Ha Resucitado


resucitado_002.jpgEn el relato de la resurrección, san Marcos dice que las mujeres se llenaron de miedo y espanto al ver al joven de blanco y después de haber oído el mensaje del joven, «huyeron del sepulcro, porque las poseía el temblor y el asombro. Y no dijeron nada a nadie, porque tenían mucho miedo». O sea, que no cumplieron el mandato. Huyen, tienen miedo y guardan silencio.  

¿Por qué huyen y tienen miedo las mujeres? Parece como si hubieran visto un espanto. Desde luego, no debemos interpretar esto como falta de fe y desobediencia. Es una reacción humana natural ante el misterio de la resurrección. No era para menos. Nunca, jamás se había dado el caso de que un muerto resucitara.

A Jesús resucitado sólo podemos verlo y experimentarlo por medio de la fe. Santo Tomás de Aquino escribió que los apóstoles vieron a Jesús, después de la resurrección «oculata fide», es decir, con una fe ocular, con unos ojos creyentes. En un primer momento, los apóstoles no reconocían a Jesús, hasta que les fue concedido el don de la fe. Porque creer en Jesús resucitado es un regalo. Es Jesús quien se deja ver, se da a conocer a los suyos. Hay que pedir continuamente este don.

La fe en la resurrección transforma a las personas. Antes de la resurrección y antes de reconocer a Jesús resucitado, los discípulos ofrecen un cuadro negro y lamentable: tristeza, miedo, desilusión, decepción, dudas. Vemos personas llorando, deprimidas, heridas en el alma, encerradas, muertas de miedo. Pero cuando «ven» al Señor el cuadro cambia. Todo es alegría, entusiasmo y esperanza.

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