus discípulos que no tengan bienes materiales, puesto que cada persona humana desea y debe tener, según sus circunstancias, las riquezas necesarias para vivir. Tampoco se opone al desarrollo económico ni al esfuerzo que hacen los empresarios para crear más empleos y riqueza. Lo que condena es la avaricia, que lleva a las personas a vivir en función del dinero y su acumulación, pensando únicamente en sí mismas y negándose a toda forma de generosidad y de solidaridad con los que sufren.
Pidan y se les dará
Por admin - P. Crispín - 25/Jul/2010
En una sociedad como la nuestra, dominada por la técnica y por el activismo, resulta muy difícil orar. Hasta en el mismísimo templo, los celulares interrumpen con demasiada frecuencia la oración de la asamblea cristiana. A Dios debió gustarle mucho aquella famosa canción del compositor mexicano José Ángel Espinoza Ferrusquilla que seguramente canta varias veces al día mirando hacia la tierra: «El tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mí… no importa que sean dos minutos». Pero a la gente no le queda tiempo libre para dedicarlo a Dios.
Orar es hablar con Dios, como un hijo habla con su papá y con su mamá, como un amigo habla con su amigo. Esto es posible, según los grandes pensadores cristianos, porque Dios mismo nos ha creado con capacidad para buscarlo, encontrarlo y entrar en comunicación con él. Dios atrae hacia sí a los hombres y mujeres, como el imán atrae al hierro, solía decir san Francisco de Sales. ¿Por qué, entonces, a menudo los seres humanos no sentimos deseos ni gusto por encontrarnos y dialogar con Dios en la oración? Este santo explicaba que cuando un imán no atrae a un hierro es por alguna de las siguientes razones: porque entre ambos se interpone un diamante; porque el hierro está cubierto de grasa o pesa mucho o está a demasiada distancia del imán. «Así le ocurre al hombre, concluía el santo. Cuando no siente el atractivo de Dios es o porque entre ambos se interponen las riquezas (el diamante), o porque está sumido en el mar de la sensualidad (la grasa), o porque se ama demasiado a sí mismo (el peso), o porque los pecados le han alejado de Cristo excesivamente (la distancia)».
Tal vez, uno de los mayores obstáculos para la oración cristiana, en el mundo de hoy, es el modo de pensar utilitarista que encuentra amplia cabida en las mentes actuales. Según esa idea, sólo tiene valor aquello que produce alguna utilidad inmediata. Lo malo es que no sólo aplicamos este criterio a las cosas, sino también a las personas y a la oración. ¿Para qué sirve la oración?, se preguntan no pocos creyentes. ¿Para qué rezar si no siempre Dios nos concede lo que le pedimos? Por tanto, negocio que no deja, dejarlo. Esta dificultad nos obliga a considerar una forma muy común de oración (para muchos, la única) que se llama oración de petición.
Oración es hablar con Dios, pero no necesariamente para pedirle favores. Un hijo no habla con su papá sólo para pedirle dinero. Es natural que pidamos tantas cosas a Dios porque somos seres demasiado necesitados. No es un error pedir a Dios en la oración, siempre y cuando nos fijemos bien en qué cosas pedimos y cómo las pedimos. Una joven estudiante de 17 años decía que siempre pedía a Dios le ayudará a pasar con éxito los exámenes, hasta el día en que adelgazó. «Y eso no se lo debía a Dios aseguraba la chica-, sino a mi fuerza de voluntad para llevar una dieta rigurosa, privarme de pasteles y de nieve y soportar horas de ejercicio físico. De golpe comprendí que con los exámenes pasaba lo mismo. Y poco a poco a poco dejé de rezar. No le encontré sentido». Este testimonio, que expone el P. Luis González-Carvajal Santabárbara en su «Teología para universitarios», parecería dar la razón a quienes piensan que sólo rezan aquellos que tienen miedo de ser responsables porque, quien no necesita bules para nadar, no necesita rezar.
Se sentó a los pies de Jesús
Por admin - P. Crispín - 19/Jul/2010
Fueron los griegos antiguos quienes dividieron el trabajo humano en intelectual y manual. Según esta clasificación, en este mundo unas personas se dedican a pensar y otras, la mayoría, a realizar trabajos prácticos. Platón, el filósofo griego de la antigüedad determinó que el trabajo de mayor honor y altura, era el trabajo mental, mientras que el trabajo manual era secundario y estaba destinado a la plebe. En la Edad Media se le llamó trabajo servil, es decir, realizado por sirvientes o esclavos.
