Perdone Usted


asombro.jpgDe acuerdo con la real academia Española, la palabra perdón proviene del prefijo latino per y del verbo latino donare, que significan respectivamente, «pasar, cruzar, adelante» y «donar, donación, regalo, obsequio, dar».

Esta definición está sujeta a la crítica filosófica. En términos simples, el perdón sólo puede ser considerado por quien lo extiende y la persona objeto de ese regalo, en términos de familiaridad o amistad de los individuos implicados. En algunos contextos puede ser dado sin que el agraviado pida alguna compensación o algo a cambio, con o sin respuesta del ofensor, enterado o no de tal acción, como seria el caso de una persona fallecida, o como forma sicoterapeuta en ausencia del agresor. En términos prácticos, podría ser necesario que el agresor ofrezca una disculpa, restitución o aún el pedir ser perdonado, como reconocimiento de su error, para el conocimiento del agraviado el cual pueda perdonar.

Desde que somos niños, este perdón para muchos es de lo más difícil de pedir, y en algunos casos también cuesta mucho trabajo otorgarlo. Esto se complica más conforme vamos creciendo, ya que el agravio puede ser mayor y por consecuencia el pedir o el dar se dificulta cada vez más. Estas negaciones nos acompañan todo el tiempo y hacen que crezcan los resentimientos y nos aleja de las personas con las que pudiéramos tener una convivencia sana, con el solo hecho de pedir u otorgar el perdón.

Esta falta de convivencia agradable es muy notoria entre algunos hermanos, (desde el tiempo de Caín y Abel) ya que es de todos los días y a todas horas el tener que convivir en un mismo espacio con las mismas personas. Pero donde tiene más repercusión, es en los matrimonios, en los casos donde no se da ni se pide el perdón, ya que se van acumulando una serie de resentimientos y por consiguiente los hijos van aprendiendo esto con el ejemplo de los padres.

Posiblemente el ser humano, con todas sus limitaciones y falta de valores, no sea consciente de lo sucedido y no quiera esforzarse en ver a quien ha ofendido como una persona con virtudes y defectos y así mostrar humildad y dejar a un lado el orgullo que actúa de barrera ante el acceso al perdón. El perdón es necesario para todos.

La gran mayoría de nosotros esperamos que nos ofrezcan una disculpa. La otra persona puede pensar que no nos hirió, y por lo general ve las cosas de manera diferente. Perdonar a alguien significa liberar todos los resentimientos y malentendidos que hemos guardado en el pasado para poder vivir el presente.

Tenemos que reconocer todos los beneficios del perdón. Innumerables estudios han demostrado que las personas que olvidan (no guardan rencor) viven mejor. Si no somos conscientes de la amargura y resentimiento que pueda tener la otra persona, entonces nunca podremos perdonar ni dejar las cosas atrás. Y sobretodo auto perdonarse, ya que para muchas personas es el mayor de los desafíos.

En el Nuevo Testamento, el Dios misericordioso está mucho más presente, y perdonarse los unos a los otros se considera un imperativo moral, pues el perdón a quienes nos ofenden y nos odian es uno de los mayores ejemplos de amor al prójimo. Así como en el Antiguo Testamento son pocas las referencias al perdón entre los hombres, éstas abundan en el Nuevo Testamento, que recomienda poner la otra mejilla y amar a nuestros enemigos. Jesús nos recomendó perdonar «setenta veces siete», es decir, no cansarse de perdonar. La parábola del hijo pródigo nos enseña las diferencias del perdón entre los seres humanos y su analogía con Dios como perdonador, para quienes buscamos su perdón.

En Efesios 4: 31,32 se dice: «Que desaparezca entre ustedes toda agresividad, rencor, ira, indignación, injurias y toda clase de maldad. Sean más bien bondadosos y compasivos los unos con los otros, y perdonándose mutuamente, como Dios también nos perdonó por medio de Cristo».

Sergio Solís V.

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