Los héroes que nos proponen


Llanero SolitarioTodavía recuerdo las mañanas dominicales en que con algunas dificultades conseguíamos el permiso para ir a la matinée. Películas de Chabelo, Superman y sobre todo el Llanero Solitario desfilaban ante nuestros ojos despertando emociones y distrayendo nuestros sentidos del trabajo escolar. Algunas veces nos retirábamos a nuestras casas imitando las voces y los sonidos de los héroes, tomando los roles de los personajes que habíamos visto. Al intentar recrear la historia en nuestros juegos, recuerdo muy claramente que incluso al final tratábamos de redimir al malo con un arrepentimiento en el último suspiro de su vida o cuando caía a la cárcel. Era claro sin embargo que siempre discutíamos por ser el héroe principal, el bueno, el que ponía las cosas en orden. Hoy puedo decir que al menos teníamos una idea clara de lo que éticamente estaba bien, y no sólo por las películas sino por la educación misma que recibíamos y que se reforzaba con las figuras públicas y mediáticas.

En esos tiempos era muy raro escuchar que algún joven o adolescente se preguntara la razón o la raíz de la maldad en las relaciones sexuales fuera del matrimonio, cosa que ahora es muy común que entre los que son católicos piensen que no hay problema. Sería interesante que revisáramos nuestro entorno social, educativo y familiar para descubrir donde absorben los pequeños el ejemplo de muchas cosas raras que hoy en día nos desconciertan.

Hace algunos artículos atrás, reflexionando sobre los actos violentos entre algunos adolescentes en EUA, criticaba ante todo las consolas de videojuegos, o más bien ciertos videojuegos en los que matar y hacer violencia es de lo más natural. Los niños y adolescentes de nuestros días aprenden incluso esas conductas de sus héroes del videojuego. La televisión ha evolucionado bastante en algunas caricaturas, series, novelas y películas que dejan entrever un cambio en la mentalidad de lo que es éticamente bueno o malo, trasmitiendo a horas familiares contenidos de dudosa calidad para la educación. Hace unas semanas, mientras hacía cola en el Banco escuché como una señora le comentaba a una amiga que su hijita de 4 años era super aficionada a ver «La familia peluche» (para quien no lo sepa, ese programa está cargadísimo de lenguaje de doble sentido y a veces con un sentido muy directo).

A nuestras televisoras nacionales les ha dado por subir su calidad de programas, pero a veces proponen cosas que no se pueden aceptar como modelo. TV Azteca por ejemplo, empezó a transmitir una serie cómica española llamada «AIDA», con mucho éxito en España, que refleja la vida de una familia pobre en un barrio problemático de Madrid. Los personajes son todos muy peculiares, un ex-drogadicto (que quedó tonto pero que le va muy bien, tiene todo y es feliz, pero sin trabajo), un niño delincuente (hijo de la protagonista principal, que a cada rato se encuentra en la comisaría por robo, pero él es feliz y se la pasa muy bien), una adolescente (que anda de fiesta en fiesta y cambia de novio a cada rato con los cuales hace de todo y se considera de lo mejor), una mujer prostituta (que tiene un departamento de lujo y dinero), etc., podría seguir con los demás, pero ni siquiera la realidad que ahí pintan es verdadera.

Televisa por su parte, inició ya la producción de sus propias series (como telenovelas pero al estilo gringo). Me llama la atención principalmente una de ellas de la que anunciaron en esta semana el inicio de su segunda temporada: «Mujeres Asesinas». Dicha serie está inspirada en unos libros de Marisa Grinstein (periodista de Argentina) que narran los asesinatos de mujeres en casos muy difíciles de juzgar ya que son situaciones donde dichas mujeres han sido víctimas de cosas terribles. Como aspecto rescatable sería el análisis del maltrato que se da a la mujer y de como deberíamos cambiar la situación; pero lo que no me gusta mucho es que en Televisa se les da más bien un tono de heroínas.

Es por esto que no me extraña que algunos jóvenes católicos vengan con preguntas sobre la maldad o bondad de algunas cosas que claramente son negativas y contrarias al amor de Dios.

P. Gerardo López Herrera

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