Mentiras Buenas


distancia.jpgEn cierta ocasión me encontraba dialogando con un grupo de adultos en el que salió el tema de las «mentiras con fin bueno», esas falsedades que con el tiempo hemos catalogado como aceptables cuando tienen un «fin justo». Pero el problema es que ya nadie sabe donde está la línea divisoria entre esas «mentiras buenas» y las malas (si es que alguna vez a existido tal linea). Quisimos adentrarnos más en el tema y entre justificaciones y definiciones les pedí que me dijeran ejemplos concretos de su vida diaria para descubrir donde está el bien de algunas de esas mentiras. Inició uno de ellos que comentaba que su esposa le hacía mal enojarse por lo que el fin de semana anterior, cuando llegó a su casa a la 1:00 de la madrugada, le explicó que se habían quedado en la oficina para sacar adelante un trabajo urgente, cuando en realidad andaba de parranda con los amigos; según él, la bondad de la mentira se encontraba en evitarle un coraje a su mujer. Como se podrán imaginar, la mayoría de los que estábamos ahí, reprobamos inmediatamente aquella mentira y le dimos un tache, basta con saber de donde nace para darnos cuenta de todo el mal que esa mentira puede causar. Otro de ellos explicaba que en su trabajo les daban un bono especial al final del mes a aquellos que habían registrado su tarjeta de entrada, todos los días, antes de la hora oficial, pero en ese mes iba a perder el bono porque el último domingo se había desvelado en la feria con su familia y al día siguiente no alcanzó a llegar a tiempo, por lo que recurrió a una receta falsa y la presentó diciendo que se había enfermado; gracias a esa «mentira bondadosa» el logró obtener ese bono que le iba a servir para la escuela de sus hijos. Según esa justificación, le dijimos que entonces el pecado de robar no sería pecado pues los que roban lo hacen para su propio beneficio, sus gastos, sus compras; por lo que al final le dimos un tache a su mentira.

Al final de los ejemplos no encontramos realmente ninguna mentira buena, así las hemos llamado para justificar y mitigar un poco el dolor que causa la misma, pero en realidad nacen de nuestra tendencia egoísta y el instinto de defensa hacia nosotros, nuestra fama y nuestros intereses personales. Decimos que tienen un fin bueno pero no hemos visto la otra cara de la misma que es la que causa mal a los demás y que en muchas ocasiones no nos percatamos del mismo. Cuando nuestras acciones las catalogamos como buenas porque sólo benefician a nuestros intereses y no para los demás, muchas de ellas son más bien acciones egoístas. En ese sentido deberíamos quitarle esa etiqueta a la mentira.

La mentira es mala en si, construye imágenes, personalidades y situaciones falsas sobre las que las personas deciden y actúan. Hay mentiras que están en la base de muchas relaciones humanas, sociales y laborales, cuando estas se descubren, aquellas relaciones se derrumban y causan mucho dolor porque no sólo afectan a la persona que las dijo sino también a todos los que actuaron alrededor de esa persona. Kant (filósofo del siglo XVIII) afirmaba que mentir no podía convertirse en una ley universal porque la mentira haría imposible vivir en sociedad por la desconfianza sembrada.

¿Es cierto que todos mienten? no lo sabemos pero si es real que hay situaciones muy difíciles en las cuales no se puede decir la verdad (las mentiras piadosas son otra cosa). El tema de la mentira es muy grande y tiene mucho que analizarse en la forma de ser y actuar del ser humano. Aquí sólo pretendo que seamos sinceros y que le quitemos la etiqueta de «buenas» a una sarta de mentiras que decimos muy conscientemente y a diario. He ahí quizás una de las formas de descubrir mi mentira y avergonzarla ante mi mismo; analizar si aquello que dije, lo dije conscientemente y libremente, sabiendo los aparentes «beneficios» que me acarrea esa mentira y sobre todo evaluar si la verdad hubiera sido, aunque dolorosa para mi en ese momento, la mejor opción para vivir más en consonancia con la voluntad de Dios.

P. Gerardo López Herrera

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