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UN AÑO CON EL PAPA FRANCISCO

papaComo agua se fue un año del pontificado del papa Francisco tras haber sido electo en sustitución del también Papa en retiro, Benedicto XVI, quien asumió su papel como fue su compromiso: en solitario, en oración con dignidad. En ningún momento afloró una situación de competencia o de influencia interesada de su parte respecto al Papa Francisco. Por lo que se aprecia en gráficas, son dos buenos amigos o mejor dicho, hermanos en Cristo.

Es muy poco tiempo un año para solventar todos los problemas que tiene la Iglesia Católica, algunos están en boga como el aborto, el homosexualismo, la pederastia, la creación y tráfico de embriones humanos, la disminución en el número de sacerdotes, el uso de métodos anticonceptivos, la corrupción en el Vaticano y un sin número de asuntos que interesan al papado y a la feligresía mundial como el de la consulta popular para saber qué piensan los católicos en relación a esos temas. Pero hay, sin duda, una visión nueva de la realidad religiosa y mundana y una toma de conciencia real del pastor de los católicos.

El Papa introdujo, para empezar, un modo de liderazgo distinto a sus antecesores, si por él fuera hasta a pie andaría; se le aprecia sencillo en su proceder y en su lenguaje; es eminentemente respetuoso (quién soy yo para juzgar a los homosexuales, se preguntó en una ocasión cuando de seguro su interlocutor esperaba una condena a este gremio ya tan numeroso) y muy agradable en su trato con todas las personas. Es un papa, se diría coloquialmente, a todo dar.

Este es el Papa Francisco, un hombre decidido a que la Iglesia adquiera un rumbo nuevo: el de la solidaridad mundial. Ha fustigado a los poderosos haciéndoles ver que no les hace daño compartir un poco de sus riquezas; ha instado a los gobiernos a hacer más por los pobres, los niños, los jóvenes y los ancianos. “Un poco de misericordia cambia al mundo, lo hace menos frío y más justo”. En otra parte de sus homilías, ha expresado que no cedamos jamás al pesimismo ni a la amargura que Satanás ofrece cada día. Y si de hablar claro se trata, se ha auto señalado como pecador y admitido que en el Vaticano hay una corriente de corrupción, pero también gente muy santa. Valiente declaración es esta.

Con el Papa llegó una forma nueva de entender la dinámica religiosa. Latinoamérica está aún de fiesta porque ve en él a una persona comprometida con los más pobres, pues si bien crítica a los poderosos no los desprecia sino que los bendice y los respeta en su conciencia. O sea, como Jesús, quien a pesar de rodearse de pecadores todos los días, no los rechazaba o humillaba sino que los convocaba a guiarse por el amor de Dios. Eso mismo es el Papa Francisco, quien no condena a nadie sino insta a seguir el camino del Evangelio.

Seguro que poco a poco se irán dando y consolidando resultados en su mandato. No es cosa fácil promover y lograr cambios, aunque sí es menos complicado conocer cómo piensa la Iglesia en esta época en que todo muda y cuando el hombre adoptado otros dioses (a Satanás), al que sirve y rinde pleitesía con sus conductas erróneas.

Que tenga el Papa la sabiduría y la fuerza para seguir guiando a nuestra Iglesia por la senda correcta. Si lloramos por él, Dios nos escuchará.

Carlos Orozco Galeana

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LA CONFIANZA

La virtud de la confianza es la certeza, apoyada en la virtud de la esperanza, que se tiene en uno mismo, en alguien o en algo. Puede existir el peligro de su abuso o recibir una confianza inapropiada, en el trato con la familia o con cualquiera otra persona. La confianza puede ser el primer paso hacia el descuido, pero también el primer escalón del éxito. Confiar en todo y en todos es insensato, pero no confiar en nadie ni en nada es un error.

Este es una aproximación elemental de la noción de confianza, que encierra una actitud o un sentimiento de cara a situaciones de la vida cotidiana. Los tiempos actuales han dificultado el ejercicio de esta noble pasión, pues cada vez más la gente desconfía de su prójimo. Amar a este, como lo pide Jesús, es complicado para muchos que de entrada se preguntan qué tipo de beneficio podrá obtenerse amando a quien no le tiene consideración alguna o entregándole su confianza.

