Ola criminal


luces0034.jpgLa violencia y la alta criminalidad en nuestro país, nos ha colocado a los ojos del exterior como un lugar inapropiado para vivir o vacacionar, y así lo han dado a conocer dirigentes o representantes de países que guardan con México una relación dinámica por el futuro o por los lazos de vecindad. Para muchos mexicanos, esta espiral de violencia significa pérdida de la tranquilidad para las familias, miedo e incluso terror cuando la delincuencia organizada ataca con granadas destructoras.

Últimamente, en estados violentos como Chihuahua, Michoacán o Veracruz, los ciudadanos se están haciendo justicia por su propia mano y a los delincuentes que se sorprende cometiendo un delito, los linchan o los queman en una atmósfera de odio, impropia de seres humanos a los que debe guiar y ligar el amor. La Iglesia Católica, a través de sus más altos dignatarios, pugna cotidianamente porque se restablezca el orden jurídico y la paz.

No hace mucho tiempo, apareció en el escenario de violencia un grupo denominado «la familia michoacana», esmerado en sembrar muertes de personas en todo el país y llamándose a sí mismo justiciero. Hoy, en la ciudad de Morelia, Michoacán, surgió otro grupo compuesto por «ciudadanos, productores rurales y empresarios» con el fin de aplicar la justicia, divina dicen ellos, en contra de quienes extorsionan, asaltan y matan a michoacanos. Se denominan «Pelotones Omega».

Es otra agrupación criminal que promoverá la justicia por propia mano, ante la inoperancia de las autoridades, pues la impunidad, exponen razonadamente, ha convertido a México en un paraíso para los malvivientes, y la ambición desmedida de los gobernantes, la miseria moral y la mediocridad, junto con el cinismo, se han convertido en signos distintivos de la vida cotidiana.

Agregan que se ha permitido que los sicarios, narcotraficantes y empresarios cómplices sean una sola cosa con ciertos mandos gubernamentales. Nadie nos escucha, nadie nos protege, nadie se preocupa de la gente de trabajo. «Si no merecen el perdón de Dios, según la Biblia, menos el nuestro. Y, en su nombre, vamos adelante».

México es un país dominado por el odio. El gobierno, que debería ser garante de la convivencia civilizada, es el artífice principal de esta violencia y suma en su haber casi 30 mil muertos en los últimos cuatro años. Muchas de las víctimas inocentes caídas, sobre todo mujeres, niñas y niños, dicen en la jerga gobiernista, son nada más un daño colateral. Es decir, como que no cuentan gran cosa.

No exageran, pues, quienes dicen que la generación actual de dirigentes del país, son una generación perdida, incapaz y mediocre. A los ojos de la Iglesia Católica, ha descuidado sus obligaciones y permitido con sus omisiones y hechos corruptos que este país esté de cabeza y al borde de la guerra civil en algunas partes del territorio.

Nadie tiene derecho a hacerse justicia por su propia mano. Es importante que se eleve la capacidad de diálogo comprensivo y de debate para quienes toman decisiones en los poderes ejecutivo, judicial y legislativo, se dejen de politiquerías y piensen en el bien del país y hagan a un lado sus afanes dominantes y sus pasiones partidistas que nos tienen a la puerta de la barbarie. Debe corregirse el rumbo. México no merece esta vida.

Carlos Orozco Galeana

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