Familia: Pequeña Iglesia


couple.jpgPRISCILA y AQUILA fueron unos esposo que contribuyeron enormemente al crecimiento de la Iglesia en los primeros años del cristianismo. De estos esposos nos hablan tanto el libro de Hechos de los Apóstoles como las Cartas de San Pablo. Ellos vivían en Roma, pero cuando el emperador Claudio decidió expulsar a los judíos que vivían en la capital del imperio, tuvieron que irse a vivir a Corinto. Trabajaban fabricando tiendas de campaña. San Pablo los conoció allí, en Corinto, al comienzo de los años cincuenta. Ellos lo hospedaron al apóstol en su casa y le dieron trabajo. Priscila y Aquila se habían convertido al cristianismo y bautizado en los años 40, en Roma.

Después de Corinto se fueron a vivir a ÉFESO, en el Asia Menor. Allí se encargaron de la educación cristiana de ALEJANDRO APOLO que conocía la fe a medias (Hech 18,25). En su Primera Carta a los Corintios, Pablo envía saludos de parte de Aquila y Priscila junto con la Iglesia que se reúne en su casa (1Cor 16,19).

Esta pareja de esposos desempeñó un papel muy importante en la vida de la Iglesia primitiva: recibían en su casa al grupo de cristianos del lugar, para escuchar la Palabra de Dios y para celebrar la Eucaristía. A esas reuniones se les llamaba «EKKLESÍA», que en griego quiere decir «reunión», «asamblea», «convivencia». De ahí viene la palabra «Iglesia». COMO PODEMOS VER, LA IGLESIA NACIÓ EN LAS CASAS, EN LAS FAMILIAS DE LOS CREYENTES. Antes del siglo III no había templos ni capillas; así que las CASAS DE LAS FAMILIAS ERAN LOS TEMPLOS.

Cuando regresaron a Roma, Aquila y Priscila siguieron trabajando por la Iglesia. San Pablo, en su Carta a los Romanos, los recuerda y les agradece todo aquello que hicieron para defenderlo (Rom 16, 3-5). ¡GRACIAS A LOS ESPOSOS PRISCILA Y AQUILA Y A SU FAMILIA, EL CRISTIANISMO HA LLEGADO A NOSOTROS!.

Pablo y los demás apóstoles iban a un pueblo o ciudad y sembraban ahí la semilla del evangelio y luego se iban a otra parte a continuar su misión. Pero los esposos, como Priscila y Aquila, se quedaban en el mismo lugar, trabajando para el crecimiento de la fe.

¿QUÉ LECCIÓN PODEMOS SACAR DE LA HISTORIA DE LOS ESPOSOS AQUILA Y PRISCILA? Que todos nosotros, los matrimonios de hoy, junto con nuestro hijos, debemos formar en nuestra casa una pequeña Iglesia y trabajar para que la fe crezca y de frutos en nuestro hogar.

Nosotros, los padres de familia, debemos transmitir la fe a nuestros hijos, pero no como se transmite una herencia, sino como se transmite un regalo muy valioso. Ellos deben entender que la fe es algo muy grande en la vida. En muchas familias, los hijos se quedan con la idea de que la religión cristiana es cosa de abuelitos y de tías mayores solteras, porque ven que ni los papás ni otros familiares cercanos se interesan por las cosas de la fe.

LA FE ESTIRA NUESTRA MIRADA, AGRANDA NUESTRO OJOS. Nos ayuda a ver la vida con sus dolores, penas y desgracias, como Dios la ve. La fe nos da la mirada de Dios. En las familias suceden desgracias terribles: un hijo que nació deforme o con una enfermedad mortal o que muere joven en un accidente. En algunas ocasiones, las desgracias se presentan en serie; «pena tras pena», como dice una canción mexicana ranchera: después de una quiebra en el negocio o de la pérdida del trabajo, se enferma seriamente la esposa, un hijo se separa de su esposa, a los dos años de casados, etc. Entonces, la familia protesta con razón: «¿Por qué nos pasa esto a nosotros? ¿Por qué Dios nos trata así? La fe estira nuestra mirada, para que podamos ver todas esas desgracias como las ve Dios, y eso nos evita hundirnos en la desesperación y en la amargura.

Esta mirada de la fe va más allá de las apariencias, de lo que se ve por encimita. Por eso los esposos pueden quererse, a pesar de sus defectos. Por eso los papás pueden seguir queriendo a ese hijo que se echó a perder y a quien todo mundo desprecia o mira con asco.

Grupo parroquial de matrimonios

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