En las relaciones sociales hay un sinfín de comportamientos humanos a partir de los cuales la mayoría extrema precauciones. La confianza mató al gato. Mucha gente que entrega su confianza a otro u otros, es traicionada e incluso al interior de las familias cuando hay aspectos económicos en juegos. No son poco comunes los casos en que, en el trámite de las herencias, un hermano logra convencer a sus progenitores de ser los únicos beneficiados y los sorprende con supuestos actos de voluntad traicionando la confianza y a sus demás familiares que tenían opción a los mismos bienes.

Por eso no extraña que cuando se hacen encuestas se determine que más del 60 por ciento de personas digan que no se puede confiar en la mayoría. Por ejemplo, en un interrogatorio, se preguntó: ¿si no te cuidas a ti mismo, las personas se aprovechan? La respuesta la dio en sentido afirmativo más del 85 por ciento de personas.

La confianza es vital para el desarrollo humano. No puedes andar por el mundo cuidándote siempre de los demás, pensando que pueden aprovecharse de ti y acaso perjudicarte. Es un error grave que uno no merece cometer. Cualquier relación ha de basarse en la confianza, la relación de pareja, de amistad, la que se da en el ámbito laboral, con los vecinos. Y en primer lugar la relación con Dios.

Con Jesús hay que llevársela a todo dar. El creyente tiene en él a alguien que no falla. Jesús, Dios, nos ama antes que otra cosa ocurra. Hemos de tenerle confianza, el sabe nuestro destino pero nosotros los clarificaremos en libertad. Si tenemos confianza en él, ¿por qué no también en el prójimo?

La confianza es generadora de alegría y paz. Uno se siente feliz y con certidumbre cuando tienen la cercanía de alguien al que se tiene confianza para contar con ella en ocasiones. Pero digamos que no es fácil que se generen vínculos al por mayor en estos días. Mucha gente, por experiencias desagradables que vive, se resiste a entregar su intimidad a otro por haber sufrido decepciones que a veces no se superan en la vida.

Pero nosotros no seamos de esos. Pensando como creyentes y practicantes de la doctrina de Jesús, abrámonos al prójimo con entusiasmo, con el mismo amor de Dios da al hijo pródigo cuando regresa a hogar. Es muy fácil proclamar esto, pero tenemos que afianzarnos como sea en una realidad que dificulta la generación de sentimientos de entrega al servicio de los demás.

Carlos Orozco Galeana

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¿DAS O RECIBES?

divorcioEsta pregunta es muy interesante pues nos revela la disposición o no del hombre respecto a sus semejantes. La doctrina cristiana hace énfasis en que dar es una forma de ser solidario y manifestar el amor que Cristo nos enseñó a dar. Dar debe ser, para toda persona, ocasión de sentirse íntegro, alegre, verdaderamente hermano.

Pero en la vida actual hay la tendencia de que las personas son más inclinadas a recibir que a dar. Si los padres en los hogares no mostraron a sus hijos esa forma de enaltecerse como humanos, difícilmente aprenderán y se decidirán a hacerlo. Los padres tienen que demostrar a los hijos con hechos, no con palabras, la forma y el fondo de dar hasta que duela, con acciones que queden reflejadas como ejemplos duraderos para que aprendan a ejercer esa virtud.

Dar significa sentir lo que siente el otro, comprensión y cariño. Es como decirle al prójimo que compartes su suerte o su situación y que no te cuesta trabajo auxiliarlo y ver por él. Es como decirle: te estoy amando porque Dios me ama y yo lo replico contigo.

Quien ha experimentado la felicidad que radica en el dar, siente como se le enciende el corazón cada que se habla de ello. Si queremos dar algo debe ser algo bueno, no lo que nos sobra porque así nuestra acción desmerece. Hay que dar hasta que duela, como decía la Madre Teresa de Calcuta. Dar ennoblece cuando se hace con dolor y sacrificio propio, dando lo que otros necesitan y nosotros tenemos, máxime si significa, para el da, un dolor económico, físico o emocional.

