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Humanismo y Cristianismo

movie001.jpgEn el 2005 se produjo una película en el Reino Unido y Alemania llamada «Shooting dogs» (Disparando a perros). Esta película de género dramático, basada en hechos reales, narra la historia de un joven Inglés, Joe Connor (Hugh Dancy), que después de la Universidad decide aventurarse al África con el fin de ayudar en una escuela en Ruanda dando clases. Dicha escuela es dirigida por un padre, Christopher (John Hurt) y juntos viven el drama de las guerras étnicas que se dan en esos lugares. La escuela se convierte en un refugio para muchos de los ruandeses que escapan del genocidio. Pero el momento de ser atacados ahí mismo era inminente. El punto medular de la película al que yo quiero hacer referencia es el momento en el que estos dos personajes se ven enfrentados a decidir si retirarse del lugar junto con las cobardes tropas de la ONU que no quisieron defender a los refugiados o quedarse y arriesgarse a morir con ellos. No quiero contarles el final porque quizás les pongamos ese film en alguna de las ocasiones que aquí hacemos cineforum o para que tengan la oportunidad de verla. La pregunta es quedarse con esa gente o no, cual de los dos personajes se portó como un cristiano. En eso se diferencia el Cristianismo del Humanismo. El humanista da, pero el cristiano se da.

Hoy en día podemos ver como muchas personas, artistas, personajes, organizaciones hacen mucha labor humanitaria en lugares necesitados, ya sea por pobreza, guerra o desgracias naturales, y es digna de alabarse su actitud y trabajo, pero son muy pocos los que desinteresadamente arriesgan su propia seguridad y vida en esa acción de ayudar. Recuerdo por ejemplo, en las labores humanitarias que se realizaban en Haití a raíz del terrible terremoto, una de las principales quejas que se daban era que los lugares acondicionados para atender heridos, por la noche no había ni enfermeras ni doctores ni nadie que pudiera suministrar las medicinas o ayudar alguno de los damnificados. La razón la explicaba una joven doctora respondiendo a un reportero que les habían informado de parte del ejercito que por la noche no les garantizaban la seguridad y que debían recluirse a ciertas zonas que si estaban resguardadas. No sucedía lo mismo con los lugares atendidos por monjitas, religiosos o grupos eclesiales.

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Pero sigue siendo el Rey

jesus0056.jpgJesús entró a Jerusalén, la Ciudad Santa, rodeado de una multitud que lo aclamaba con palmas y ramos en las manos. Muchos pensaron que ese día comenzaría el nuevo reino de Israel, que Jesús destruiría al imperio romano y se convertiría en Rey de reyes. Suponían que comenzaría por expulsar a Pilato y ocupar su palacio. Pero Jesús no cabalgó por las calles de la Ciudad de David hacia el palacio de Pilato ni hacia el palacio de Herodes, sino hacia el Calvario. Con su entrada a Jerusalén, Jesús comenzó el camino de la cruz. «Llegó con tres heridas: la del amor, la de la de muerte, la de la vida», gime el poeta español Miguel Hernández desde la cárcel, poco antes de morir. Así llegó Jesús a Jerusalén aquel día, con la herida del amor más fuerte que la muerte. El poeta de Orihuela murió de tuberculosis en la cárcel de Alicante, a las 5:30 de la madrugada del día 28 de marzo de 1942, víspera del Domingo de Ramos. Providencial coincidencia.

Jesús, que nunca aceptó los aplausos ni se dejó seducir por la fama y el poder, en su última entrada a Jerusalén no sólo aprobó las palmas y las aclamaciones del pueblo, sino que él mismo organizó los preparativos del ingreso triunfal. Ordenó a dos de sus discípulos: «Vayan al caserío que está frente a ustedes. Al entrar, encontrarán atado un burrito que nadie ha montado todavía. Desátenlo y tráiganlo aquí…» (Lc 19,30) ¿Esto significa que Jesús había caído lamentablemente en la tentación del poder y de la vanagloria? De ninguna manera. En su entrada a Jerusalén, Jesús acepta que la multitud lo proclame rey, porque sabe que en los siguientes días, en esa ciudad, será condenado a morir en la cruz. Y entre todas las profecías del Antiguo Testamento que hablaban del Mesías, escogió la de Zacarías porque le pareció más adecuada a su mesianismo que termina en la crucifixión: «Salta de alegría, Sión -había escrito el profeta 520 años antes-, lanza gritos de júbilo, Jerusalén, porque se acerca tu rey, justo y victorioso, humilde y montado en un burro, en un joven borriquillo» (Zac 9,9).

