Un Dios que juega


juegoSuele relacionarse el descanso con el ocio, la diversión y el juego. En la práctica siempre es así. A ningún trabajador se le permite jugar mientras labora. En cambio, a ninguna estrella del fútbol, como Cristiano Ronaldo, se le permite trabajar mientras juega. Desde luego, estamos de acuerdo en que el trabajo no tiene por qué ser una actividad penosa y lamentable, sino que puede y debe disfrutarse. Pero, hoy no hablaremos del trabajo, sino del descanso, y en concreto, de ese modo o medio de descanso que llamamos el juego-diversión y su relación con el descanso.

El juego es una característica del ser humano, una propiedad que lo distingue de los animales. Hombres y mujeres se divierten mucho más que el gato que juega con la pelotita y que todos los demás animales, porque están dotados de inteligencia racional y de libertad. Sólo el ser humano juega.
¿Qué es el juego? ¿En qué se distingue de los demás actos humanos? El juego es una actividad que realizan hombres y mujeres para distraerse, divertirse, alegrarse, gozar y realizarse, es decir, crecer o desarrollarse como personas.

El juego tiene muchas caras, pero con los mismos rasgos que acabamos de mencionar: cartas, dados, ajedrez, caza, pesca, fútbol, basquet, hacer figuras de arena, alpinismo, pintar un paisaje, escribir una poesía, andar en bicicleta, romper una piñata, tocar guitarra, contar chistes… ¿Se puede considerar un juego ver televisión, andar en moto y coleccionar monedas? Por supuesto que sí, si en ellas encontramos las susodichas características.

El ingrediente primero del juego es la alegría, el placer, la diversión. El juego no tiene una finalidad. Es un fin en sí mismo, es decir, se juega por jugar, se juega para divertirse, para gozar; por el puro placer de ser. Por tanto, el juego no es un medio para conseguir otros objetivos, por ejemplo, ganar dinero o aplausos.

¿Y qué decir de una persona que en vacaciones se divierte y consigue placer en borracheras, aventuras sexuales, juegos de azar ilícitos o espectáculos indebidos? En este caso, hay que pensar en el segundo ingrediente del juego: el crecimiento o desarrollo de la persona. El ser humano juega para ser más persona, no para rebajarse. En realidad, el fin del juego es la persona misma.

En contraste y contraposición con el trabajo y otras actividades humanas formales, se ha entendido el juego como una acción poco seria. Por lo mismo, se le asocia con el relajo, la relajación. «La vida no es un juego -advierten los papás a sus hijos- sino algo muy serio». Sin embargo, para tomar la vida en serio, es necesario vivirla también como un juego. La gente demasiado seria y que pasa la vida sólo en la seriedad, no disfruta la vida. Santo Tomás de Aquino, comentando La «Ética de Nicodemo» de Aristóteles, el sabio de la antigüedad griega, escribió: «El que vive en la mera seriedad se distancia de la virtud, pues desprecia el juego, el cual es tan importante para la vida del hombre como el mismo descanso». Por lo tanto, jugar y descansar significa olvidarse de la seriedad de la vida. La gente demasiado ocupada en trabajos y cosas, demasiado «estirada», termina por reventar.

En el evangelio de la misa del domingo 19 de julio de 2009, leemos: «Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado. Entonces Él les dijo: «Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco». Porque eran tantos los que iban y venían, que no les dejaban tiempo ni para comer» (Mc 6,30-34). Quien se «tensa» o tensiona mucho por el trabajo, para no estallar, necesita una buena distensión de músculos, nervios y espíritu. Necesita alejarse un poco de la seriedad de la vida y jugar. Nos hubiera gustado encontrar en los evangelios alguna información sobre Jesús Juguetón ¿Jugó alguna vez Jesús de Nazaret, el Hijo del Altísimo Dios vivo? Recuerdo que en la película «Jesús», de Roger Young, en un par de secuencias aparece Cristo jugando y bromeando con sus discípulos. Creo que esto tuvo que ser verdad, porque ya lo insinuaba el Antiguo Testamento.

Han publicado un librito del teólogo alemán Hugo Rahner, fallecido en 1968, que es una delicia. El libro se llama «El hombre lúdico», (es decir, el hombre que juega, que se divierte y goza) y en sus páginas habla de nuestro Dios, que se ha revelado en la Sagrada Escritura como un Dios que también juega, Un Dios Lúdico, Juguetón. El libro de Proverbios dice que la Sabiduría divina ha estado jugando delante de la faz de Dios creador del mundo desde el origen de los tiempos: «A su lado estaba yo (la Sabiduría) como confidente, día tras día lo alegraba y jugaba sin cesar en su presencia» (Prov 8,30). Jugaba sin cesar en su presencia. Esa Sabiduría juguetona se hizo hombre y se llama Jesús. Por eso, Jesús tuvo que haber jugado también en este mundo. Y el gozo, la alegría de estar con Él y de contemplar su Evangelio, es algo muy parecido al juego. «Vengan conmigo a un lugar solitario para que descansen un poco». Hay que saborear estas palabras que también hoy se dirigen a nosotros. Cristo es nuestro descanso, nuestra alegría completa, la plenitud de nuestra vida.

Nos han enseñado un Dios muy serio que es el fundamento del lado serio de la vida. La Biblia nos revela un Dios que juega, que es el fundamento de la parte juguetona y poco seria de nuestra vida. Ahora sabemos que a Dios le interesa que trabajemos mucho, pero también que juguemos y descansemos, en compañía de su Hijo.

Admiro a un genio de nuestro tiempo que se llamó Bernard Lonergan, jesuita canadiense. Elaboré mi tesis de Filosofía en la Pontificia Universidad Gregoriana sobre su libro monumental titulado «Insight» (no tiene este título traducción exacta al español. Lo podemos traducir como «relámpago» o «chispazo»). El Sr. Cardenal Javier Lozano Barragán fue su alumno y un día de 2003, en su casa de Roma, Italia, me contó porque estaba bien enterado de ello- que al  gran científico, filósofo, teólogo y sabio que fue Bernard Lonergan, le gustaba leer «Topolino», es decir, la revista italiana de monitos (comic’s) del Ratón Mickey Mouse de Walt Disney. Confieso que esta información me sorprendió gratamente. ¡Quién iba a pensar que ese hombre tan serio y cerebral se divirtiera con una historieta ilustrada como un niño de primaria! Estoy seguro que este hombre serio encontraba a Dios tanto en el trabajo como en aquellos instantes de gozo y de falta de seriedad dedicados a leer «Topolino».

El descanso nos hace más humanos y mejores cristianos. Cuando abandonamos la seriedad de la vida para descansar, activamos ese aspecto de la fe que nos enseña a no dar a las cosas de este mundo el valor que no tienen; en palabras más técnicas, a relativizar todo. Las múltiples ocupaciones, las prisas y estrés suelen hacernos creer que somos indispensables. Dios mío, me estoy muriendo y tengo todavía muchas cosas qué hacer. Dejar por un momento los trabajos para descansar un poco, significa, en el fondo, declarar que sólo Dios es el número uno y lo más importante, porque todo lo demás se acaba.

Si el descanso nos hace más humanos y mejores cristianos es, sin duda alguna, un derecho fundamental de todas las personas y por consiguiente, un deber de justicia social. Se llama Injusticia tanto a la falta de trabajo estable y bien remunerado, como a la falta de descanso de los trabajadores. La gente de los países del Primer Mundo cuenta con dos meses o más de vacaciones en verano. Jesús sólo pedía un poco de tiempo y un lugar solitario para descansar Él los suyos.

P. Crispín Ojeda Márquez

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