Hay que dar lo que más queremos. El hombre no debe ser esclavo de las cosas sino señor de ellas, ser libre; lo que se da con amor nunca se pierde para el que lo da, ya que dar no es perder sino trascender en el amor de Dios.

Dar es una expresión espiritual de la más alta raigambre, que nos hace sentirnos realizados porque comprobamos que hacemos feliz al otro viendo por él. Por el contrario, hacernos los indiferentes frente a quienes necesitan respaldo y sufren por carecer de algún tipo de satisfactor, nos ubica, por omisos, en las filas de los egoístas, de los sin amor.

Trabajemos duro y enseñemos a nuestros pequeños que servimos al Señor haciendo por los demás. Enseñémosles ese camino virtuoso pues no anularemos la realidad material e individualista que rige hoy como credo. Estoy seguro que se emocionaran al igual que quienes ya practican la acción de dar con vocación y gran frecuencia.

Dar es elevarse a ser humano pleno, es transferir a otros lo que Dios nos da a vastedad. ¿De qué sirve, pregunto, ignorar a nuestro prójimo y apegarnos a los bienes materiales si al final no nos llevaremos nada? Quien viva esta circunstancia última, no abonará nada a la humanidad, pasará inadvertida como alguien que no supo convivir con sus contemporáneos a los que incluso pudo haber despojado de lo que les pertenecía.

Salgamos de este pozo de egoísmo que no nos permite vincularnos con las necesidades del prójimo y demos, demos hasta que nos cansemos, hasta que duela, hasta que sintamos que lo que damos es algo que nos hace mucha falta pero que da más alivio a quien lo recibe.

Carlos Orozco Galeana

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MAMITIS

En las ocasiones en que platiqué con aspirantes al matrimonio como parte de un servicio parroquial, hice énfasis en la necesidad de que el vivieran los valores cristianos como un requisito indispensable para ser felices.

En ocasiones, sentía que a algunos les entraba por un lado y le salía por el otro las disquisiciones sobre el tema, pero ello no obstaba para seguir dialogando sobre lo esencial que es vivir la vida matrimonial con apego a la forma que mando Jesús: con amor auténtico e integridad absoluta.

En la actualidad, son frecuentes las noticias sobre las rupturas matrimoniales conocidas como divorcios. Colima se destaca como un lugar donde este fenómeno es notable. De hecho, lidera las estadísticas y muchos nos preguntamos cuáles son las razones que tiene la gente para separarse.

La incompatibilidad de caracteres es un argumento muy usado que alegan los conyuges en su afán de terminar con el lazo matrimonial. Aunque ya haya media docena de hijos, hay quienes basan sus alegatos en esa disconformidad.

Esto es ridículo. Como también es ridículo divorciarse por problemas económicos que todo mundo tiene pero que a muchos ahoga pensando que no tiene solución. También hay divorcios, por supuesto, por violencia o malos tratos o por desapego a los deberes de hogar.

Pero ojo que aquí viene un enemigo poderoso: la “mamitis”. Se conoce como “mamitis” a la inclinación o apego enfermizo de un hijo o hija tiene respecto a su madre y llega a interferir la relación matrimonial.

Hay hombres canijos que equiparan incluso las virtudes de la madre con las que tiene su mujer, que siempre sale perdiendo frente a aquella. Lógico. Igualmente, hay madres controladoras, abusivas, que no dejan en paz a la nuera o al yerno para que vivan su vida de esposos en paz y sin influencias que pueden resultar dañinas.

Ahora mismo, recuerdo a unos amigos que terminaron divorciándose porque en vez de correr a los brazos de uno y otro, como debía ser, corrían a los de mamá y papá los que, por cierto, agarraban partido ante sus problemas o desavenencias sin darse cuenta de que tenían sus manos unas tijeras poderosas que cortarían de tajo el lazo amoroso entre ambos.

Entonces, amigos y amigas mías, nada de “mamitis”. Los nuevos matrimonios han de organizar su vida con sus propios elementos. La misma palabra lo dice: casados, casa de dos, no de tres o de cuatro o más.