Nadie marcha alegre, como triunfador, hacia el quirófano ni al encuentro con la muerte. John Donne, el genial poeta inglés de los siglos XVI y XVII, decía que nadie duerme en la carreta que lo conduce al patíbulo y que, sin embargo, todos dormimos de la cuna a la sepultura o no estamos del todo despiertos. ¿Qué iba a hacer Jesús ante la sentencia de muerte que dictaron en su contra las autoridades judías y romanas? ¿Desdecirse, huir a un país lejano y así traicionar a su Padre? Iría hasta el final. Nada ni nadie podría detener la obra que el Padre había puesto en sus manos. Aceptará la muerte por la causa del reino de Dios. Abrazará por amor la cruz. Resuelto a encarar este destino trágico inició desde Galilea su marcha hacia Jerusalén, con paso firme y confiado en su Padre. Varias veces, durante el largo camino, anunció a los apóstoles su trágico final y también su resurrección, convencido de que Dios no abandona al justo en la persecución y en la muerte. Por eso podía dormir en la carreta que lo conducía al patíbulo y subir alegre y victorioso a la Ciudad de David que sería su cadalso.

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Madre Dolorosa

madre_dolo.jpg«Estabas». Esto es todo lo que el Evangelio nos dice acerca de tu presencia junto al hijo colgado del madero. «Estabas de pie».

Vociferaba el gentío, las autoridades judías reían y blasfemaban. Tú callabas; tú, simplemente, estabas de pie.

Enséñanos, Madre Dolorosa, a guardar silencio, a permanecer fieles, a aceptar la voluntad de Dios.

En ese Viernes Santo estuviste más cerca de Él que en Belén, más cerca de Él que en Nazaret. También tienes que estar cerca de nosotros en ese día..

Madre Dolorosa, tal vez yo voy a morir en una cama, rodeado de mis seres queridos… Pero yo quiero que entonces estés Tú allí, Madre.

Yo voy a morir, tal vez después de una operación, rodeado de sueros, máscaras de oxígeno y cosas de mi vida pasada…Yo quiero que entonces estés tú allí, Madre Dolorosa.

Yo voy a morir tal vez de aquel ataque al corazón que me dará una noche, solo, sin poder encender la luz, ni llamar a nadie, sin poder confesarme…Yo quiero que entonces estés Tú allí, Madre Dolorosa.

Madre de los Dolores, yo no sé ni cuándo ni cómo voy a morir…, pero yo quiero que entonces estés tú allí conmigo.

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Juegos extremos

extreme.jpgLos seres humanos somos los que cometemos más errores y tropezamos varias veces con la misma piedra convencidos de aquello que nos decimos a nosotros mismos como mecanismo de defensa: «esto a mi no me va a pasar».

Desgraciadamente a la gran mayoría nos pasa, sobre todo a los jóvenes. O le sucede a una persona cercana a nosotros y entonces sí recapacitamos y en algunos casos como el que comentaré, ya es demasiado tarde para resarcir el daño causado por el error.

Por la Internet están circulando una serie de videos donde se ven a unos jóvenes trepando por los muros, saltando de azotea en azotea de las casas. Estos chavos se creen «hombres araña» y hasta lo han denominado entre ellos como un deporte extremo; desgraciadamente sin medir las consecuencias que esto acarrea o afecta a otros jóvenes imitadores, sin ninguna experiencia en este tipo de hazañas.

Pues, ya sucedió aquí en Colima. Un joven de una familia muy conocida, junto con sus compañeros, en días pasados estaban practicando este deporte en la azotea de la casa de uno de ellos, y al parecer este chavo saltó y cayó sobre un acrílico. Este material no soportó el peso del joven, lo que provocó que cayera desde la azotea hasta el piso de una casa abandonada. Al día siguiente de este accidente y a pesar de todo lo que humanamente hicieron los médicos, este chico falleció.

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El amor duele

transfi.jpgEl desamor, la ausencia o la negación del amor, es la causa de los mayores sufrimientos humanos. Porque la alegría más grande que podemos experimentar los seres humanos en esta vida, es amar y ser amados. El desamor duele y abre heridas que, a veces, permanecen abiertas durante toda la vida. La biografía de Cesare Pavese, escritor italiano (1908-1950) es una amarga historia de desamor. Su padre murió de un tumor cerebral. Estando en su lecho de muerte suplicó a su esposa -mujer de carácter dominante y demasiado autoritaria- que le permitiera ver por última vez a una vecina que había sido su amante. Obviamente, la madre de Cesare se negó.