Debido a una falsa interpretación del libro del Génesis, surgió una idea equivocada del trabajo que todavía prevalece en las sociedades cristianas actuales. Algunos pensadores cristianos creyeron que las palabras de Dios Creador dirigidas al primer hombre caído en la culpa original: «Ganarás el pan con el sudor de tu frente» (Gén 3,19), convertía al trabajo en una maldición. Pero esta manera de entender el texto bíblico es falsa por incompleta. Porque, según la Sagrada Escritura, el trabajo no es una maldición, sino una bendición. Llevado a cabo, según los planes divinos, dignifica y desarrolla al ser humano. Los burros trabajan, y muy duro, pero a pesar de ello, siguen siendo los mismos burros de siempre. En cambio, con su trabajo el ser humano ha logrado los increíbles progresos que tanto admiramos y disfrutamos.
Por desgracia, en nuestra época han aparecido nuevas ideas equivocadas sobre el trabajo. Según el pensamiento llamado liberalismo y nuevo liberalismo capitalista, el trabajo vale por la ganancia financiera, según el mercado. El capitalista usa el trabajo para enriquecerse, el pobre trabaja porque está obligado, ya que si no se moriría de hambre. Pero ni el primero ni el segundo se interesan demasiado por lo que hacen y a menudo ni siquiera se preguntan si es moral o inmoral. Existe también otra mentalidad que convierte el trabajo en el valor principal de la vida. Patrones y obreros se sacrifican por ellos mismos y por los demás para que se produzca más y mejor. De este modo, los trabajadores terminan convertidos en una especie de máquinas vivientes y en esclavos de su oficio, sin tiempo para sí mismos, para su familia y para el descanso.
Existen muchos problemas en el mundo laboral: desempleo, bajos salarios, niños que trabajan, explotación, discriminación e inseguridad laboral, activismo, estrés, irresponsabilidad, injusticia, etc. Pero, casi nunca se habla del más grave de todos los problemas laborales que es la falta de sentido del trabajo. ¿Por qué trabajamos? ¿Para qué trabajamos? ¿Vale la pena pasarse la vida trabajando, sin tiempo para otra cosa? Al final de cuentas, nadie sabe para quien trabaja. Sin un sentido que valga la pena, el trabajador no trabaja a gusto y experimenta esta actividad como una carga insoportable. Hay quienes trabajan cantando y hay quienes trabajan echando vigas, sapos y culebras. El sentido auténtico del trabajo no puede ser la producción de bienes materiales, ni la acumulación desmedida de ganancias, sino el desarrollo personal. El trabajo tiene sentido cuando permite que las personas cultiven su inteligencia y libertad y desarrollen sus demás capacidades y habilidades. San Juan Crisóstomo, Padre de la Iglesia que vivió en el siglo IV y principios del siglo V d.C., se preguntaba si Adán trabajaba en ese paraíso donde todo abundaba. Y respondió que sí trabajaba para desarrollar su personalidad.
Bienaventurado el que lee
Por admin - P. Crispín - 19/Jul/2010
No basta tener una Biblia en el hogar.. Es necesario leerla, estudiarla y meditarla. Aquí es donde las comienzan a aumentar las dificultades. Se tiene la Biblia en la familia, pero no se lee. Un gran problema es que la familia mexicana y colimense no lee. La UNESCO considera lector ordinario a quien lee por lo menos 20 libros al año. Los índices de lectura en México y en Colima siguen siendo demasiado bajos como resultado de muchas causas, entre ellas, la pobreza, la marginación y su consecuente retraso cultural. El escritor Mexicano Gabriel Zaid piensa lo contrario: «el problema del libro escribe- no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer».
Se da el caso de muchos profesores que alaban ante sus alumnos las grandes obras que ellos mismos no han leído. Total, que en nuestras casas no hay libros ni ejemplos de lectores. Además, nos ha tocado vivir en la época de la imagen. En nuestra cabeza hay imágenes y pensamientos que no son la misma cosa. Las imágenes son una ayuda para pensar. Por ejemplo, viendo la imagen de una llanta de carro, de una tapadera de olla, de un DVD, es como llegamos a formarnos en la cabeza la idea de «círculo». Los animales también tienen imágenes en su cerebro, pero ahí se quedan. No llegan a las ideas, al pensamiento. No piensan. Por eso el filósofo italiano Giovanni Sartori llama al ser humano de hoy HOMO VIDENS, es decir, hombre visual o de la imagen, el hombre que absorbe imágenes a través de la televisión, el cine, los carteles, y los anuncios espectaculares. El defecto de este ser humano visual es la flojera para leer y también para pensar. En otras palabras, la cultura de la imagen está acabando con el HOMO SAPIENS, con la naturaleza humana que consiste en pensar.