Los problemas han de procesarse entre dos personas maduras decididas a preservar y enriquecer sus vínculos de amor. Así se fortalecen los matrimonios, en la autonomía y la independencia.

¿Quieres fracasar como casado o casada? Ve y cuéntale todo a tu “papi” y “mami” y has a un lado a tu esposa o esposo. Permitirles a sus progenitores que opinen de lo que no se les pregunte y hágase sin chistar lo que ellos les digan. No hay manera más eficaz de ir minando poco a poco la confianza, la alegría y la esperanza entre los recién casados.

Ha de haber una relación de respeto entre las familias. Los padres han de mantenerse “lejecitos” de sus hijos e hijas, así se verán más bonitos. No tienen derecho a dinamitar una unión matrimonial que ha de consolidarse en la responsabilidad, en la fortaleza y la solidaridad de ambos.

Remató: ha de evitarse que el padre o la madre se conviertan psicológicamente en el verdadero cónyuge y la persona casada sea en la realidad substituida. “La mamitis es como una droga que debe evitarse por dañina pues incide negativamente en la vida conyugal”, apunta una diócesis italiana.

Carlos Orozco Galeana

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PORNOGRAFÍA

revistasSi uno va a los lugares donde venden periódicos y revistas observará que hay un cumulo de éstas en las que aparecen fotografías de mujeres jóvenes vestidas con tan sólo prendas menores que permiten verlas casi en su totalidad corporal, sonriendo satisfechas por lo que suponen un “logro artístico” y en posiciones francamente provocadoras para los varones.

No les quiero contar lo que ya saben, pero ese tipo de revistas se venden como pan caliente, aunque un poco menos que antaño. Hoy, la red Internet permite a los usuarios encontrar páginas y más páginas de lo que se llama pornografía, esto es, de materiales explícitamente sexuales en las que se ofrecen incluso contactos fáciles para todo público que se interese en acceder a la red y contratar servicios.

Este tipo de comercio basado en el cuerpo femenino pesa mucho dinero a sus promotores y a las mujeres mismas, que luego de pocos años, llegan a convertirse en empresarias; son pocas las que se retiran en el ambiente sexual y son más las que ya con la experiencia de vender el cuerpo incursionan en el jugoso negocio de la pornografía.

Los empresarios del sexo saben que cuando un hombre observa una imagen pornográfica, hay una reacción química en el cerebro, se libera la dopamina, hay euforia y cuando ésta se combina con excitación sexual, se convierte en lo que se llama la `receta perfecta´ para la adicción. De este modo, se sentirán más atraídos por películas y videos. A las mujeres por el contrario, les atraen más los sitios de charla en donde pueden desarrollar una personalidad falsa, de tal modo que pueden relacionarse eróticamente con hombres en internet, todo a base de palabra.

En Estados Unidos, pero también en México, hay una tendencia en las mujeres jóvenes a ver pornografía porque sus novios insisten que eso forma parte de su relación. Esto nos lleva al tema de lo que la pornografía ha enseñado a la gente joven: primero, ha mostrado a los jóvenes y adolescentes que las mujeres están allí sólo para su propio placer sexual, “esto denominado en la jerga común como filosofía sexual utilitarista, o en medios estudiantiles norteamericanos, la “hook up cultura” (o cultura adictiva)”.

La pornografía también enseña a las mujeres jóvenes a que para conservar a su novio, necesitan ser sexualmente activas y participar en sus ambientes. En E.U.A. se usa la cámara de los celulares para tomarse fotografías sin ropa y enviarlas a quienes ellas deseen. Pero también se sorprende a algunos y se suben a la red materiales sin consentimiento. Y hasta suicidios se han generado con ese comportamiento.

Ahora mismo, en las escuelas públicas mexicanas, son frecuentes los hábitos en los que subrepticiamente se usan los celulares para tomar imágenes de niños y jóvenes que luego son subidos a la red, provocando episodios vergonzantes.