Cesare Pavese vivió una infancia desdichada bajo la influencia de su madre, a la que amaba y odiaba al mismo tiempo. Durante su adolescencia, Cesare experimentó varios pasiones amorosas que terminaron en fracaso. En una ocasión, cuando tenía quince años, esperó durante horas, bajo el frío y la lluvia, a una bailarina de teatro que, ignorando al joven enamorado, huyó de él, saliendo por la puerta de atrás. De este encuentro frustrado consiguió, para colmo de males, una bronquitis crónica. Años más tarde, a mediados de los años treinta se enamoró de «Ella», «La Señorita», «Tina». Pavese nunca se refirió a ella por su nombre completo. Se sabe que ella era estudiante de matemáticas y compañera del comunista Altiero Spinelli. Cesare se enamoró profundamente de esta mujer, hasta el grado de recibir en su casa las cartas que Altiero le mandaba desde la cárcel.

Durante un registro, la policía encontró en casa de Cesare estas cartas y por esta razón fue llevado a la cárcel y después al destierro, en el pueblito calabrés de Brancaleone. En el exilio, Pavese creía que Tina seguía siendo su amada, pero ignoraba que Tina y Altiero se habían convertido en amantes. Escribía cartas al amor de su vida, diciéndole que estaba en el exilio, con gusto, por su causa. Hacia finales de 1935 Cesare dejó de recibir noticias de Tina. El escritor sufrió horrores e impulsado por la necesidad de ver a su amada, solicitó una gracia, que le fue concedida en 1936. Cesare Pavese regresó muy feliz a Turín, en donde sus amigos le informaron que «Ella», Tina, se había casado con otro. Pavese se desplomó en plena calle. A partir de esta experiencia dolorosa, nació en su corazón un sentimiento de desprecio hacia las mujeres. Sin embargo siguió intentando intimar con varias mujeres, sin éxito alguno. A algunas de ellas les propuso matrimonio, pero todas se negaron. Hizo su última tentativa a la americana Constance Dowting quien también lo rechazó. El 27 de agosto de 1950, alquiló una habitación en el hotel Roma de Turín y se suicidó tomando una sobredosis de somníferos mezclados con veneno. Antes, escribió la siguiente nota: «Perdono a todos y a todos pido perdón. No chismorreen demasiado».

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Jesucristo en Haití

haiti003.jpgEstoy seguro que nuestro Señor Jesucristo está hoy muy acongojado por lo sucedido con el noble pueblo haitiano, tras ser devastado por un temblor de gran magnitud que ha sumido en la desolación y prácticamente en la miseria, a unas 3 millones de personas y matado a unas cien mil, al decir de los cables noticiosos.

Tamaña catástrofe no es, como podrían pensar algunos de los que sufren este cataclismo, un castigo de Dios sino consecuencia de las condiciones geográficas de ese pueblo hermano. Haití, explotado económicamente y dominado por una dinastía de gobernantes que han sido vanos en el ejercicio del poder para sacarlo de la miseria, y que es también muy pobre, está asentado en un lugar propicio para recibir huracanes y terremotos como el que ha sufrido, pues se ubica en una zona inmersa en una compleja red de placas tectónicas y fallas geológicas que resultan del movimiento de la placa del Caribe y la gigantesca de Norteamérica, que la convierten en un sitio de máxima vulnerabilidad en materia de actividad sísmica, debido al deslizamiento de una placa denominada Falla de Enriquillo.

Además, el sismo ocurrió a pocos kilómetros de la superficie de la capital del país a unos ocho kilómetros- lo cual, según los científicos multiplicas las posibilidades de movimientos de esa magnitud. Con esta información mínima por delante acerca de las causas básicas por las que ocurrió el desastre, agrego que las informaciones de prensa me llenaron de tristeza. Muchas gentes, según testigos, a la hora del temblor, gritaban el nombre de Jesucristo. En las horas de angustia, un número importante de católicos nos acordamos principalmente de Dios Padre y de jesús, cómo no. Nuestro Salvador dijo que Él aliviaba las cargas por muy pesadas que fueran, y por ello los sufrientes con fe en Él acuden en busca de un bálsamo en las tribulaciones.

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Su fe la salvó

haiti002.jpgEn medio de la tragedia del terremoto de Haití hemos sido testigos, gracias a la tecnología y la globalización, de muchas historias y realidades difíciles de nuestros hermanos en desgracia. Apenas ayer surgió la noticia de que el gobierno Hitiano daba fin a la búsqueda de supervivientes. 132 personas es la cifra oficial de rescatados con vida de entre los escombros, muchos de ellos rompieron con las estadísticas de supervivencia y sus casos fueron considerados casi como milagros. Otros números oficiales presentados fueron: 111,500 los fallecidos y alrededor de 193,000 los heridos.