Aquí está un primer trabajo, el primer reto, que es condición para leer la Biblia: recuperar el hábito y el gusto de la lectura. Preferir el libro al DVD o a la TV. Somos los libros que leemos. Enseguida, es necesario que los papás se preparen y capaciten para la lectura creyente de la Biblia, para que la narren a sus hijos como historia sagrada, para que oren con los Salmos, para que recuerden los principales acontecimientos de la Salvación, para que anuncien a los suyos el Jesús de los Evangelios.
Familia educadora
Por admin - P. Crispín - 19/Jul/2010
Se cuenta que un pariente preguntó, en una ocasión, a un matrimonio: ¿Ustedes estarían dispuestos a prestar el carro nuevo que acaban de comprar, durante todo un día, a la empleada de servicio que tienen en su casa? Respuesta: ¿Cómo crees? ¡Ni que estuviéramos locos! Replicó el pariente: Y entonces,¿por qué dejan todo el día a sus hijos en manos de la misma empleada de servicio? Esta anécdota puede provocar muchas reacciones. A mí me ha puesto a pensar.
He pensado en la Sagrada Familia de Nazaret. José y María se hicieron cargo de la educación de Jesús. Dice el evangelista san Lucas que en el hogar de Nazaret Jesús «crecía», en edad y en sabiduría ante el agrado de Dios y de la gente. El hogar de Nazaret le permitía crecer. Porque ese hogar estaba basado en el amor verdadero. Ese hogar era pobre y por lo mismo se sufría; pero estaba cimentado en el amor. Jesús debió sentirse tan contento, tan feliz en su casa de Nazaret que llegó a esa conclusión que convirtió en el centro de su mensaje: el amor a Dios y a los demás es el resumen de la Biblia y es lo más importante de la vida, de todo. Lo que uno aprende en su casa, en la niñez y adolescencia, difícilmente se olvida. Cuando el Papa Juan XXIII cumplió 50 años escribió una carta a sus papás en la que les decía: «Desde que salí de casa he leído muchos libros y aprendido muchas cosas que vosotros no podíais enseñarme. Pero lo poco que aprendí de vosotros en casa es ahora lo más precioso e importante, que sostiene y da vida y calor a las demás cosas aprendidas después de tantos y tantos años de estudio y enseñanza». Ahora conocemos a este Papa con el sobrenombre del «Papa Bueno». Sus padres lo enseñaron a ser bueno.
Siempre ha sido difícil perseverar en el matrimonio, pero actualmente es todavía más difícil. Las cosas están tan duras que, para casarse por la Iglesia, los jóvenes necesitan mayor madurez. Sin esta madurez los matrimonios seguirán fracasando. Se necesita madurar en todos los aspectos, pero sobre todo en el amor. En la primera lectura (1Cor 13,1ss) san Pablo nos indica con claridad cuáles son las características del amor auténtico.
Grupo Parroquial de Matrimonios
Al verlo, se compadeció…
Por admin - P. Crispín - 11/Jul/2010
La vista es el sentido de la luz, del color, de las formas y de las distancias, Es nuestra cámara fotográfica, nuestro escáner fluido; ventana por la que el mundo entra a nuestro interior. La luz y las impresiones de todo lo que nos rodea pasan al cerebro a través de los ojos. Pero en el caso de las personas, la mirada no es solamente un acto físico, sino una acción humana que trasmite emociones, pasiones, sentimientos, pensamientos, odio, amor, ternura, tristeza, alegría, ansiedad o paz. Los ojos son las ventanas por las que se asoma el alma. Todo lo que vemos influye en nuestro interior. Una mirada indiscreta o maliciosa puede perturbar nuestro interior y desencadenar instintos y pasiones.
No siempre vemos o percibimos la realidad que nos rodea de la misma manera. Existe un modo de ver superficial, por encimita. Se trata de una mirada distraída, ausente. Un mirar sin ver o sin querer ver. Grandes investigadores del conocimiento humano, como Aristóteles y el filósofo y teólogo canadiense Bernard Lonergan (1904-1984) enseñaron que el camino que lleva a la verdad comienza con una mirada atenta. La ciencia comienza en la mirada que observa las cosas con atención, detenimiento y curiosidad. Un día, el físico inglés Isaac Newton se paseaba por la huerta tratando de encontrar el porqué caen las cosas, cuando de pronto vio que una manzana se desprendió de la rama y cayó al suelo. Todos nosotros también hemos visto caer al suelo limones, cocos o mangos, pero sólo Newton pudo descubrir la ley de la gravitación universal o de la gravedad, a partir de la caída de una fruta porque su mirada era atenta. Todo lo veía con ojos curiosos y penetrantes.