Entre los problemas personales más comunes que tienden al uso de la pornografía se encuentran: el egoísmo, varias formas de soledad, inseguridad masculina, presiones de trabajo excesivas, conflictos matrimoniales y una vida espiritual débil. Por el contrario, cuando una persona se propone el crecimiento de virtudes, usualmente es mucho menos vulnerable a participar en los ambientes provocados por la pornografía.

Carlos Orozco Galeana

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CASINOS, LA PERDICIÓN

La ludopatía, adicción a los juegos de azar, está cobrando miles de víctimas en el país en la persona de padres de familia -hombres y mujeres- que se ausentan de sus responsabilidades esenciales. Siguen proliferando casas de juego llamadas casinos en donde se burlan jugadores, a los que se hace creer que ganarán buenos premios cuando éstos, verdaderamente, están programados para que se otorguen en porcentajes que garanticen primeramente las ganancias a sus dueños.

Los casinos están claramente contra la economía de padres de familia que han enfermado de ludopatía y no están conformes con sus ingresos ni con sus patrimonios ni con su forma de vivir. Los jugadores quieren más y más, sin duda, y por sus ambiciones son presa fácil de los propietarios de casas de juego. Hay también personas que no tienen un patrimonio, acaso sólo su trabajo y creen, ingenuos, en los golpes de suerte para hacerse ricos de pronto.

Un diario local reportó que algunos padres de familia, esclavos del vicio de “las maquinitas”, por dedicarse a jugar dejen sueltos a sus hijos en las tiendas comerciales exponiéndolos a sufrir algún daño de los mayores. Por su vicio, olvidan que en estos tiempos se cometen muchos delitos en México contra niños inocentes. Es tan delicado el problema que los responsables de esas tiendas comerciales se están organizando para proteger a estos pequeños, es decir ellos están más preocupados que sus progenitores.

Por supuesto que, cuando no los llevan consigo y los dejan sus casas, sufren en cierto modo abandono temporal, porque han de saber los lectores que hay jugadores que se pasan todo el día en casinos apostando a veces lo que no tienen. Pero si llevan a sus hijos a estos lugares, como lo hacen, éstos les estorban su presencia para continuar en su proceso enajenante.

En unas tres ocasiones que por curioso me asome alguna de las casas de juego de la ciudad, me percaté que de cada diez jugadores al menos siete eran mujeres, señoras que, una vez que los maridos salen al trabajo, se dirigen muy campantes a esos establecimientos en donde arriesgan hasta el gasto familiar diario.

Las autoridades deben intervenir y aplicar leyes que protejan a los ciudadanos de los abusos y el engaño que sufren al asistir a las casas de juego, y por principio no habrían de promover más esos lugares a pesar de que ellos les represente un ingreso legal. Es preferible ver por la gente que por los negociantes.

Los ciudadanos, esclavos del vicio del juego, han de atenderse de esa enfermiza inclinación, reconocer su adicción, su cuesta abajo y que es preciso liberarse acudiendo con psicólogos especialistas que los desate de esa locura. Y si son católicos, pueden acudir con las guías naturales como son los sacerdotes en los que encontrarán la respuesta más eficaz para superar sus debilidades.

Pero piense principalmente en los niños que abandonan y que pueden desarrollar también su afición por el juego. Sería muy grave pues estarían condenándolos a la esclavitud que ellos mismos parecen.

No es tarde para recapacitar en nuestras conductas equívocas. Ninguna esclavitud es buena porque termina con nuestra dignidad como personas. Los jugadores han de luchar para vencer la adicción que han adquirido y ofrecer, si son cristianos, su sacrificio al Señor y también a sus familias.

Carlos Orozco Galeana

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REVISIÓN EN EL VATICANO

Los matrimonios homosexuales, la forma de incluir en la iglesia a niños adoptados por parejas gay, los divorciados vueltos a casar, las familias monoparentales y hasta los vientres de alquiler, son los temas tabú que el Vaticano tocará en una consulta pública mundial entre sus fieles para determinar qué es lo que se piensa sobre ellos.

