La Biblia y la Familia (II)


biblia_famTener la biblia y enseguida leerla, estudiarla y meditarla, son dos primeros pasos a dar en cada uno de nuestros hogares católicos. A continuación, haremos un comentario sobre cada uno de estos dos pasos.
Primero, tener la Biblia. San Juan Crisóstomo se quejaba con amargura de que sus fieles de la diócesis de Constantinopla no leían la Biblia. Unos ponían como pretexto que andaban muy ocupados en sus negocios y otros, que no tenían dinero para comprarla. ¡Estamos hablando del Siglo IV!, es decir, de una época en la cual la Biblia costaba un dineral. Todavía en la Edad Media, en el Siglo XIII, antes de la invención de la imprenta, una Biblia costaba lo que hoy cuesta un carro. Hoy, la Biblia está al alcance del bolsillo más pobre y se encuentra gratis en Internet o a tres o cuatro pesos en un disco compacto.
Hay que reconocer que un buen número de familias tienen ya una Biblia, pero todavía no podemos cantar victoria. Aumentó la difusión de la Biblia entre los católicos. Sin embargo, la Biblia entró a los hogares católicos como un objeto sagrado y no como un libro sagrado. Nuestra cultura religiosa y bíblica es todavía muy pobre.

Segundo, leerla, meditarla. Aquí es donde las comienzan a aumentar las dificultades. Se tiene la Biblia en la familia, pero no se lee. Un gran problema es que la familia mexicana y colimense no lee. La UNESCO considera lector ordinario a quien lee por lo menos 20 libros al año. Los índices de lectura en México y en Colima siguen siendo demasiado bajos como resultado de muchas causas; entre ellas, la pobreza, la marginación y su consecuente retraso cultural. Aunque el escritor Mexicano Gabriel Zaid piensa lo contrario: «el problema del libro no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer».
Se da el caso de muchos profesores que alaban ante sus alumnos las grandes obras que ellos mismos no han leído. Total que en nuestras casas no hay libros ni ejemplos de lectores. Además, nos ha tocado vivir en la época de la imagen. En nuestra cabeza hay imágenes y pensamientos que no son la misma cosa. Las imágenes son una ayuda para pensar. Por ejemplo, viendo la imagen de una llanta de carro, de una tapadera de olla, de un DVD, es como llegamos a formarnos en la cabeza la idea de «círculo». Los animales también tienen imágenes en su cerebro, pero ahí se quedan. No llegan a las ideas, al pensamiento. No piensan. Por eso el filósofo italiano Giovanni Sartori al ser humano de hoy lo llama HOMO VIDENS, es decir, el hombre visual o de la imagen. Y éste es el hombre de la que ve televisión, cine, carteles, anuncios gigantescos, etc. La característica de este nuevo hombre es que se está haciendo flojo, so sólo para leer, sino también para pensar. O sea la cultura de la imagen está acabando con el HOMO SAPIENS, con la naturaleza del hombre que consiste en pensar.
Aquí está un primer trabajo, reto: RECUPERAR EL HÁBITO Y EL GUSTO DE LA LECTURA. Preferir el libro al DVD o a la TV. Somos los libros que leemos. Enseguida, es necesario que los papás se preparen y capaciten para la lectura creyente de la Biblia, para que la narren a sus hijos como historia sagrada, para que oren con los Salmos, para que recuerden los principales acontecimientos de la Salvación, para que les anuncien a Jesús a través de los Evangelios.
Ofrecer a los hijos la Biblia como Palabra de Dios, es decir como alimento diario: Dt. 11, 18-21. Los católicos que asisten a misa los domingos conocen los textos bíblicos en las lecturas y la homilía. Algo es algo. Es necesario, ahora que también se conozcan los textos de la Biblia en los hogares. En el libro del Apocalipsis, que es el último libro encontramos una última bienaventuranza. Esta última bienaventuranza es para los lectores de la Palabra de Dios: «Bienaventurado el que lee» (Apoc 1,3). Deseo sinceramente que esta bienaventuranza se aplique a cada una de nuestras familias.

P. Crispín Ojeda Márquez

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