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Vivir para vivir

El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive. Muchos de nosotros desconocemos o no queremos saber -porque no nos conviene- para qué vivimos, cuál es nuestra misión y con quién estamos comprometidos.
Estamos viviendo o sobreviviendo una situación muy difícil económicamente hablando. Muchas personas, aparte de la crisis económica, están teniendo crisis existencial con depresiones que, en algunos casos, llegan al extremo de ser atendidos clínicamente. Si nosotros los católicos tenemos fe, pero una verdadera Fe en Cristo, esta carga se nos hace menos pesada y podremos sobrellevarla con más tranquilidad. Pongamos todo en manos de Dios Nuestro Señor y Él, como lo prometió, siempre estará con nosotros.

Todos en mayor o menor medida estamos sufriendo esta crisis, pero debemos tener paciencia, porque como dice el dicho: «no hay mal que dure cien años ni ser humano que lo aguante»… Si nos vamos a la historia de México, comprobaremos que ésta no es la peor crisis.

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Vayan por todo el mundo

Cuentan las crónicas que en tiempos de las Cruzadas había en Normandía un antiguo monasterio, dirigido por una abadesa de gran sabiduría, donde más de cien religiosas oraban, trabajaban y servían a Dios, llevando una vida austera, silenciosa y disciplinada. Un día, el obispo del lugar acudió al monasterio para pedir a la madre abadesa que destinara a una de sus religiosas a predicar el evangelio en la comarca. La abadesa reunió a su consejo y, después de larga reflexión y consulta, decidió preparar para tal misión a la hermana Clara, una joven novicia llena de virtud, inteligencia y otras singulares cualidades.

La madre abadesa la envió a estudiar, y la hermana Clara pasó largos años en la biblioteca del monasterio descifrando viejos códices y adueñándose de su secreta ciencia. Fue discípula aventajada de sabios monjes y monjas de otros monasterios que habían dedicado toda su vida al estudio. Cuando acabó sus estudios, la hermana Clara conocía los escritores clásicos, podía leer la Biblia en sus lenguas originales, sabía al revés y al derecho el pensamiento de los Santos Padres de la Iglesia y dominaba toda la teología de la Edad Media. Impartió en su convento unas conferencias sobre las relaciones que existen entre las tres personas divinas de la Santísima Trinidad, y sus hermanas religiosas bendijeron al Señor por la inteligencia y profundidad de sus conocimientos y por su elocuencia.

Fue a arrodillarse entonces ante la abadesa y le dijo: -«¿Puedo ir ya a la misión, reverenda madre?». La anciana abadesa la miró como si leyera en su interior. «Todavía no, hija, todavía no…», le dijo. Y la envió a la huerta, donde trabajó de sol a sol, soportó las heladas del invierno y los calores del ardiente verano. Arrancó piedras y zarzas. Aprendió cuándo se tenía que sembrar la semilla, a esperar su crecimiento, a podar en el tiempo oportuno… En fin, adquirió otra clase de sabiduría. Pero aún no era suficiente. -«Todavía no, hija, todavía no…».

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Se fueron a predicar

silent_houseLos padres de familia católicos actuales se quejan de no ser capaces de transmitir a sus hijos la fe cristiana. Les preocupa el que sus hijos adolescentes y jóvenes con estudios medios o superiores, se muestren indiferentes e incluso contrarios a la religión que les inculcaron de pequeños.

La Iglesia universal actual, extendida por toda la tierra, se queja también de una seria crisis en la transmisión de la fe y en la tarea de evangelización. Toda sociedad laica considera a la Iglesia y al cristianismo como cosas del pasado ya superadas o que hay que superar. ¿A qué se debe esta crisis actual en la transmisión de la fe? Mencionaremos, a continuación, tres respuestas comunes a esta pregunta.

Primera. La situación actual obstaculiza la transmisión de la fe. Y en seguida se habla del influjo de los medios de comunicación social, sobre todo de la televisión y el Internet, de la cultura laica, de la indiferencia ante los valores espirituales y morales, de la influencia de algunas corrientes políticas, etc. Pero, conviene recordar a quienes piensan de este modo que, a lo largo de más de veinte siglos, el cristianismo ha crecido y florecido, precisamente en épocas y en ambientes todavía más difíciles que los nuestros. Leer el resto de la entrada »

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