Recordamos muy bien, por otro lado, como ya lo mencionaba el P. Crispín en El Mensajero de la semana pasada, que ante ésta desgracia hubo quienes en medio de la indignación y la impotencia reaccionaron de manera agria en contra de las muestras de religiosidad, reclamando a Dios e incluso negando su existencia; así como también fuimos testigos de muchos actos de fe y en cierta manera de la presencia de Dios mismo en tantas personas que ayudan para aliviar un poco el dolor de esas personas.

El pasado 19 de enero, los así llamados «Topos» mexicanos, lograron rescatar de entre los escombros a una mujer de 69 años de edad y uno de los principales actores contaba su experiencia ante las cámaras: «…hoy entramos con la bendición de Dios y escuchamos su ruido.

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Haití ¿Por qué?

terremoto.jpgHubiera querido escribir hoy, alguna palabra más amplia que nos ayudara a entender un poco, desde la fe, la inmensa tragedia sufrida por nuestros hermanos de Haití, a causa del devastador terremoto, del que todos estamos enterados gracias a los eficaces medios de comunicación, pero no me fue posible. Sin embargo, finalmente decidí publicar el siguiente párrafo:

Ver por la televisión esas escenas terribles de muerte, destrucción y sufrimiento, desgarra el corazón y brotan desde ahí muchas preguntas angustiosas e incluso airadas: ¿Por qué? ¿Por qué la muerte de tantos niños inocentes? ¿Por qué precisamente a este pueblo que sólo comenzó a existir para sufrir siempre la tiranía y la miseria? Preguntas que dirigimos a Dios en plan de reclamo. He leído en la prensa de estos días insultos a Dios y negación de su existencia a propósito de la tragedia. Lo más duro es que Dios, como en aquel Viernes Santo, guarda silencio. Pero me alegra mucho constatar que, en medio de ese pavoroso silencio de Dios, brilla aquí y allá, sobre los escombros de Haití, la chispa de la fe. Declaró Louis-Gerard Giles, ex senador del país: «Jesús, Jesús», rezaban los sobrevivientes que corrían por las calles, cubiertos de polvo por los escombros de los edificios derrumbados», declaró Louis-Gerard Giles, ex senador del país. Los hospitales continuó el ex senador que se puso a trabajar en el rescate de víctimas- no pueden atender a todas estas víctimas. Haití necesita rezar. Todos debemos rezar juntos». Ejemplar este hombre que en la tragedia reza y al mismo tiempo trabaja para ayudar a sus hermanos.

Muchos levantan el puño contra el destino ciego, contra la mala suerte o contra Dios Providente que ha permitido tal catástrofe. El creyente tiene derecho de expresar sus reclamos a Dios. Toral, hacemos responsable de la tragedia al destino, a la naturaleza o a Dios; pero poco pensamos en la responsabilidad que en estas tragedias tenemos los seres humanos. Porque construimos un mundo injusto y luego levantamos el puño contra Dios para hacerlo responsable de tanta injusticia existe en nuestras sociedades. El caso de Haití denuncia a gritos la responsabilidad humana que hay detrás y en la base de tanta muerte y destrucción. Por eso, tenemos que pedir perdón. Y enmendarnos…

P. Crispín Ojeda Márquez

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Alégrense siempre en el Señor

La palabra «alegría» viene del latín popular «alacer» que significa algo vivo o animado. Por tanto, una persona alegre es aquella que está llena de vida y de energía. Según Don José Ortega y Gasset, filósofo español fallecido en 1955, alegría viene de la palabra «elaphos» que significa ciervo o venado, y entonces alegre es aquel que se siente ligero, rápido y da saltos como un venado. Todos experimentamos la alegría y sin embargo no es fácil explicar qué es este estado de ánimo o sentimiento. No es lo mismo estar feliz y estar alegre. La felicidad es un estado de plenitud. Pleno es lo que está lleno o completo del todo. Por consiguiente, sólo podríamos llamar feliz al ser humano que ha logrado conseguir de manera total sus deseos más profundos. Ahora bien, ningún ser humano se atrevería a declararse plenamente feliz o por lo menos de modo duradero, porque en este mundo ningún mortal puede alcanzar la completa satisfacción de sus anhelos. Hombres y mujeres vivimos en esta tierra como seres insatisfechos, siempre hambrientos de felicidad. La alegría vendría a ser entonces un estado de ánimo, un sentimiento vital de quien camina hacia la felicidad plena.

En este caso, hay que distinguir entre ser alegre y estar alegre. Se dice que una persona está alegre o está contenta porque ha conseguido satisfacer alguna necesidad, carencia o deseo. Por ejemplo, el hambriento está feliz o contento porque finalmente ha llenado su estómago con abundante y sabroso alimento. Por tanto, estar feliz o contento dependerá de las circunstancias, de los acontecimientos, personas o cosas.

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