Los medios masivos de comunicación reflejan el sentir de las comunidades y el agrio debate que se produce entre grupos e intereses contrapuestos que quieren apurar a gobierno y legislaciones a dilucidar qué reglas debe poner a circular los estados y cómo se debe actuar en un contexto en el que hay contradicciones notables (aborto, eutanasia, uniones homosexuales, etc.)

El Vaticano ha enviado a las conferencias episcopales nacionales un cuestionario que sirva para preparar el sínodo especial de obispos sobre la familia que se efectuará en octubre del 2014. De este modo, habrá substancia en esta reunión, pero cabe destacar que mediante ese ejercicio pueda haber cambios notables en la normatividad de la Iglesia.

La realidad mundial ha cambiado, nuestra época se caracteriza por una carrera veloz en las ciencias, la tecnología y la cultura y es natural que el hombre aproveche ese prodigio para mejorar las condiciones de existencia de todos, principalmente de los más rezagados en su educación o en la satisfacción de necesidades.

El papa Francisco ha dicho que la Iglesia no debe ocuparse tan sólo de ciertas temáticas (uniones gay, abortos, adopción de menores), ya que hay otros problemas en verdad ingentes que deben ocupar su agenda, y ha expresado que la preocupación y la acción ha de ser en favor de una evangelización dinámica y atractiva para los que no conocen la palabra.

La Iglesia católica, en el sínodo que viene, quiere tener el pulso de la realidad, no quiere andar a ciegas opinando sólo porque sí de asuntos que requieren análisis formal. Qué mejor recoger, en todo el mundo, la opinión de millones de fieles que quieren exponer su pensamiento y su postura.

La idea es tener, a fines del 2014, un conocimiento concreto, ordenado y exacto de los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización, con el interés de encontrar rutas nuevas de fortalecimiento para la persona y la familia humana tan combatida por intereses que le son opuestos y que provocan desintegración y desconcierto en muchas partes y nos hacen vulnerables.

El papa Francisco, en lo que lleva de su pontificado, quiere una Iglesia que ponga más énfasis en la doctrina social cristiana, como una forma de comprender mejor la realidad de nuestro tiempo y de entender cómo ha de transformarse usando la fe como la vía única de salir adelante y construir una visión más cercana a los intereses comunitarios.

Los adversarios a la Iglesia han armado alharaca y prendido velas porque las cosas cambien como sugieren. Mangos. No será así. La Iglesia piensa las cosas muchísimo antes de resolver lo conveniente, y esto es porque es iluminada por el Espíritu Santo para sus decisiones y no influenciada por acuerdos en lo oscurito o por deseos de unos cuantos que quieren poder para cambiar cuando la voz de los católicos no ha sido aún escuchada.

 Carlos Orozco Galeana

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MARIHUANA

El tema sobre el uso legal de la marihuana ha sido motivo de debate en los últimos 60 días. Hasta un ex presidente de México, que no se distingue por su prudencia, lo animó diciendo que es necesaria su legalización y que incluso él se dedicaría a venderla.

A esas alturas muchos le conceden posibilidad a tal iniciativa porque significa una opción de negocio y es obvio que los consumidores están ávidos de que se legisle a favor, quien quite y obtengan precios más baratos de la marihuana para sostener su bis y encontrarla por doquier.

Quienes sostienen la necesidad de que se vuelva legal su venta y consumo lo hacen desde una posición liberal; piensan que el Estado debe respetar a las personas que por su gusto y necesidad consumen droga porque la requieren para vivir, allá ellos y si se dañan, dicen, pero se ignora que hay conductas individuales que pueden afectar negativamente a la colectividad; en el momento en que el uso de un derecho lastima a un tercero, ahí ha de terminar para dar paso al respeto por las prerrogativas del otro.

En este debate, por supuesto, participa la Iglesia católica. Su jerarquía está contra la legalización del uso de esta droga, “es algo que nunca podremos aceptar”.

Las familias mexicanas resultarían perjudicadas porque crecerían las adicciones y no se atacarían las causas del problema, puntualiza.