Ante una mirada distraída, superficial e indiferente, las personas y las cosas dejan de existir. «Pasó junto a mí y ni siquiera me vio. No me peló», se quejan amargamente aquellos que no lograron entrar en los ojos despistados y ausentes del amigo o familiar que pasó a su lado sin reconocerles. En realidad sólo existimos para aquellos por quienes somos mirados. Existir significa, entre otras cosas, ocupar un lugar en el espacio. La persona que ha fallecido ya no está, ya no ocupa ningún lugar en esta tierra y ha abandonado casa, cama, silla, carro, reloj, ropa… Sin embargo, los seres humanos existen auténticamente cuando logran ocupar un lugar en la pupila del otro. No obstante, debemos reconocer que muchas personas sólo pueden existir escapando de la mirada de sus semejantes. El escritor y periodista español José Luis Martín Descalzo relató la terrible historia de un hombre jorobado quién desde su adolescencia vivió encerrado en su casa, porque tenía miedo de la mirada de los demás. Es que, cuando la gente lo veía, se reía y se burlaba de él. Un día se cansó de su soledad, compró en una farmacia un tubo de tranquilizantes y se suicidó. Antes de realizar esta fatal decisión, víctima de las miradas asesinas, se acercó a un hospital y donó sus ojos.
Diálogo de sordos
Por admin - P. Crispín - 11/Jul/2010
La comunicación en el matrimonio tiene muchos obstáculos:
1) Comunicación «a medias». Se dice sólo en parte lo que se piensa o se siente. Daña mucho.
2) Prejuicios, que etiquetan y encajonan. Pero los obstáculos más duros, son los llamados
3) «MECANISMOS DE DEFENSA», fuente de antipatías, tensiones y conflictos. ¿Qué son los mecanismos de defensa? Son eso, «defensas», amortiguadores que inventamos para que nuestra pura y cruda realidad no nos golpee.
La principal causa de todos los mecanismos de defensa es la REPRESIÓN, que consiste en arrojar al inconsciente las ideas que nos desagradan, los deseos o aspiraciones que no aceptamos. Son sentimientos o ideas que perturban o avergüenzan, intenciones ocultas; emociones, sentimientos de inseguridad, ansiedad, agresividad, apatías. Las echamos de la conciencia para «olvidar», pero producen frustración.
Los principales mecanismos de defensa son:
RACIONALIZACIÓN. Se inventan pretextos para ocultar los verdaderos motivos. «Pretextos quiere el diablo». Un futbolista pierde el campeonato y se siente herido en su orgullo y amor propio, porque estaba seguro de que conseguiría la copa. Para no sentirse tan mal, dice a sus amigos: «Perdimos el partido porque había llovido y el campo estaba lleno de lodo».
FANTASÍA. Me defiendo con la imaginación de la realidad que no acepto. Invento que me casé con la estrella de cine del momento. Hay quienes llegan a soñar despiertos. PROYECCIÓN. Le echo la bolita al otro, como el caso de Adán y Eva. «Señor, la mujer que me diste…»; «Señor, la serpiente me engañó». «No me quieren, no me aceptan», en lugar de «no me sentí seguro de mí mismo». Lamentándose de sus hijos unos papás, dicen: «no quieren obedecer»; en lugar de decir: «No sé mandar». AGRESIÓN. Aquí la defensa es un genio de los mil diablos. Por ejemplo, el marido que llega tomado y a deshoras «muy enojado». Ese enojo es para que la mujer se impresione y no le reclame. DESPLAZAMIENTO (o transferencia). Consiste en trasladar ideas o sentimientos de una persona a otra. Pueden ser desplazamientos positivos: Por ejemplo, querer a alguien porque se parece al papá, a la mamá o a un amigo (a). También hay desplazamientos negativos: por ejemplo, odio a fulano (o), porque es amigo (a) de mi enemiga (o). REGRESIÓN. Regresar a etapas anteriores, inmaduras de mi vida. De este modo, evado mi responsabilidad. Comportamientos infantiles, gritos, llantos… VUELTA O CONVERSIÓN EN SÍ MISMO. Es un frustración que se manifiesta en quejas, dolor, enfermedad, úlcera, desgano o exceso en el comer.

