Me da mucho gusto ver otra vez participando en las moniciones dominicales en este templo, en punto de las doce del día, a mi amiga Lala Brizuela, luego de afrontar una difícil experiencia médica en la ciudad de Guadalajara que la mantuvo en un estado de salud muy delicado. Gracias a Dios ya está con nosotros nuevamente, le deseo una rehabilitación completa.
Lalita participó como donadora de su hermana Mina de un pedazo considerable de hígado un 60 por ciento- que le fue trasplantado de manera exitosa. Ella también, al igual que Lala, está en proceso de recuperación y sólo hay que ver su semblante risueño y escucharla para decir que el Señor la abrazó cariñosamente pues le permitió sanar, disfrutar otra vez a su familia que mucho sufrió por su salud y tener ahora un destino sin las tribulaciones de la enfermedad que le aquejaba. Mina: que te recuperes muy pronto en forma definitiva y que Dios te siga bendiciendo.
El problema de salud se presentó con grandes agobios para la doctora Mina, a la cual algunos médicos le habían diagnosticado que estaba prácticamente en fase terminal. Ya se sabe cómo son de fríos algunos galenos. Su mal avanzaba sin ningún obstáculo y en algún momento del proceso ella pensó que no tenía remedio. Pero mantuvo la fe, sacó fuerzas de flaqueza y confió, confió mucho en Dios que le tenía deparado ese prodigio, esa recuperación sanitaria.
No tengo duda, ni tampoco Lala, pues me lo ha expresado, de la intervención de Dios en la operación de ambas, que es una de las más finas que se practican en México. No es fácil hacer compatibles dos órganos básicos distintos el hígado- de dos personas ni tampoco la destreza en procedimientos de largo tiempo en quirófano (hasta de 15 horas en el caso de Mina y de 12 en caso de Lalita) y decir al final que todo salió muy bien. Lala dice con certeza que Dios la mano de los médicos en esas circunstancias y yo creo lo mismo, y además es ella consciente de que mucho les ayudaron las oraciones de sus amistades.
Ahora mismo, la alegría hay regresado a la vida de Mina. Ella tiene ahora otra perspectiva, como ya dije, porque luchó y tuvo confianza en que Dios la sanaría. Desde luego, su esposo y su hijo, sus hermanos y todos sus amigos y amigas están muy felices y agradecidos, porque el prodigio que ocurrió en esa familia es una muestra irrefutable de que Dios la ama a ella y a los suyos.
Este asunto nos deja una gran lección: Dios está siempre con nosotros en medio de las mortificaciones, no nos abandona. Cuando casi desfallecemos, nos abre sus brazos y nos da la fuerza requerida. Como buenos cristianos, tengamos confianza siempre en el Señor, que nos acompaña en toda la existencia.
Lala y Mina han comprobado que son consentidas del Señor, que las ha acariciado con sus manos divinas y les ha dicho que sigan su camino, como lo siguen, sin sospecha alguna de equivocarse porque ambas son personas buenas, católicas practicantes, gentes convencidas de Iglesia. Dios les tiene deparadas cosas todavía más buenas cuando, a lo largo de los años, les siga permitiendo gozar de los suyos en el ambiente de felicidad y solidaridad interna que su familia ha cultivado.
Carlos Orozco Galeana

