Contra la creación


0012.jpgEl público ha venido enterándose las últimas semanas de un intenso debate provocado por la aprobación, en el Distrito Federal, de una ley que valida el matrimonio homosexual (así le llaman, matrimonio) y la adopción de menores en lo que es sin duda una aberración mayúscula contra la naturaleza, y que va contra la misma creación.

Esta disposición legal deriva del grana avance que han logrado movimientos homosexuales en Europa y Estados Unidos, donde hay una fuerte presión hacia los gobiernos para que validen esa forma de vivir entre personas del mismo sexo, con derechos y obligaciones mutuos.

Como se sabe, la capital mexicana tiene el dudoso honor de haberse constituido en América Latina como el primer lugar que permite bodas gay. Este hecho avergüenza, no cabe duda, a millones de católicos mexicanos que no están de acuerdo con este despropósito de tan graves implicaciones económicas, jurídicas y morales que aún se desconocen.

Por ello, nuestros dirigentes eclesiales no se han quedado con los brazos cruzados y actualmente critican con firmeza que se autorice la adopción entre homosexuales. Estoy seguro de que si el Señor Marcelo Ebrard mandara hacer una encuesta para saber qué pensamos los mexicanos sobre el tema, se llevaría una sorpresa desagradable y, de paso, conservaría sus lejanas posibilidades de competir dignamente por la presidencia del país en el 2012, porque pienso que los mexicanos le darían la espalda por ser un precandidato tan arrogante y le reprobarían sus argumentos de poder.

Por su parte, el Papa Benedicto XVI, el lunes de la semana que culmina, dijo respecto a este tema que la libertad del hombre no puede ser absoluta, porque no es Dios sino imagen de Él, su criatura. Para el hombre dijo- el rumbo a seguir no puede ser fijado por la arbitrariedad o el deseo, sino que debe más bien consistir en la correspondencia con la estructura querida por el Creador. «Las leyes que socavan las diferencias entre los sexos son una amenaza para la creación».

No nos hagamos bolas, esas «modernizaciones» legales de admitir el matrimonio entre hombres o mujeres, con la adopción de menores de por medio, no son para enorgullecernos. Son, para mí, una aberración, una ofensa grave a Dios quien constituyó al hombre y a la mujer como artífices de la procreación, para procurar un mundo en perfecta convivencia. Me parece, además, que esa deformación sexual tiene mucho que ver más bien con los instintos de quienes protestan por su condición de género.

Es de esperarse que esa deformación legal de permitir el «matrimonio» gay y la adopción legal de menores inocentes, que caerán en las garras de la perdición, no cunda a otros Estados que, por otra parte y en número de 18, se han pronunciado ya por la vida, al proteger al embrión humano de otra ley injusta que se aprobó en el Distrito Federal para asesinar a inocentes antes de las doce semanas de estar en el vientre materno.

Que Dios se apiade de quienes van contra sus disposiciones, de quienes aprovechan su paso temporal por una asamblea y toman decisiones malas para las sociedades, contra la creación. Seguramente, no saben lo que hacen.

Carlos Orozco Galeana

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