La Iglesia mantiene una posición de protección de la salud de la gente, con toda razón dice que la felicidad no puede estar detrás del consumo de enervantes porque originan destrucción, promiscuidad y crimen. Así de claro es su oposición y su firmeza

Ha de recordar el lector que incluso en California, estado de la unión americana, los ciudadanos votaron por la no legalización de la marihuana porque aumentaría la criminalidad y el daño a la salud que su uso conlleva. Se incrementarían también las conductas antisociales por que al igual que en México o en cualquier otro país, se cometen bajo su influjo acciones perniciosas contra la sociedad.

El Estado debe proteger a la gente; esta obligación es el fundamento de su existencia, pero los tiempos se caracterizan por qué propone más mercado en la economía y menos regulación, con lo que se daña muchos.

Si se legaliza la marihuana, jure usted que se multiplicarían los hechos delictivos y al final de cuentas los que se dedicaran a su comercio encontrarían la forma de traficar con sacar ventaja. No se descarta que los que la vendan sean los propios narcotraficantes y que puedan imponer su filosofía de que si no aceptas su plata, sus condiciones, te dan plomo.

Los mexicanos debemos pensar en lo que más nos conviene para que la sociedad esté protegida. Protegerla de tantos negociantes vende patrias que aprovechando que México es un país libre, asumen conductas e iniciativas dañinas pensando sólo en lo que produce beneficios o genera “el buen vivir” a costa de lo que sea.

Hace bien la Iglesia Católica en oponerse a la legalización de la droga, de la marihuana en lo particular, o las de tipo sintético que están por todo el mundo y son baratas, todas hacen daño. Más el kokodril. Mantengamos la buena comunicación al interior de las familias para que ninguna droga encuentren víctimas entre los nuestros; no permitamos que nos alcance la desgracia.

Carlos Orozco Galeana

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¿UN DAÑO MENOR?

El Congreso local reformó hace poco tiempo la constitución y aprobó el reconocimiento de las uniones entre personas del mismo sexo y las denominó enlaces conyugales, mediante las cuales los contrayentes adquieren derechos y obligaciones.

Este reconocimiento se secundó en las llamadas sociedades de convivencia que se pusieron en boga en el Distrito Federal y cuyos promotores las instauraron para proseguir con la aparición de otras figuras jurídicas, encaminadas a darle legalidad a las relaciones de pareja entre los del mismo sexo.

Si el Congreso hubiera cedido a la presión de los interesados estaríamos hablando ahora de un daño mayor al que se ha producido con la legalización de aquellas ligas. Estoy seguro que hubo y hay fiesta en muchas partes por lo que significa la nueva figura de ley creada.

Es consecuencia de numerosas luchas que han librado los que no pueden vivir felices en unión con personas de sexo diferente.

En consecuencia, además, como ya lo he dicho otras veces, de promociones del extranjero muy concretas que han hecho suyos movimientos de izquierda que, en este ámbito y en México, logran obtener buena cantidad de votos.

A los partidos de izquierda no les importa que se altere la vida social y se menoscaben los principios y valores que disque la rigen.

Les importa seguir retando a los distintos regímenes aduciendo que el movimiento homosexual tiene derecho a proponer el matrimonio que le es consustancial.

Por ahora, cierto, han ganado algunas batallas. Podría ser que consideren ese triunfo local como un avance intermedio para llevar a la meta que ansían de que se legisle que las uniones homosexuales son equiparables al matrimonio en tanto que los enlaces conyugales, dirán, ya estipulan al fin derechos y obligaciones.

El tiempo aclarará si los diputados acertaron o no al dar vida jurídica a los enlaces conyugales.

Habrá que estar al pendiente de que a la sombra de estos no exista un núcleo, digamos familia entre comillas, que provoque luego la convivencia con menores y éstos sigan una ruta igualmente homosexual, de libertinaje y decadencia al amparo de las supuestas familias.

Debe protegerse al núcleo tradicional como lo hizo recientemente el primer ministro ruso Vladimir Putin, quien prohibió la publicidad homosexual y la adopción de menores por parejas de este signo, prácticas que se realizan infortunadamente en España, Francia y Canadá.

Este político ruso quiere evitar a toda costa la corrupción social; avizora que de no contener el movimiento homosexual puede verse su país, más pronto que tarde, en un pozo obscuro de amoralidad que dañará a su pueblo.

Bien por Putin que, sin embargo, manifestó su respeto por las organizaciones sociales cuando éstas conlleven iniciativas que no afecte la moral social.

Que no haya cedido el Congreso local a autorizar las uniones homosexuales equiparándolas al matrimonio civil se debió en gran parte a la firmeza de la Iglesia Católica que ha luchado mucho para que se respete la integridad de la figura tradicional y porque, en cierto modo, la comunidad que fue consultada por el Congreso defendió la naturaleza de la familia.

Es deseable que los enlaces conyugales no interfieran en el equilibrio de la vida comunitaria pues de que tienen consecuencias dañinas, las tienen y las tendrán.

Carlos Orozco Galeana

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BROCHE DE ORO

Estoy seguro que el mundo no se sorprendió cuando la revista Time eligió el Papa Francisco como el personaje del año en diciembre pasado. Lo raro es que, entre los nombres que consideró inicialmente para otorgar tal reconocimiento, estaba el del actual presidente genocida de Siria, que lleva en su haber más de 100 mil muertos.

El Papa ha roto las expectativas que generó su asunción como tal. Ha hablado sin pelos en la lengua, como vulgarmente se dice, y criticado fuertemente al poder económico y político mundial.

Ha abogado por los pobres y efectuado un llamado para que la Iglesia Católica revise una larga serie de temas que han estado sujetos a debate en los últimos tiempos, como el enlace entre personas del mismo sexo y la adopción de menores por parte de ellos, los divorciados vueltos a casar, el celibato, así como el aborto, entre otros.

El Pontífice católico está cerrando con broche de oro un año increíble para el (por la sorpresa que se llevó al ser designado Papa) y reconfortante para la Iglesia, tan necesitada de claridad en muchos aspectos.

Con su lenguaje crítico, comprometido, ha denunciado la trata de personas y el crimen organizado, lacra dañina para las sociedades que Mancilla a las personas y causa numerosas muertes al involucrar el vicio y la sociedad con el dinero, que tantos desean.

El narcotráfico, para el Papa, es una ofensa grave a Dios. ¿Quién no estará de acuerdo en ello? Los crímenes a su alrededor han dejado, como ya dije, en los últimos 7 años, casi 100 mil muertos en México y a un número grande de familias deshechas, desprotegidas y hasta corrompidas.

Les dijo a los que insisten en asesinar a otros: renuncien al camino de las armas y vayan a encontrar al otro con diálogo, el perdón y la reconciliación para construir la justicia, la confianza y la esperanza. Pidamos al señor que esta exhortación papal no sea una voz en el desierto.

Sabemos que alrededor del crimen organizado hay conductas humanas detestables, ofensivas a Dios y al prójimo en cuanto se daña la creación, al hombre mismo, a niños, ancianos y jóvenes que tienen la desgracia de encontrarse en ambientes perturbadores, dañinos.

Todos los delitos contra los seres humanos son abominables. La asociación delictiva, el más peligroso porque convoca a muchos, tiene caras distintas y la del narcotráfico es sólo una de ellas, la cual podemos conocer por información que los medios difunden.

Han de insistir las sociedades que los sufren una transformación radical de sus sistemas escolares para construir una moral nueva, capaz de orientar a las personas por la ruta del bien, ir incluso más allá de reformas educativas al vapor, mejorar los modelos pedagógicos, transparentar los gastos, incorporar a la toma de decisiones en las escuelas a los padres de familia, superar vicios sindicales, dotar de autonomía en los centros educativos, etc.

No hay tiempo que perder, hay que educar no sólo a los hijos sino a los padres que no lo están, porque éstos influyen negativamente por su falta de formación educativa, moral y humana, en el declive que vivimos.

Bien por el Papa Francisco que se afianza como el líder de los católicos y de otros que no lo son; cerró el 2013 con broche de oro, su palabra está penetrando y haciendo reflexionar y cambiar a muchos. Que así siga la Iglesia Católica renovándose bajo su atinada dirección.

Carlos Orozco Galeana

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